El otoño tiene quien le barra

La socióloga María Bonino, investigadora de Ciedur, y la asistente social Elena Goirena, coordinadora general del programa, son las autoras del libro «Programa Barrido Otoñal. Aportes para políticas de género e inclusión social». La cuidada edición toma sus colores de los uniformes de las barrenderas, y las hojas emblemáticas de la estación recorren todas las páginas.

 

JEFAS DE HOGAR POBRES

La población objetivo del Programa Barrido Otoñal, que se inscribe en el cruce de la emergencia social, la descentralización y las políticas de género, son mujeres mayores de 18 años en situación de pobreza, jefas de hogar con niños de corta edad a cargo, desempleadas y con no más de 9 años de escolaridad. En cada edición anual ofrece empleo transitorio a algunas de ellas (147 titulares y 15 suplentes), seleccionadas por concurso, pero también herramientas para mejorar su autoestima y condiciones de vida. El empleo es formal por cinco meses (mayo a octubre), con jornada laboral de 6 horas de lunes a viernes que se desarrolla en grupos distribuidos en siete zonas comerciales de la ciudad capital, e incluye beneficos sociales: aportes a la seguridad social, con derecho a cobertura de salud, aguinaldo, salario vacacional y seguro contra accidentes. El pago mensual equivale a tres Bases de Prestaciones y Contribuciones (aproximadamente U$S-130.-).

El programa nació en 2002 como experiencia piloto de la Comisión (hoy Secretaría) de la Mujer de la IMM. Cuando la pobreza afectaba al 24.4% de la población (en 2003 treparía al 32%), el 46% de los niños hasta 6 años y el 42% de los menores de 12 eran pobres. El desempleo de las mujeres (21.2%) excedía con mucho el de los hombres (13.5%), pero el de las mujeres pobres casi lo triplicaba: 38.4%.

 

PROPUESTA SOCIOEDUCATIVA

No se agota en el empleo: lo integra una propuesta socioeducativa que es gestionada por organizaciones no gubernamentales con experiencia en proyectos sociolaborales con mujeres. La Casa de la Mujer de la Unión, la Iglesia Anglicana del Uruguay, el Movimiento Tacurú y El Abrojo están entre ellas. La oferta es variada: desde alternativas para completar la educación primaria, hasta trabajo corporal, pasando por capacitación técnica inicial en oficios como sanitaria, electricidad, albañilería, jardinería, respostería, ect.. Tambien incluye salidas recreativas (teatro, cines, parques), y espacios de intercambio sobre derechos sexuales y reproductivos y violencia doméstica. Otros beneficios de las barrenderas son almuerzo o merienda diario; acceso a controles ginecológicos, anticoncepción, salud bucal a través de las policlínicas municipales; obtención o renovación de documentos con intervención de las ComunaMujer.

Aunque la carga horaria de estas actividades no está incluida en la jornada laboral, y supone un mayor esfuerzo para mujeres ya sobrecargadas de responsabilidades domésticas, la valoración de las protagonistas excede con mucho la de los cambios más asociados a las condiciones materiales.

 

AUTOEVALUACIONES

El libro de Bonino y Goirena recoge testimonios de las protagonistas:

«Yo era una persona antes del barrido y otra totalmente distinta después. Me di cuenta que como mujer me había desvalorizado mucho, mucho. Crecí como persona, como mujer, me dio mucha fuerza».

«Yo rescato mucho los talleres que te hacían acordar que te llamabas Carina y no la mamá de… o la ex mujer de… Para mí fue lo mejor que tuvo el Barrido, más allá del dinero y del trabajo. Salís con otro ánimo, después está en uno si lo mantenemos o no».

«Sin trabajo uno se queda encerrada en la casa, no sale a buscar redes, a buscar otras salidas. Yo era una persona que no me comunicaba mucho con la gente. Me sirvió para relacionarme con otras personas, y también para levantar la autoestima, es que en la casa eras como un mueble más».

La oportunidad de un espacio entre pares no pasó desapercibida:

Y cambiamos todas, porque cuando empezamos éramos como apagadas, pero a lo mejor fue con las reuniones que empezamos a conversar de nuestros problemas y empezamos a ayudarnos. Nos ayudábamos no con plata, con palabras».

También se registraron los cambios en la apariencia física:

-«Como que te arreglás más, te teñís el pelo, por ejemplo. Al estar en contacto con gente, al estar en la calle y que te estén viendo hace que te cuides más».

Año a año ha ido ascendiendo la edad de las barrenderas y decendiendo su nivel de escolaridad, reflejo de la estrategia de priorizar a las más vulnerables por tener una prole más numerosa y menores oportunidades en el mercado de trabajo.

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