La construcción ya no es coto masculino
El pasado 21 de julio coincidieron en el Instituto Goethe María Teresa Mira, codirectora de la Casa de la Mujer de la Unión; Sara Payseé, directora Nacional de Empleo; Matilde Capurro, directora de Proimujer; Ana Aguilera en representación del Departamento de Género y Equidad del PIT-CNT y Estela Acosta, quien trabaja en el área de la construcción.
Mira trazó el contexto en pocas pinceladas: las uruguayas constituyen el 48% de la población económicamente activa, pero se concentran en un número reducido de ocupaciones, en general las menos calificadas y más informales, sin que su mayor educación haya contribuido sustancialmente a mitigar esta elocuente segregación laboral durante la última década. Esta realidad llevó a la Casa de la Mujer de la Unión a organizar cursos de capacitación en trabajos no tradicionales para mujeres, como construcción y servicios anexos. Otras instituciones se sumaron a la iniciativa y también algunas empresas, sea facilitando la formación o contratando a las expertizadas por ella.
En el proceso se comprobó que las oportunidades de inserción laboral son mayores cuando se constituyen colectivos, sobre todo si cuentan con apoyo y asesoramiento empresarial. Las ventajas para las mujeres así equipadas no se agotan en beneficios laborales, como más opciones y mejores remuneraciones: también se expresan en el abatimiento del machismo, la flexibilización de estereotipos culturales, fortalecimiento de la autoestima, estímulo de escenarios laborales desafiantes.
BOTNIA APOYA EL TRABAJO NO TRADICIONAL FEMENINO
Coincidiendo con estas premisas y conclusiones, Payssé adelanta la voluntad del actual gobierno de impulsar este cambio cultural, en función del reclamo social.
Aunque recuerda que para que la capacitación específica se refleje en una práctica consecuente debe estar acompañada de nuevas pautas educativas desde la infancia, redistribución de responsabilidades familiares y, en general, incorporación de la mirada de género en las políticas públicas.
También presidenta de la Junta Nacional de Empleo (Junae), Payseé reveló que la incorporación de mujeres está conversada con los responsables de las polémicas plantas de celulosa a instalarse en Uruguay, donde está previsto que se generen alrededor de 3.000 puestos de trabajo sólo en la construcción de la infraestructura y otros tantos o más en servicios relacionados. Según la directora Nacional de Empleo del MTSS, el gerente de rcursos humanos de Botnia aceptó el desafío, por coincidir en que ni las propias mujeres visibilizan las capacidades incorporadas que tienen. Sin embargo, uno de los problemas para el éxito de esta gestión es precisamente la falta de capacitación de ellas en trabajos no tradicionales como electricidad, rama en la que Botnia está demandando 700 trabajadores especializados.
RESISTENCIAS A VENCER
La Junae administra el Fondo Nacional de Reconversión Laboral que, entre otros programas, financia el Proimujer, destinado a la capacitación de mujeres para el trabajo. Con cuatro años de antigüedad, alcanza varios departamentos del país y beneficia entre 900 y 1000 mujeres anualmente, a través de 40 ó 50 cursos diferentes. El enfoque es formativo, pero también apunta a brindar apoyo para solucionar algunos de los problemas familiares que dificultan a las mujeres el proceso de formación.
«No se modifica la cultura sólo desde un programa», advierte Capurro, aunque ello no obsta al compromiso de Proimujer de incorporar cursos de mecánica, construcción, soldadura y similares. Algunos de los obstáculos para la inserción laboral femenina en estas área vienen de los prejuicios de los empleadores, pero «también hay resistencia de las propias mujeres: de cada diez, dos dicen que la oferta es interesante pero ocho quedan sorprendidas. Y luego, aunque logren emplearse, siguen siendo transgresoras en este medio conservador, machista y pacato», evalúa la directora del programa.
Para Capurro, habría que investigar más para saber qué están pensando uruguayas y uruguayos sobre el tema, qué tanto se modifican los niveles de aceptación/resistencia, y desarrolar políticas de estímulo no sólo de microemprendimientos sino de inserción empresarial. «Hay muchas instituciones trabajando en esto, pero no se conectan», afirma Capurro, instando a crear y fortalecer redes de coordinación.
Desde el PIT-CNT y en palabras de Ana Aguilera, se valora positivamente el camino de formación no tradicional, sin olvidar de que se trata de una apuesta en el largo tiempo.
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