Hay que tener la piel dura

La doctora María Elena Martínez, directora de Derechos Humanos del Ministerio de Educación y Cultura, inauguró con una disertación sobre «Derechos humanos desde una perspectiva de género» las actividades de la Comisión de Género y Equidad del Nuevo Espacio, que preside Gabriela Fuentes.

Para Martínez, la situación de las mujeres no ha cambiado tanto en el devenir histórico. En todo caso, considera que para las obreras de la etapa industrial, que estrenaron la doble jornada, la vida fue más difícil que para las mujeres de la antigua Grecia. Y la doble jornada les pesa hasta hoy.

Respecto de por qué las mujeres no pudieron asumir el poder, identifica dos razones que vienen del principio histórico. Una es la menor fuerza física original: sólo eran necesarias como reproductoras y vivían embarazadas, lo que les fue quitando posibilidades de adquirir capacidades. Otra es que nunca nadie advirtió que convenía educar a las mujeres porque son ellas las que educan a los hijos.

A juicio de Martínez, el primer problema se mantiene hasta hoy; el segundo no, ya que la población femenina tiene mayor nivel educativo que la masculina. No obstante lo cual la discriminación continúa, y tampoco se debe a que sean minoría: «la razón es el poder».

Sin perjuicio de considerar que la educación y difusión de derechos es fundamental, la jerarca del MEC aboga por las medidas afirmativas o de discriminación positiva, como la cuotificación de cargos electivos.

En América Latina, sólo Chile y Uruguay no tienen formalizada esta herramienta que facilita el acceso de las mujeres a la representación política. Sin embargo, cuando se discutió en el Parlamento hubo mujeres que se opusieron a ella. «Les molesta, pero hay que asumir que hay un techo de cristal y que hay que romperlo», afirma Martínez.

Por otro lado, encuentra razonable que las mujeres no quieran hacer política: «hay que tener fuerza, no es fácil cambiar las reglas masculinas. En definitiva, hay que tener la piel dura».

Consciente de que el género cruza todas las ideologías, Martínez entiende que la izquierda «tendría que estar más a favor de la igualdad de género porque busca democracia, cuya base es la igualdad».

Sin embargo, estima que la formación de la bancada femenina en la anterior legislatura, cuando se discutieron los proyectos de ley de cuotas y de defensa de la salud reproductiva, molestó a la izquierda, porque las legisladoras «volaban con consensos propios», interpartidarios, rompiendo códigos de la actividad política parlamentaria.

Lo cierto es que en nuestro país, «donde no hay prácticamente discriminaciones legales, el mundo sigue armado en masculino, desde los ómnibus que no prevén el uso de tacos o polleras justas, los horarios de las actividades políticas, las guarderías que son sólo para ricos o pobres pobres, las quejas de los empresarios por los embrazos y los límites que la maternidad impone a las mujeres porque no se asume como colectivo que los hijos son de todos».

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