AMOR CON HUMOR

Cenizas del ayer

Querida Reina de Corazones:

Le escribo porque realmente estoy muy angustiado y padeciendo del síndrome de abstinencia dada mi condición de fumador pasivo. Mi relación con el cigarrillo en forma directa y activa ha sido nula, ya que la primera vez que fumé me dio un asco tan espantoso que tiré desde el balcón el cigarro encendido con tan mala suerte que cayó en la calva de mi padrastro que justo entraba al edificio. Él siempre interpretó eso como un rechazo a su persona cosa que bien pudo haber sido cierta, pero doy fe de que en ese caso fue un simple accidente producido por el asco al cigarrillo y no a él. A partir de ese episodio fui absolutamente discriminado por mis amigos fumadores; sortear como pude esa limitación produjo en mí una personalidad firme, resuelta, animosa y jovial que lamentablemente se vino abajo con la actual prohibición de no fumar en el trabajo que como le dije me produjo un síndrome de fumador pasivo en abstinencia, situación que no ha sido aun debidamente considerada por los organismos extranjeros ocupados de la salud ciudadana. Debo aclarar de todas maneras que mi síndrome se extiende a otras situaciones en torno al acto de fumar ajeno. Lo que más me angustia es que a partir de la disposición mi compañera de trabajo ha dejado de necesitarme, no me tiene en cuenta, se abstiene hasta de mirarme con lo cual mi abstinencia es también comunicacional, sentimental y erótica. Añoro aquellas tardes en que se quedaba sin cigarros y yo salía raudamente a buscarle una cajilla de ligth. Añoro su mirada ausente cuando fumaba, el movimiento de sus labios, la leve inclinación de cabeza, el cuidado de no dejar caer las cenizas cuando el cenicero estaba en el escritorio de al lado. Este mes de marzo ha sido uno de los más tristes de mi vida. Ella suple la ausencia de cigarrillos por largas charlas telefónicas con su novio, y eso sin duda derriba todas mis esperanzas. Necesito que me ayude. Mi vida es un infierno.

Carlos José B.

 

Mi estimado amigo:

Pienso que en estos momentos más que nunca debe tratar de poner en funcionamiento esa personalidad que define como animosa y jovial. Si realmente usted está interesado en ella pero ella está interesada en su novio, se lo va a tener que fumar. Pero también puede suceder que el hecho de que no haya vuelto a dirigirle la mirada pueda significar que ella misma ha entrado en una especie de debacle, y lo único que hace es protegerlo a usted de un posible ataque público de desesperación y ansiedad libre de humo. Creo que hay que acostumbrarse de a poco. Intente volver a atraer su mirada con acciones bienhechoras del tipo convidarla con pastillas de menta, alfajores triples de chocolate o papas fritas ligth. Las abstinencias pasan y los afectos quedan, mi querido amigo, aunque es cierto que a veces se evaporan o se hacen humo. Confíe en que va a pasar lo mejor para los dos. Inténtelo. Mucha suerte.

 

La Reina.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje