Cultura que enferma
El l0 de octubre, cuando se conmemoraba el Día Mundial y Nacional de la Salud Mental, el Ministero de Salud Pública (MSP) dio inicio a una semana de actividades múltiples, la primera de las cuales hizo centro en las mujeres.
Ese mismo día, varios medios de comunicación difundían con destaque que el 80 % de la población uruguaya padece algún grado de depresión. Lo que no aclararon es que tan inquietante porcentaje no encaja en definiciones de manual, sino que mayoritariamente corresponde a malestares provocados por una mezcla de problemas emocionales y padecimientos sociales, incluyendo estos últimos la violencia social y familiar, el maltrato infantil, devaluación de los vínculos solidarios, falta de trabajo, emigración forzada, concentración regresiva de bienes materiales culturales, y discriminación de género, entre otros.
Para el doctor Angel Ginés, responsable del Area de Salud Mental del MSP, siendo la medicina política en gran escala, es grande el desafío de la cartera que se propone un cambio de modelo en lo asistencial, financiamiento y gestión a través de la creación del Sistema Nacional Integrado de Salud.
POR QUE CONSULTAN LAS MUJERES
Cualquier observación de campo revela que las salas de espera de los consultorios médicos están mayoritariamente pobladas por mujeres, incluyendo las que corresponden a salud mental. Los datos estadísticos recopilados por la doctora Alicia Hoppe, responsable del Area de Salud Mental del Programa de Salud de la Mujer y Género lo confirman.
En setiembre de 2000 hubo 11.400 consultas psiquiátricas en dependencias del MSP, con predominio neto de mujeres. La angustia colectiva disparada por la crisis del 2002 más la migración de pacientes del mutualismo a Salud Pública, elevó su número a las actuales 200.000 mensuales, con similar composición.
La consulta femenina por padecimientos psíquicos se eleva entre los 30 y 40 años y alcanza su máximo entre los 40 y 60, correspondiéndose con la historia vital de las mujeres tanto en desarrollo profesional como en su rol materno. Los hombres consultan tanto como ellas sólo entre los 20 y los 30 años, generalmente por adicciones y trastornos propios de la adolescencia.
Ansiedad, angustia, agresividad, son los principales motivos de consulta de las mujeres; los trastornos bipolares (enfermedad psiquátrica) aparecen mucho menos.
Los datos anteriores fueron refrendados por otros provenientes de 500 historias clínicas registradas entre 2000 y 2005 por un equipo de salud comunitario de La Unión. El 80% de ellas refieren a mujeres que no trabajan remuneradamente fuera del hogar. Que la mayoría viviera con su grupo familiar habla de que la soledad no es el principal factor de depresión o malestar.
Entre 2000 y 2004 la morbilidad psíquica en las mutualistas también mostró un predominio de mujeres entre los 30 y los 60 años.
LAS HORMONAS NO EXPLICAN TODO
Datos anatomobiológicos permiten a la doctora Stella Boccino relacionar malestares psíquicos de las mujeres con el ciclo hormonal. El cerebro femenino está bañado por concentraciones hormonales que varían todos los meses, los estrógenos tienen efectos antipsicóticos, la progesterona funciona como ansiolítico y anestésico en forma similar a las benzodiacepinas (Valium, Lexotán), es decir: como sedante natural. Estas hormonas sexuales podrían ser responsables entonces de respuestas diferentes a la enfermedad mental según el sexo y la edad.
No obstante, las certezas científicas no alcanzan a explicar el perfil epidemiológico del malestar psíquico de las mujeres, porque «es multicausal y por debajo de los factores bioanatómicos están los arreglos culturales que son asimétricos», como advierte la psicóloga Elina Carril.
Ese malestar depende de condiciones de vida de las mujeres, violatorias muchas veces de sus derechos humanos y capaces de producir enfermedades que se decodifican como miedos, inseguridad, frustración. Pero ni las mujeres lo viven como tal consecuencia, ni así es escuchado desde el discurso médico hegemónico de salud. «Cuando aparece el malestar, las mujeres entran en el circuito médico, se produce la psiquiatrización de sus vidas y la medicalización muchas veces lo que hace es domesticar las rebeldías», describe Carril.
UN MUNDO DE AFECTOS Y RESPONSABILIDADES
La mayoría de los padecimientos psíquicos de las mujeres tienen que ver con el mundo de los afectos, porque «se socializan en un espacio privado donde los afectos son la moneda de cambio, no el dinero como en el espacio público», afirma la psicóloga. Son ejemplos de ello el malestar que deviene de la dependencia emocional en la pareja; la culpa cuando algo sale mal en el desarrollo de hijas e hijos, del que la sociedad las responsabiliza.
La socióloga Rosario Aguirre enfatiza factores relevantes para orientar políticas de salud mental que incluyan la perspectiva de género, como la sobrecarga de responsabilidades familiares que se suman al trabajo remunerado, y el aumento del envejecimiento.
El rol de cuidado coloca a mujeres de 50 a 60 años entre necesitados progenitores ancianos y nietos que transcurren la infancia. Aguirre enciende una luz roja respecto del nuevo modelo asistencial que se pretende: «que no consolide las diferencias de género existentes y no suponga nuevas exigencias para las mujeres. No hay mujeres con tiempo disponible». Una reformulación del contrato social implícito entre Estado, mujeres y el conjunto de la sociedad es básico para alcanzar condiciones de equidad.
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