Pobreza y exclusión alimentan la epidemia
Datos de la Agencia de Naciones Unidas para el Sida (Onusida), muestran que la epidemia sigue creciendo en todo el mundo. El número de casos registrados ya llega a 39.1 millones, y cerca de 3.1 millones de personas mueren todos los años.
Durante la última reunión de alto nivel de la Asamblea General de la ONU sobre VIH/Sida, realizada en junio pasado en Nueva York, el director ejecutivo de Onusida, doctor Peter Piot, aseguró que «no hemos conseguido hacer retroceder la epidemia. En realidad, si tenemos en cuenta el claro empeoramiento en su evolución en los últimos años, la brecha entre la acción necesaria y lo que realmente se está haciendo sigue siendo muy grande, e incluso puede crecer más (…) cobrándose un número increíblemente alto de vidas y demoliendo sociedades enteras».
Convencido de que si no se da «un gran salto adelante (…) la epidemia acabará venciéndonos», Piot señaló que el primer paso es que «el Sida reciba el mismo nivel de atención y preocupación por parte de los líderes del mundo que el que éstos prestan a la seguridad mundial, ni un ápice menos». Otro imprescindible es, a su juicio, «asegurar el acceso universal tanto a la prevención como al tratamiento del VIH», para lo cual se debe «cubrir inmediatamente el enorme déficit de financiación» del Fondo Mundial para la Lucha contra el Sida, la tuberculosis y la malaria, que es de muchos miles de millones de dólares.
Ese dinero tiene que trabajar «para las personas que lo necesitan en la vida real», dijo, lo que supone acordar «que los derechos y necesidades de las mujeres y de las personas más vulnerables y marginadas particularmente los profesionales del sexo, varones que tienen relaciones sexuales con varones y consumidores de drogas intravenosas- constituyen la máxima prioridad en la práctica. Asimismo, debe concederse a las personas que viven con el VIH su legitimo papel de liderazgo a todos los niveles».
«Hay que instituir los sistemas que se necesitan para alcanzar soluciones a más largo plazo, como una vacuna y un microbicida. Debemos hacer frente a los factores fundamentales que contribuyen a esta epidemia, como la falta de educación, desigualdad de género, pobreza y discriminación. Y es necesario superar los obstáculos permanentes para el desarrollo que ha creado la propia epidemia, como la orfandad de generaciones de niños y la destrucción de capacidad humana e institucional», insistió Piot.
El director ejecutivo de Onusida fue terminante: «Resolvamos la crisis del Sida, y habremos eliminado un obstáculo importante para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio», instando a que para cuando vuelva a reunirse la Asamblea de la ONU en 2006 «no se discuta lo que no se ha hecho, sino que se acuerde una acción para abordar los obstáculos materiales y me atrevería a decir- políticos que se interponen en el camino hacia un acceso universal a la prevención y tratamiento del VIH».
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