Amoroso recorrido culinario
Qué gozo despierta una mesa preparada con amor, con todos tus afectos sentados alrededor», dice Alicia Beltramo mientras se afana en combinar recetas de tres generaciones con recuerdos de historias compartidas.
Porque sus «Delantales familiares» proponen un recorrido culinario por la zaga familiar, en lenguaje coloquial. Una original manera de contar y aportar al mejor disfrute de la vida cotidiana, que hace pensar en una charla de amigas en la cocina de cualquiera de ellas.
«A todos los delantales familiares los guardo en el corazón», asegura la autora, reafirmando el vínculo estrecho entre cocinar y amar que obliga a evocar otro ejercicio similar, aunque más fantacioso: el de la mexicana Laura Esquivel en «Como agua para chocolate».
Antes de los postres Beltramo explica: «Lo mío no es profesional. Yo soy madre, ama de casa, laburadora a sueldo y peleo diariamente además por ser ‘yo’, pero no soy chef».
Tres generaciones la nutren, comenzando por la abuela que hacía torrejas y a quien está dedicado el libro. Los cuentos de vida y las listas de ingredientes dejan lugar también a los buenos consejos: «que la receta se adapte a vos y no vos a la receta».
Y allí vienen los «biscochitos María Antonia», y la «torta Lilita», seguidas de cerca por las ensaimadas y el guiso campero.
«Si es domingo… ravioles» anuncia el tercer capítulo, abriendo paso a las recetas de la segunda generación, que incluye hermanas habilidosas y no tanto en el mundo de las cacerolas y sartenes. Claro que la lista no se agota en la popular pasta rellena: desde la picada hasta el chupín de pescado, muchas de las opciones también llevan el nombre de un miembro de la familia.
Las nuevas generaciones no se quedan atrás, aunque el menú se reduce notoriamente, seguro que por falta de trayectoria. Y al final las recetas propias de Beltramo, variadas y variables, a tono con las urgencias de mujeres modernas, siempre múltiplemente requeridas.
No faltan las salsas que no sólo sacan de apuros sino que enriquecen las más sencillas preparaciones, ni los licores, decididamente rescatados del arcón de los recuerdos.
Dice Beltramo, como para que no queden dudas de la intencionalidad que inspira su libro: «En esta tarea de ordenar, de unir las recetas nuevas y viejas, también me voy buscando. Cada tanto encuentro un pedacito de mí misma que se había quedado distraído vaya a saber en qué cosas y que quiero reconquistar. Cuántas cosas que se quedaron en el camino y una no se acuerda dónde las dejó… No es que quiera volver a la infancia, sólo quiero recuperar aquellas partes que creo que son esenciales, devolver las que tomé prestadas y no siento mías, volver a sentirme ‘yo entera’, mirarme al espejo y reconocerme todos los días».
Cada tanto, la sucesión de textos resulta interrumpida por coloridas páginas que reproducen fotos familiares sobre recetas escritas con letra escolar sobre hojas amarillentas. Y para completar, citas confirmatorias como esta de Joan Manuel Serrat: «Uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia. Pero su tren vendió boleto de ida y vuelta. Son aquellas pequeñas cosas, que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, en un papel o en un cajón».
«Delantales familiares» respira afecto y armonía sobre el telón realista del hoy y ahora. Lo disfrutable de su concepción no empaña, además, la utilidad de su contenido.
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