Derechos económicos de las mujeres
Hablar de presupuestos desde la perspectiva de las mujeres implica un cambio cultural: reclama mirar a la sociedad como conjunto de sujetos diferenciados, todos merecedores de la atención pública y de las políticas estatales. Es un acto transformador cuyo objetivo es la igualdad respecto de más de la mitad de la población: las mujeres.
Hasta hoy se viabiliza el presupuesto por políticas, por ejemplo hacia la familia, lo que diluye la figura de la mujer y le resta legitimidad como ciudadana. Pero la mujer es un sujeto social por sí misma. Por eso es necesario analizar el presupuesto desde la perspectiva de género, para saber que no sólo se aspira a la igualdad sino precisar cuánto falta para llegar a ella. Para ello es necesario saber, por ejemplo, cuánto destina una municipalidad y el gobierno nacional para evitar embarazos adolescentes, qué mecanismos institucionales se ha dado el Estado para atender la problemática específica que implica trabas a la igualdad y con cuántos recursos efectivos cuenta, y qué programas o políticas plantea el gobierno para mejorar, por ejemplo, las condiciones laborales de la mujeres. Pero significa también poder mirar lo que hoy no se está mirando. Si no tenemos estadísticas diferenciadas por sexo que nos den un mapa claro de la sociedad, mal podremos darnos políticas para encarar la corrección de situaciones que se intuyen y se sienten injustas, pero que resulta imposible precisar en qué medida lo son.
Los presupuestos no son neutros: definen políticas y pueden abrir o cerrar caminos. Saber quién define el presupuesto y cómo lo define, y sensibilizarlo respecto de este enfoque significa avanzar en la construcción de herramientas de buena política democrática y de construcción de ciudadanía. Una de las tareas que asume Unifem es facilitar la construcción de estas herramientas metodológicas, tanto en gobiernos locales como nacionales, inscribiéndolas en el campo de los derechos económicos de las mujeres.
Esta tarea es un desafío. La información y la fiscalización es el derecho democrático de quien contribuye; pero para que exista el derecho, hay que ejercerlo. Un testimonio que recogí en Villa El Salvador, en Lima, Perú, en mayo 2002, reclamaba estos derechos con palabras directas: «Nosotras las mujeres queremos saber sobre el impuesto que pagamos todos los moradores de nuestra comunidad, y las mujeres debemos administrar los recursos municipales y también debemos contar con una casa de refugio. La mujer también tiene buenas ideas».
El presupuesto sensible al género es un instrumento estratégico para el avance de las mujeres, en tanto es la llave que pone en marcha los enunciados de políticas públicas de igualdad de oportunidades para hombres y mujeres y las conecta con el mandato democrático de la rendición de cuentas. Tenerlo significa abandonar el campo de la retórica para revelar la ausencia de información básica que permita la toma de decisiones en el sentido del compromiso adquirido de igualdad de géneros. Y significa sensibilizar a los tomadores de decisiones sobre la necesidad de hacer efectivo ese compromiso a través de un instrumento básico para concretar la política del Estado: el presupuesto.
(*) Directora de la Oficina Regional para Brasil y Países del Cono Sur del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem).
Compartí tu opinión con toda la comunidad