Momo con churros
Querida Reina de Corazones:
El carnaval me gusta tanto que si no tengo con quien ir al tablado igual voy sola. Tengo la suerte de haberme enamorado dos veces en carnaval y esta es la tercera. La primera vez fue de uno de los murguistas que hacían un cuplé maravilloso de un uruguayo que se iba del país, por supuesto sin querer irse. Me conmovió tanto que cuando lo conocí y descubrí con gran alivio que no pensaba irse, me sentí más feliz que un rollito de serpentina anaranjada lanzada por la reina de las Llamadas. La segunda vez me enamoré de un tamborilero que tocaba el repique en un conjunto lubolo; me emocionaba cuando veía que antes de las actuaciones el maquillaje transformaba su cara pecosa en un posible descendiente de senegalés de alpargatas blancas. Esos amores terminaron, pero aún persiste en mí la magia de aquellas noches de tablados y churros. Este año, el dios Momo y la diosa Fortuna parecen haber estado de mi parte. Una noche estaba haciendo un bingo y como dudé en el último número el señor que estaba al lado me sugirió el 15, cosa que yo acepté porque es un número que me encanta. Cuando vi que acertaba y me ganaba 500 pesos, casi sin pensarlo nos abrazamos con una emoción que nunca en mi vida había sentido. De tan emocionada que estaba lo invité con una docena de churros rellenos de dulce de leche. Eso bastó para que algo muy profundo naciera entre nosotros y siguiera creciendo cada noche en el tablado. Todo fue maravilloso hasta que me anunció que tenía que confesarme algo que estaba seguro que me iba a herir mucho. Y realmente sentí una gran decepción cuando me dijo que en realidad odia el carnaval, y que si va todas las noches al tablado es porque vive enfrente y antes que estar desvelado en la casa prefiere ir para disfrutar como loco cuando un murguista se equivoca en una letra, el director tropieza o un parodista hace un chiste y nadie se ríe. Haberme enterado de eso fue terrible. Creo que el dios Momo y la diosa Fortuna se han burlado de mí sin yo haber hecho nunca nada en mi vida para merecer esto. Por favor ayúdeme.
Patricia M.
Querida amiga:
Comparto con usted la pasión por el carnaval, no así por los churros rellenos ni por los bingos. No creo para nada que el dios Momo y la diosa Fortuna estén burlándose de usted. En este país no es tan fácil sacarse un bingo y enamorarse al mismo tiempo. Cosas así tampoco creo que pasen en los carnavales de Niza, ni de Venecia ni de Gualeguaychú. Ni siquiera creo que pasen en Río de Janeiro o en el famosísimo carnaval de Tenerife. O sea que usted es una entre millones y millones de mujeres que jamás en su vida tendrán la suerte de sacarse un bingo tan erótico y carnestolendo. Si a él le gusta o si odia el carnaval es absolutamente intrascendente, querida amiga. Déjese llevar por la magia de los húsares de Momo. Piense que febrero se termina, que el carnaval se termina y que cuando todo eso ocurra usted tendrá con quien seguir comiendo churros rellenos. ¿No le parece una suerte increíble? Piénselo, por favor.
La Reina
Compartí tu opinión con toda la comunidad