Apertura pectoral
Querida Reina de corazones:
Desde hace seis meses me vengo proponiendo mejorar mi calidad de vida, razón por la cual comencé a ir a un gimnasio mixto. Mi objetivo básico lo fui cumpliendo. Pude fortalecer los abductores y aprendí a evitar los errores comunes como estirar demasiado en la apertura de las piernas. Practiqué jalón para dorsales y poco a poco fortalecí mi espalda desarrollando la forma de V. En la cinta de correr mejoré mucho la resistencia física y quemé grasas. En la elíptica fortalecí los glúteos y en la press de banca aumenté el volumen del pecho en la parte media y baja. Gracias a todo eso pude rebajar siete kilos y en Año Nuevo estrené una musculosa blanca dos talles menos. Dos semanas atrás coincidí en el gimnasio con mi primer novio. Hace catorce años que no nos veíamos. Me costó mucho reconocerlo porque en aquella época tenía cierta tendencia a la obesidad, en tanto que ahora es un adherente al vigorismo y realmente me deslumbró con sus bíceps lustrosos y sus maravillosos abductores. Me sentí muy atraída por él y pienso que a él le pasó lo mismo conmigo, razón por la cual cuando me invitó a su casa me sentí muy feliz. La tarde del encuentro me puse una malla especial y una sudadera con rayas anaranjadas. Cuando llegué él se mostró muy expresivo en relación a mis glúteos. Su departamento actual es luminoso y amplio, y lo primero que me llamó la atención es que en su dormitorio tiene una bicicleta fija y una cinta de correr. Esa noche pedaleamos como si hubiéramos ido desde la escollera Sarandí al Pan de Azúcar. Cuando decidió continuar con la cinta de correr realmente me sentí una mujer insignificante que no iba a ninguna parte. Lo peor es que todo el tiempo que duró la bicicleta fija él se estuvo acordando de nuestra relación como de algo maravilloso asociado a la época en que se moría por las pizzas rellenas y el matambre a la leche que le hacía mi madre. Realmente volví a mi casa agotada y sin entender nada. Mis abductores estaban absolutamente deprimidos. Por favor, ayúdeme.
Sonia B.
Estimada amiga:
No hay mucho que entender. Los hombres amantes del vigorismo son amantes del vigorismo. En la antigüedad un gran sector masculino amaba los autos de alta velocidad, las motos, las pelotas de fútbol, los cinturones de cuero… Ahora, un extendido grupo del mismo sector ama las bicicletas fijas, las cintas de correr… Es una cuestión de época, y no me parece nada mal que saquen a relucir sus bíceps. Pero si lo que usted quiere es recuperar ese amor, como me da la impresión, la próxima vez tendría que pasar por encima de la bicicleta fija y de la cinta de correr y pedirle, por ejemplo, que abra la ventana del dormitorio para mirar la noche. O directamente invitarlo a comer pizza de bajas calorías, o matambre magro a la leche descremada. Si él hace como que no la escucha, o directamente no la escucha y ni siquiera abre la ventana, váyase. Defienda sus propios abductores, su espalda en V, su apertura pectoral y confíe en que ya van a llegar a su vida los bíceps que la hagan feliz.
La Reina.
Compartí tu opinión con toda la comunidad