La diosa Momo
Lamento por los defensores a ultranza del machismo carnavalero, pero Momo es mujer. Y esta afirmación no es para nada un alardismo de género ni una reivindicación desmesurada con tronar de tambores de madera feminista. Momo es mujer desde que los griegos son griegos y las griegas también. Y además de griega, diosa. No una ninfa, ni una nereida ni musa, ni cualquier otra categoría femenina en la escala divina del Olimpo. Diosa, diosa, diosa.
El transexualismo de Momo se debió a miles de cosas, pero nunca fue una decisión personal. Nunca, de haber sido consultada desde el futuro, Momo hubiera aceptado convertirse en un dios gordo, barbudo y en muchas partes del mundo con cuernos. El cambio de sexo de Momo se produjo a lo largo de los siglos y sin duda el bisturí de la historia machista consiguió los resultados esperados: Momo es el dios del carnaval. Atrás, muchos siglos atrás, Momo era la diosa de la burla y el sarcasmo, hija de la Noche y del Erebo. Y fíjense que fue expulsada del Olimpo por despreciar y calumniar a los dioses. Habría que investigar mucho y bien para comprobar qué se entendía en el Olimpo, con Zeus a la cabeza, por eso de «calumniar a los dioses». Pero más allá de consideraciones jurídicas que ni siquiera hoy podrían dirimirse en el Tribunal de la Haya y mucho menos en el del Mercosur , Momo fue expulsada como una Eva cualquiera. Y como si el haber sido expulsada no hubiera sido más que suficiente, el carnaval del mundo le provoca una transexualidad no autorizada que es muchísimo más dolorosa que una biografía no autorizada.
REIVINDICADA EN CADIZ
Así están las cosas. El cambio de sexo de Momo no escandaliza a nadie. Pero he aquí que , ¡oh, maravilla reivindicatoria!, en el Carnaval de Cádiz (de donde ya se sabe procede la murga uruguaya), para el desfile de las carnestolendas se elige entre las bellezas gaditanas a la diosa Momo y sus ninfas acompañantes.
Las carnavaleras uruguayas con perspectiva de género, que las hay y muchas, podrían en el próximo «tibio febrero de siestas musiqueros», al decir del Sabalero, organizar un charter a Cádiz que es una especie de «madre patria» carnavalera para rendir tributos, ofrendas y reverencias a la Diosa Momo. Una manera de reivindicar también a tantas mamas viejas y tantas vedettes que año tras año reactualizan los tradicionales roles emplumados o con delantalito blanco y casero, pudiendo merecidamente cualquiera de ellas acceder al trono de la Diosa Momo usurpado desde hace siglos por un rey o dios bastante asexuado.
CAMBIA, ALGO CAMBIA
El carnaval uruguayo, el más largo del mundo, ha venido desde hace algunos años incorporando mujeres seguramente nada les fue regalado a las murgas, al jurado del Teatro de Verano, a las comparsas. Hubiera sido impensable años atrás imaginar una tamborilera en un desfile de Llamadas o una murga con mujeres solistas. Esos lugares «visibles» y no tradicionales de la mujer en el carnaval vienen de alguna manera a compensar el fiel de la balanza de género y desemplumar un poco las architradicionales imágenes de la mama vieja y las vedettes como única referencia a la participación pública de la mujer en carnaval.
Del otro lado del mostrador, digamos que del lado del séquito masculino del dios Momo, también han cambiado algunas cosas y, al menos este año, por ejemplo en las Llamadas, miles de mujeres sentadas o paradas a lo largo de Isla de Flores pudimos admirar masculinos torsos enarenados y brillantes pertenecientes a cuerpos danzantes y semidesnudos dignos de estar en el estrado mayor de la Diosa Momo.
Las mujeres carnavaleras y no tanto, encabezadas sin duda por Colombina, tendremos que seguir templando lonjas para que la Diosa Momo, que despliega cada febrero su breve reinado en Cádiz, no sólo reciba nuestras adhesiones y reconocimientos sino, por qué no, el próximo febrero sea invitada con todos los honores a ocupar su trono en las canteras del Parque Rodó.
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