Puentes entre la academia y la producción

Actualmente, las economías que más crecen y se desarrollan en el mundo son las que basan su dinámica productiva y comercial en la introducción de nuevos conocimientos. En términos generales, esto es lo que se denomina economía basada en conocimientos, un concepto muy nuevo y aún bastante impreciso, aunque ya existe mucha bibliografía que habla de la sociedad de la información, de la sociedad del conocimiento, del capitalismo cognitivo o de lo mismo bajo otras denominaciones.

 

INNOVACION, UN PROCESO COLECTIVO

Un desarrollo económico basado en conocimientos, es aquel cuyo pilar fundamental es la innovación tecnológica que se realiza dentro de la empresa. Hay que tener en cuenta que el desarrollo económico es un proceso dinámico de «destrucción creativa», en el cual algunos sectores se expanden mientras otros se contraen, y algunas empresas avanzan mientras otras se estancan o desaparecen transformando así las estructuras. No todos los sectores tienen la misma capacidad de «propagar la innovación tecnológica» a toda la economía. De la existencia de complementariedades entre empresas y sectores dependerán los impactos de la innovación sobre el crecimiento.

La innovación tecnológica es un proceso a través del cual una empresa incorpora nuevos conocimientos a sus productos, a sus procesos, a la organización de su producción, al trabajo y/o a la forma de comercializar los productos. Pero no se realiza sólo dentro de la empresa: también involucra a otros agentes. Participan otras empresas, entidades de investigación en ciencia y tecnología, entidades de apoyo a la innovación, de financiamiento, de educación, etc. Es por esto que se entiende que el proceso de innovación es colectivo.

En Uruguay hay una ausencia casi total de articulación entre las entidades de investigación y las empresas. Para muestra sirve el caso de una investigación de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República: el conocimiento así obtenido podría ser utilizado por los empresarios cárnicos para prevenir el mal de la vaca loca, certificar al ganado y poder vender esa carne a cualquier país desarrollado. Pero el estudio duerme en un cajón.

Uno de los resultados del informe sobre desarrollo humano en Uruguay 2005 del PNUD  que coordinaran las economistas Andrea Vigorito y Lucía Pittaluga a través del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República  es la detección de recursos con capacidad de ser disparadores de un nuevo dinamismo desaprovechado en la economía, que convoca a la acción del Estado con su poder de articulador de los diversos agentes en juego, una función central en una estrategia de desarrollo basada en conocimientos.

 

ECONOMIA BASADA EN EL CONOCIMIENTO

La encuesta que incluye el informe del PNUD buscó agentes de actividades económicas con grandes oportunidades de innovación, es decir con posibilidades para crear nuevos productos, procesos o formas de comercializar. Y también a agentes que usan esas innovaciones, o sea los demandantes o usuarios. Estos últimos, por lo general, tienen menos chances de innovación porque están inmersos en actividades más tradicionales.

Se eligió a proveedores de software, de biotecnología y de la industria farmacéutica, que son actividades cuyas innovaciones están basadas en la generación de nuevos conocimientos científicos y tecnológicos muy sofisticados. También se estudiaron actividades de provisión de bienes y servicios ambientales como la de los recicladores de basura, el desarrollo de energía renovable o la deposición de residuos contaminantes, así como los de provisión de servicios de calidad que no utilizan tecnologías tan complejas pero que también tienen muchas oportunidades de innovación. Se encuestó también a entidades de investigación en esas áreas, que se encuentran en su mayoría en la Universidad de la República, en el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable y en el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIA).

Los usuarios nacionales de esos bienes y servicios están repartidos en toda la economía. El software nacional, por ejemplo, es utilizado como solución por cada vez más empresas del sector financiero, de la industria, y en menor medida por el agro y el sector público. La demanda de biotecnología está mucho menos generalizada que la de software, pero tiene un potencial enorme en la agroindustria. Se indagó a frigoríficos, empresas citrícolas, forestales o lácteas que ya están utilizando esos desarrollos. En cuanto a los bienes y servicios ambientales las intendencias municipales son grandes demandantes de saneamiento, los hospitales de deposición de residuos contaminantes y las empresas industriales y de servicios, de gestión de desechos o de consultorías de impacto ambiental.

Los proveedores y usuarios de actividades intensivas en conocimientos y los laboratorios también investigan en esas áreas. A los primeros se les preguntó sobre sus actividades de innovación y a los segundos sobre sus actividades de investigación. Los resultados son muy interesantes. Por un lado se comprobó que existe en Uruguay una masa crítica de empresas y entidades de investigación en esas actividades; por otro, que esos agentes no conforman sistemas articulados en los que se complementan unos a otros, generando así ventajas competitivas en los bienes y servicios que producen.

 

Colaboración de Cotidiano Mujer

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