Además de la igualdad
La elaboración de presupuestos con un enfoque de género puede contribuir de manera crítica a abordar y reducir la discriminación y las desigualdades, así como a promover el uso más efectivo de los recursos públicos. Es decir, si bien la equidad puede ser una razón suficiente para que los gobiernos traten las disparidades de género, hay otras razones importantes: la mayor igualdad también trae mayor estabilidad y cohesión social y estos beneficios son bienes públicos que mejoran el funcionamiento de la economía. Adicionalmente, hay razones de eficiencia para que los gobiernos consideren intervenir en beneficio de la equidad de género. Cada vez más existen evidencias de que la inequidad de género conlleva grandes pérdidas no sólo para las mujeres, sino también para los hombres y los niños: reduce la productividad y el desarrollo de las capacidades humanas, tiene efectos adversos en la tasa de crecimiento de las economías, además de tener un impacto negativo en el «nivel de bienestar en general».
«Dado que hombres y mujeres encaran distintos incentivos y restricciones en el acceso a los recursos productivos y obtienen diferentes resultados, esas diferencias pueden disminuir la capacidad de una economía de crecer y mejorar los estándares de vida generales. En suma, si bien los objetivos globales de las políticas económicas son en última instancia mejorar la calidad de vida de las personas, ello supone también atender a desigualdades que imponen costos sobre la productividad, la eficiencia y el progreso económico de los países.»
Extractado de la ponencia de la economista Alma Espino, titulada «¿Por qué pensar el presupuesto público desde una perspectiva de género?»
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