Impunidad en la calle Manton
Policías que duermen la siesta. Políticos que no se ocupan de «estos temas». Ex-ediles que pretenden ser ediles para «ayudar a la víctima». Resultado: la sociedad consternada. Si bien los medios de comunicación se sensibilizan más día a día con la violencia de género en sus diversas manifestaciones, cuando nos referimos a una violación el miedo sigue paralizando.
En Colonia del Sacramento la impunidad impone sus reglas. El caso Andrés Trigo sigue sin resolver. Ahora, el secuestro y violación de una muchacha de capacidades diferentes, en la paradigmática calle Manton, donde agreden a la chica y encuentran a Trigo muerto.
La joven concurría una vez por mes desde octubre pasado- al boliche bailable Trescuarto, ubicado en la zona céntrica de la ciudad. En este boliche no existe seguridad alguna. Según varios vecinos, sus propios/as hijos/as así lo plantean, aunque poca gente parece cuestionar la situación.
En la madrugada del 5 de marzo -según las investigaciones del periodista Luis Carro, corresponsal de La República en Colonia- «se le acercó un muchacho y la invitó con un trago; ella aceptó, porque la invitación había sido cordial, sin nada dudoso. Unos minutos después, se empezó a sentir mal, con un gran ardor en el pecho y en la garganta». La crónica agrega que, con el pretexto de auxiliarla, se le acercaron dos individuos más y los tres la trasladaron a una camioneta 4 x 4 de color verde oscuro.
La muchacha fue llevada a un complejo de vivienda, sito en la calle Manton, en el Real de San Carlos. Luego de violarla, los tres agresores la dejaron en la esquina de Atanasio Sierra, amenazando a su familia (madre y hermana).
Hasta aquí los hechos. Nadie puede negar la existencia de la víctima ni la agresión cometida. Los médicos atestiguan la gravedad del caso. Se hizo la denuncia policial pertinente.
La sociedad coloniense se encuentra sensibilizada por esta nueva agresión, todavía impune. La víctima es una persona cuya fragilidad la expone en su inocencia. Pertenece a una familia de trabajadoras/es, vive en un barrio obrero, en una situación socioeconómica vulnerable. De capacidades diferentes, asistió a la Escuela de Recuperación N° 131 de la ciudad de Colonia.
La sociedad grita tres nombres: hijos de político y empresarios muy conocidos en nuestra ciudad y en el país.
En entrevista otorgada al periódico local «El eco», la madre de la víctima afirma: «En estos momentos siento que todo está muy quieto. Pero no bajaré los brazos, quiero que lo sepan todos. (…) La única defensa que tengo es el corazón y las uñas grandes para defender a mi hija y le pido a toda la gente que me apoye, que no me deje sola (…) Tengo miedo por mis hijas, pero estoy fortalecida. Si todos dejamos de tener miedo, algún día lograremos en nuestras manos el derecho a la justicia.»
La sociedad patriarcal controla los cuerpos de las mujeres que, invisibilizadas, intentan defender la integridad de sus propias vidas. Probar maltrato físico, psíquico, en situaciones de violencia doméstica, violación, acoso sexual, genera pocos consensos y difíciles instancias de castigo a los responsables.
Sin ingresar en los aspectos teóricos del tema, esta breve crónica pretende sumarse a la indignación generalizada que vive la ciudad de Colonia.
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