Escenas de la vida conyugal

Fuiste a pagar el alquiler?

(Ella está embarazada) Sí fui, pero no pude pagar porque no me alcanzó la plata que me diste.

¿Cómo que no te alcanzó? ¿En qué te la gastaste?

–No la gasté en nada. Lo que pasa es que teníamos que pagar dos recibos de impuestos, vos me dejaste para uno solo y no me aceptaron.

Pero vos sos tarada, ¿por qué no pusiste lo que faltaba?

–Porque no me alcanzaba, con lo que me habías dejado, andaba con la plata justa.

Sí, te tengo que dejar la plata justa porque te la gastás en cualquier cosa, porque no tenés cabeza.

–Oíme, en la oficina estoy a cargo de una cantidad de cosas, así que algo de cabeza debo tener.

Lo que es en casa no se te nota; no te organizás ni para hacerle la cena a mi madre.

–Sí, yo te iba a decir eso, que no puedo comprometerme a llevarle la cena a tu madre todos los días. Llego muerta y tengo que hacer todo, y no me da. ¿No le podrías decir a tu hermano que se ocupe él aunque sea día por medio?

¿Cómo le voy a decir a mi hermano, que es soltero? Aparte que trabaja y estudia. Qué va a poder él…

–Yo también trabajo y estudio, y además tengo un hijo y tengo que hacer todo sola. Y ahora encima lo de tu madre… No doy más, pensá un poco.

No me vengas con eso, que el chiquilín te lo cuida tu madre y no te da ningún trabajo.

–Pobre tesoro, que pasa más tiempo con la abuela que conmigo; un día no me va a conocer.

Lo hubieras pensado antes de tenerlo, o decile al atorrante del padre que se lo lleve, que vos no podés criarlo.

–Sabés muy bien que el padre se borró, y bastante que sufre el chiquilín por eso.

Mirá, ya hablamos de esto: yo con tu hijo no quiero saber nada. Al principio no me molestaba, pero ahora no lo aguanto. Una cosa son los hijos de uno, y otra cosa es un mocoso malcriado como ese. Si lo educaras bien, todavía, pero así de maricón como es no quiero ni verlo; va a ser un mal ejemplo para mis hijos.

–¿Cómo vas a decir que es maricón?, es un chiquilín de seis años…

Es un maricón que se la pasa llorando.

–Sos injusto. Pobrecito, me extraña, son muchos cambios para él.

Mirá, callate. Yo de maricones entiendo, y ese chiquilín ya lleva la mala semilla del padre; drogadicto y puto va a salir.

–No digas eso. El padre es un irresponsable, pero homosexual no es, y porque fumara un poco de marihuana en el liceo no vas a decir que sea drogadicto. Además se fue del país hace años; no podés opinar así de alguien que ni conocés.

Te conozco a vos que te acostaste con él, y me alcanza para hacerme la idea.

(El marido la pellizca con disimulo y ella se queja).

–¡Ay!, éramos dos chiquilines, y los dos cambiamos mucho después…

Vos no cambiaste tanto, seguís siendo la misma irresponsable que no sabe ni llevar una casa como la gente. Sos un desastre.

–Si me ayudaras un poco en vez de desordenar, y si por lo menos te ocuparas vos de tu madre me la harías más fácil.

No me vengas de nuevo con eso. La casa es asunto tuyo; no vas a pretender que cuando llego reventado del trabajo me ponga a cocinar y a limpiar.

–Yo voy a clase de mañana, también llego reventada del trabajo y lo tengo que hacer. Vos ni siquiera te ocupás de pagar las cuentas.

Ah, gran trabajo, la señora no puede ir a pagar unos recibos. Mirá, callate, ya me estás calentando. Y lo de las clases… ni sé para qué vas. Para perder el tiempo o para buscarte alguno será, porque recibirte no vas a poder.

–¿Por qué no voy a poder? No me quedan tantos exámenes.

¿Igual después de qué te va a servir? El empleo no lo vas a dejar para empezar otra cosa que capaz

que no te rinde, y yo no te voy a estar manteniendo para que vos hagas pruebitas. En tu trabajo no precisan que vos te recibas.

–Pero me conviene. Si me reconocen el título puedo pedir que me cambien de trabajo y que me paguen más.

–Eso si quieren, si no te dejan ahí y el título ponelo en un marco nomás.

–No seas tan negativo…

–No soy negativo, soy realista. Yo veo cómo son las cosas, que no vale la pena romperse el alma. Por eso dejé de estudiar y me quedo en el molde, vivo tranquilo. Eso es lo que vos tendrías que hacer, en vez de andar por ahí haciéndote la mártir.

–Sí, yo veo que estás medio quedado; antes tenías más ambición.

–(El se pone amenazador, intimidante). No te metas conmigo, yo sé lo que hago. No te me hagas la superior porque diste cuatro exámenes de porquería, que encima no te van a servir para nada porque en cuanto nazca mi hijo se te terminaron las pavadas.

 

***

 

Si bien es ficcionado, cualquier similitud del diálogo que antecede con la realidad no es mera coincidencia. Su autora, Nita Samuninsky, coordinadora de Mujer Ahora  organización no gubernamental entre cuyos servicios se cuenta la atención de mujeres víctimas de violencia doméstica  seguramente escuchó infinidad de veces historias similares. Sin golpes ni heridas físicas a la vista, pero con una carga de violencia que, rechazable en sí misma, además bien puede ser su antesala.

La transcripta es una de las tres escenas que fueron representadas por actores del Sindicato Unico de Artistas (SUA) el pasado 25 de noviembre, Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres, en ómnibus capitalinos. Una mujer y un hombre abordaban el transporte normalmente, adquirían sus boletos, y comenzaban una conversación que iba subiendo de tono, como para que todo el pasaje la escuchara. Al cabo, una funcionaria del Instituto Nacional de las Mujeres (Inamu) que había subido con la pareja  igualmente de incógnita  y permanecido observando las reacciones de las y los improvisados espectadores, les explicaba los objetivos de la intervención. La iniciativa de la dependencia del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) integró la batería de acciones de sensibilización sobre la naturaleza, efectos y consecuencias de la violencia de género, una cotidana violación de los derechos humanos de las mujeres.

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