El regreso de "Martina Valiente"

Martina Valiente» fue presentada en sociedad el año pasado, luego de ganar el Primer Premio Narrativa Infantil Inédita del Ministerio de Educación y Cultura en 2002. Después vinieron el Bartolomé Hidalgo Revelación y Joven Sobresaliente en Talentos Literarios para el novel autor Federico Ivanier, ambos en 2004.

Entonces Martina, la protagonista, tenía 12 años, sus padres acababan de separarse y estaba tratando de adaptarse a vivir en la casa de su abuela materna. Una casa en la que descubrió la entrada a un mundo de fantásticas aventuras, apenas materializada en un espejo antiguo y un cubo dorado.

En apenas un año, Martina ganó dos, por decisión de Ivanier, que en 2005 la presenta con 14 años, ya estabilizada su inserción en la nueva vida de hija de padres separados, aunque más fastidiada por las tensiones entre ellos que la dejan en el centro de un tira y afloje preferentemente económico. A Martina no le gusta hacer de correo ni ser espectadora involuntaria de los cálculos sobre cuánto se gasta en ella. Entonces vuelve a fugarse a Novrogod, ese lugar mágico donde interactúa con los personajes más diversos, no todos buenos por cierto. Pero no va sola. El secreto es compartido con Matías, su amigo y compinche, y de puro amor fiel la acompaña su perro Sócrates.

En «La cara del miedo» la aventura en el país de la Hechicería es más larga, sinuosa y rica que en la entrega anterior. Esta vez la jovencita de pelirrojo cabello enrulado queda en el centro de una aventura que la enfrenta con el miedo, y pone a prueba la fama de valiente que ya se había ganado en Novrogod. En el azaroso camino aprende que «la esencia del miedo es perder a los demás», y entre ellos el primero que viene a su mente es Matías. Ambos han crecido y, aunque siguen lanzándose pullas y disfrutando complicidades, Martina percibe que también hay algo más implícito hasta que alguno de los dos se atreva a dar el primer paso.

Ivanier describe con admirable frescura esa relación entre adolescentes no muy conscientes de sus sentimientos, que se va abriendo paso entre la fraternidad y afinidades propias de la edad.

«Los amigos no se pierden», pero otra cosa… quién sabe, reflexiona preocupada Martina.

Tampoco falta el humor mientras a lo largo de más de 500 páginas el autor intercala pensamientos y aprendizajes con ríos de aguas oscuras, murciélagos gigantes, gusanos, pasadizos, cucarachas, amenazadores «tugs» y toda una parafernalia imaginativa que seguramente hará las delicias de los amantes de aventuras destinatarios de su creación.

Algunos de los personajes del viaje fantástico aportan, sin que aparezca premeditado, a los problemas de Martina. Como el hechicero que le repite ante cada preocupación por la dificultad sobreviniente: «preocúpate por los problemas que puedas solucionar». Las cuentas pendientes de papá y mamá no son uno de esos, entiende al cabo la jovencita, y logra recuperar la calma.

Pero eso no es todo. En este viaje a Novrogod tendrá que lidiar con una oscura energía y mientras se afirma en que ella tiene «planes de sobrevivir», empezará a comprender que donde reside el bien también lo hace el mal. Todo un descubrimiento para la adolescencia proclive a concebir la vida en blanco y negro, que entre los pliegues de matices múltiples la acercará a descubrirse a sí misma.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje