AMOR CON HUMOR

Ilusiones bajo cero

Querida Reina de Corazones:

Estas vacaciones de julio para mí hubieran sido maravillosas si no fuera porque me enamoré de un hombre que no soporta el frío. A mí el frío me gusta mucho más que el calor, pero a él le pasa todo lo contrario. Lo conocí mientras él jugaba en los autitos chocadores. Después me contó que, al igual que a mí, las vacaciones de julio lo retrotraen a la infancia. Lo nuestro fue un encuentro mágico dado que sin saber cómo nos encontramos los dos en la misma silla de la rueda gigante, que tengo entendido también se llama Noria del amor. No sé si fue azar o destino, pero eso de ver a su lado las cosas desde tan alto me hizo sentir como nunca antes en mi vida me había sentido. Las dificultades comenzaron cuando descubrí que usaba tres camisetas, dos pares de medias y calzoncillos largos afelpados, cosa que yo creí que ya no existía. Realmente me sentí algo así como estafada en mis ilusiones y por más que disimulo no logro superar el profundo rechazo que me produce verlo tiritar cuando esperamos un ómnibus. Yo sé que es una relación muy reciente, pero me aterra admitir que me deserotiza tremendamente abrazar a un hombre que tirita en la parada de un ómnibus. Y que lo único que lo reconforta es llegar a la casa para tomarse un té caliente, digamos que hirviendo, encender la estufa y ponerse sus pantuflas de polar. Fuera de eso, me parece un hombre sensible y comprensivo. Si yo lo hubiera conocido en verano tendría al menos otra versión de él, pero realmente me afecta mucho no saber si cuando tiembla es de emoción o de frío, habida cuenta que nunca en mi vida usé bolsa de agua caliente. Sé que puede parecer demasiado prematuro pero me aterra continuar con una relación de este tipo, y mucho más teniendo en cuenta que los inviernos son cada vez más largos y que, por ejemplo, en pleno febrero hay noches que parecen de invierno. No me imagino yendo a los tablados con un hombre que, es más que seguro, se lleva una manta polar al teatro de verano. Espero impaciente sus palabras, por favor.

María Rosa M.

 

Estimada amiga:

Usted ya debería saber que nunca en la vida se da todo exactamente como lo deseamos. Ha encontrado a un hombre sensible y comprensivo pero friolento. Si usted deja que eso se le vuelva en contra, seguramente se le va a volver en contra. Si él realmente no puede prescindir de los calzoncillos afelpados tendrá que aceptarlo, María Rosa. Son parte de su intimidad, de su opción de vida, de su manera de entender el invierno. Alejarlo de su vida sería una manera bastante ostensible de manifestar cierta discriminación o fobia encubierta hacia alguien que no vive térmicamente las cosas como usted. La diversidad de registros térmicos es tan respetable como la diversidad sexual. Me parece que usted, por lo que cuenta, es una mujer solidaria, abierta, expansiva. No se precipite, espere que llegue el verano a ver qué reacciones tiene, qué tipo de bermuda usa, qué sabor de helado prefiere. En todo caso, cuando se sienta tentada a alejarlo de su vida súbase con él a la rueda gigante, abrácelo y disfrute en las alturas sin pensar si se puso o no los calzoncillos afelpados. Mucha suerte y felicidades.

La Reina

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