Elvira Domínguez, ante todo, panadera
A parenta fragilidad, pero inmediatamente la desmiente con un tono de voz que sin imponerse, trasmite una seguridad poco común. Prepara un café en el 8° piso del Ministerio de Transporte y Obras Públicas y se dispone a hablar de las tareas que la aguardan como directora por el sector empresarial en el Banco de Previsión Social (BPS). Pero yo no quiero comenzar por lo que esta mujer (contadora con un master en Administración de Salud, docente en la facultades de Ciencias Económicas y de Ingeniería de la Universidad de la República y en la Universidad de la Empresa, presidenta del Centro de Panaderos, tesorera de la Confederación Interamericana del Pan y de la Federación de Empresarios Españoles en América, ex presidenta de la Comisión Fiscal de Casa de Galicia) tiene por delante, sino que me intriga lo que la hizo llegar hasta aquí.
Disparo entonces una pregunta casi impertinente, y logro lo que ningún entrevistador desea como comienzo de una nota: lágrimas.
IMPRONTA FAMILIAR
–¿Qué tienen que ver sus padres en todos estos lugares de responsabilidad que usted ocupa y cuya sola enumeración agota? Porque tengo la impresión de que el esfuerzo que ha hecho es una auténtica gallegada…
—Todo… tienen que ver en todo. Fueron el ejemplo de una vida signada por el amor al trabajo y el respeto por el esfuerzo personal, esa cosa tan de gallegos…, y por la capacidad que tuvieron de darnos –a mí y a mis hermanos– responsabilidades y poder de decisión desde muy chicos.
Yo nací nueve meses después de que ellos compraran la panadería que todavía tenemos –puedo pensar que me gestaron con ella– y comencé a trabajar allí a los once años barriendo la cuadra, embolsando, ayudando a atender al público. Por eso es que ante todo soy panadera. Hace pocos días me dieron el premio a la Mujer del Año en el rubro empresarial y yo, al agradecerlo, recordé a papá y a una de las principales enseñanzas que nos dejó: no tener miedo a tomar decisiones. No fueron de esos padres que se paran a tu lado y te hacen sombra; nos alentaron, nos dejaron hacer, no nos reprocharon los errores. Con él aprendí más administración que con Robbins o Peter Drucker; aprendí que para manejar un negocio no hay que estar en todos lados sino en los dos o tres puntos clave en los que una decisión es vital. Mamá era una mujer de trabajo, de mucho trabajo, que nos dijo siempre que una mujer sale adelante sólo si es independiente, que para ser feliz hay que ser independiente. Con esos dos pilares, cualquiera anda bien en la vida.
–Todavía se sigue luchando por esa independencia femenina que promovía su madre. ¿Cómo la construyó usted?
–Cuando tenía 16 años, ellos viajaron a Europa con mis hermanos y yo no quise ir porque tenía que estudiar. Entonces quedé al frente de la panadería… Eran tiempos de Pacheco, una época terrible para los panaderos; había congelación de precios, tenías que producir a pérdida y a eso se sumaba la obligación de que hubiera pan hasta las seis de la tarde, con penas que llegaban a ser de prisión. Yo tenía 16 años y ¡no quería ir presa! Tomé decisiones; seguramente ese no fue nuestro mejor año, pero cuando volvieron no me reprocharon nada y aprobaron lo que había hecho dadas las circunstancias. Así fui aprendiendo.
Luego estudié Ciencias Económicas sin tener al principio total conciencia de que eso era exactamente lo que me gustaba. Había pensado seguir Notariado, pero por no separarme de mis compañeras de generación hice esa opción y pronto descubrí que eso de pasarse la vida dando fe pública no era para mí. Verdaderamente me atrae la administración, me gustan los negocios y me gusta la empresa.
Mientras hacía mi primer año, a los 18, concursé en el Correo y comencé a trabajar allí, por lo que también me siento con todo orgullo una trabajadora postal y sé cuánto le debo a esa experiencia. Conjugando los horarios de facultad con los del Correo y con el turno del mediodía más los fines de semana y las vacaciones del personal en la panadería… así me recibí, corriendo de un lugar a otro. Me casé, me divorcié, volví a casarme. Pudo tocarme en suerte uno de esos hombres que te anulan, pero no, tengo un compañero que me alienta, me apoya y está conmigo siempre. Aunque como él también trabajaba en el Correo preferí irme, porque no me gusta mezclar las cosas: uno le hace sombra al otro y eso no es bueno. Por otro lado, el nepotismo en los lugares de trabajo es algo que hay que evitar a toda costa. Estoy en la Intendencia desde hace casi 20 años, en Planificación Presupuestal, luego Contaduría y en los últimos años en comisión en la Junta Departamental y en el Ministerio de Transportes y Obras Públicas.
EN DEFENSA DE LA PEQUEÃA EMPRESA
–Sin embargo, su actividad más notoria posiblemente sea la gremial. Una actividad que tiene como punto de partida la empresa, que se apoya seguramente en sus conocimientos y quizás hasta en su experiencia docente, pero que trasciende todas esas materias.
–Sí las trasciende; lo gremial debería ser una continuación natural de la actividad empresarial. En 1995, tras participar en una reunión de panaderos en la que hice algunas observaciones que habrán resultado interesantes, se me invita a integrar la lista que postula como presidente a Ramón Fernández, para integrar la directiva. Tengo desde siempre una inclinación a preguntarme: ¿por qué no? Y este era un desafío para incidir en temas que por supuesto me importan, hacen a mi empresa y a las de mis colegas, y dije que sí. Tras las elecciones del ’99, finalizando el siglo, tuve la satisfacción de ser la primera mujer –en los 112 años de vida que hasta entonces tenía el Círculo de Panaderos del Uruguay– que accedía a la presidencia.
Los años previos y los siguientes estuvieron signados por el golpe que significó para la pequeña empresa en particular las del rubro alimentación la aparición en el mercado de las «grandes superficies». Nos costó mucho percibir los alcances del fenómeno y darnos cuenta hasta qué punto esa irrupción marcaba el quiebre de una ética comercial y productiva. Mientras los supermercados fueron empresas nacionales, todos participábamos de una actividad que consistía o bien en comprar materia prima y producir, o bien en comprar y vender. Pero la llegada de trasnacionales como el grupo Exxel, cuya lógica no es comercial sino financiera, que hacen abuso de su posición dominante y utilizan estrategias de venta que perjudican hasta a sus propios proveedores, nos enfrentó a una situación inédita y de alguna forma, dado el lugar que ocupaba, hice de la defensa de la pequeña empresa mi bandera. Posiblemente eso y también la lucha que en aquel momento entablamos contra el informalismo, haya sido lo que hoy me colocó en el Directorio del BPS.
–¿Está satisfecha con los resultados de esa lucha a favor de las pequeñas empresas?
–Todavía estamos procesando los cambios en los hábitos de consumo generados por las grandes superficies y la falta de rentabilidad de las pequeñas empresas empujadas al cierre. Junto al resto de los gremios que integran la Cámara de la Alimentación, impulsamos un proyecto de ley que frenara la expansión de ese fenómeno distorsionante. Vimos durante mucho tiempo que nuestros representantes en el Parlamento no entendían lo acuciante del tema, y sumamos a otras gremiales que también estaban siendo afectadas. Conformamos lo que fue la Intergremial del Comercio Tradicional, Pequeñas y Medianas Empresas, que presidí y finalmente, todos juntos, logramos en 19
99 la aprobación de la Ley 17.188… ¡por un voto!
Era un buen proyecto, que condicionaba la aprobación de la instalación de una «gran superficie» al impacto que tuviera en la zona, que tomaba en cuenta la opinión de todos los actores, incluyendo a las asociaciones de consumidores. Pero, como sucede siempre, una cosa fue el proyecto y otra diferente lo que finalmente se aprobó. Entre la ley y la crisis del 2002 se frenó el embate supermercadista. La ley ha sufrido modificaciones que la han desvirtuado; ha sido reglamentada recientemente, pero debiera volver por la vía legal a la esencia del espíritu del legislador. Seguiremos insistiendo en ella, porque nos resistimos a que se pierdan pequeñas empresas y empleos o puestos de trabajo.
PRIORIDADES DE LA DIRECTORA
–Hace un momento, usted decía que cree que fue la bandera de la defensa de las pequeñas y medianas empresas lo que la llevó al Directorio del BPS. Y de ahora en más, ¿qué?
–Primero, tomar conciencia de que estamos en el Directorio del BPS en representación de todo el empresariado; de que es la primera vez que habrá una representante empresarial elegida por sus pares y de que todos juntos tenemos que trabajar en esto. Debemos aprender, por ejemplo, de la representación de los trabajadores: actúan en equipo y han formado profesionales en la materia que conocen en profundidad lo que están haciendo.
En segundo lugar –y teniendo en cuenta que hasta ahora el sector empresarial ha ocupado espacios de poder pero con la lógica de las grandes empresas, que no es necesariamente la misma que las del 97 % de las empresas del país–, llevar a este espacio de poder la óptica y las necesidades de empresarios que requieren, ellos mismos, seguridad social. El empresario unipersonal, cuando no tiene personal, trabaja muchas veces en una situación de indefensión que no está contemplada en la legislación y a eso habrá que dedicarle un gran esfuerzo. En este aspecto, me obsesiona la conformación de un equipo que nos haga capaces de presentar propuestas sólidas en el sentido profesional y argumental.
En tercer lugar (y sin que mi insistencia en incluir la óptica de las pequeñas y medianas empresas implique desconocer que estaremos representando también a las grandes), lograr que la aplicación de la legislación general contemple las dificultades funcionales y administrativas de personas que deben gerenciar sus empresas, además de cumplir extensas jornadas laborales y no cuentan con un séquito de expertos para asesorarlos. Todo está organizado y reglamentado en función del paradigma industrial de fines del siglo XIX y principios del XX; no se tienen en cuenta nuevas modalidades de trabajo que surgieron en las últimas décadas y que, al no ser «visibles» para la ley, nacen ya con el estigma de la informalidad.
Un capítulo aparte merece el trabajo de las mujeres. En él está lo relativo a la igualdad de ingresos, al trabajo doméstico y al reconocimiento de las tareas del hogar como trabajo efectivamente realizado y de una importancia social relevante. Son temas en los que tiene la primera palabra la representación de los trabajadores, que los ha estudiado y existen propuestas al respecto que analizaremos, siempre considerando lo que fue nuestra propuesta electoral: garantizar una administración cuidadosa de los recursos y no incrementar la presión fiscal sobre las empresas. Pero son cosas que requieren cambios culturales y la cultura, como la naturaleza, se resiste al cambio y transcurre por carriles muy lentos. Lo sé como mujer: no me ha sido nada fácil llegar hasta aquí.
Compartí tu opinión con toda la comunidad