Hacia la creación de un mercado audiovisual común
En 1950 un grupo de productores uruguayos presentó un proyecto de ley para el cine y no tuvo éxito. Aún hoy se aspira a la sanción de una ley nacional, que Eva Piwowarsky espera que se alcance pronto porque «la región se mueve, incluso Paraguay tiene un proyecto de ley y la realidad es que esto tiene un efecto dominó».
Otro aspecto considerado primordial por la encargada de la Recam es la creación de un arancel externo común y la reducción impositiva para los insumos de la industria, así como la libre circulación de copias, que probablemente se alcance «en breve. En la actualidad tenemos el problema de que muchas veces quedan las películas demoradas en las aduanas porque no accedemos al certificado de origen. Este tipo de certificados se expide en base al soporte, que generalmente es importado y de ninguna manera indica la nacionalidad del contenido. Estamos trabajando en la elaboración de la normativa y los acuerdos para elevarlos al Grupo del Mercado Común».
HEGEMONIA ESTADOUNIDENSE
Reciprocidad, complementariedad y solidaridad son los principios rectores de la Recam, cuyos miembros aspiran a disminuir la hegemonía del cine estadounidense. Piwowarsky está convencida de que se puede llegar a crear un Mercado Audiovisual Común, con productos de alta calidad que mantengan la identidad pero a la vez contemplen el aspecto comercial. La intención es «fomentar la creación de un imaginario colectivo común sin perder de vista lo propio. En definitiva, fomentar la integración mediante un cine que influya en lo social. Esto es muy difícil porque el mercado es esquivo a nuestras propias producciones».
Con casi 18 millones de kilómetros cuadrados de superficie y 28 millones de habitantes, el Mercosur constituye un mercado de gran importancia a nivel mundial. En la región se realizan 300 producciones cinematográficas anuales y hay tres mil salas de cine que venden 140 millones de entradas anuales, un equivalente a 550 millones de dólares. Sin embargo, el 85% de esas ventas corresponde a películas producidas en Hollywood. Piwowarsky reconoce que durante las dictaduras «el cine latinoamericano abandonó el camino de lo popular, que fue absorbido por la televisión, y ahí se volvió más elitista. Sin embargo Hollywood siguió produciendo y aprovechó esos espacios, llenando gradualmente las salas. Hoy por hoy la gente tiende a elegir lo que se le ofrece en mayor cantidad y aunque el cine latinoamericano presenta una propuesta atractiva, muchas veces es rápidamente barrido de las pantallas para colocar una superproducción de Hollywood».
ENTRE LO CULTURAL Y LO ECONÃMICO
Las cifras que se mueven a nivel televisivo también hablan de la capacidad de desarrollo de una industria que hasta el momento no ha sido debidamente explotada. La región cuenta con 350 canales de televisión abierta y tres mil repetidoras, dos mil canales de televisión paga que llegan a diez millones de hogares y facturan 3.600 millones de dólares anuales.
La televisión llega en alguna de sus formas al 94% de la población, y mueve 4.100 millones de dólares por año en publicidad. Veinte millones de hogares tienen aparatos de video, y cada año la población del Mercosur gasta 775 millones de dólares en alquiler y venta de videos.
Para Piwowarsky, las cifras hablan por sí mismas y muestran una realidad que «es cultural pero también es económica. Sin menospreciar las películas que tienden a ennoblecer los contenidos, tenemos que buscar también una mayor capacidad para insertarnos en el mercado».
En el futuro, los integrantes de la Recam esperan llegar a «acuerdos de coproducción, apoyos en capacitación y acuerdos de codistribución. Hay un proyecto impulsado por Uruguay, que todavía está en estudio, que se llama Historias Comunes. La idea es basar las obras en las zonas comunes a nivel social y geográfico para el desarrollo de historias coproducidas. Hay que crear un programa especial para promover este tipo de películas y eso forma parte del futuro, pero primero tenemos que trabajar sobre la normativa».
MIRADAS QUE FALTAN
Piwowarsky, que se desempeña como productora cinematográfica en Argentina desde hace más de veinte años, responsabiliza fuertemente a los críticos por la resistencia del público latinoamericano a las producciones propias. Desde su punto de vista, los críticos «tienen la función de guiar a la gente pero no deben decidir por ella. La prensa tiene un rol social. No se trata de favorecer películas malas ni de hacer lobby, sino de dar ecuanimidad. No es lo mismo una película producida con 500 millones de dólares que otra producida con 500 mil. Entonces creo que deberían tener una mayor consideración de los contextos en el momento de evaluar».
La experta confía en la construcción de un nuevo cine latinoamericano que sea considerado por los espectadores como una opción real, y que además brinde una nueva mirada sobre la sociedad. En ese sentido, entiende que es importante el ingreso de las mujeres a roles más destacados. Enfatiza el papel cumplido en Uruguay e incluso en el resto de la región por mujeres como Beatriz Flores Silva, quien generó «un punto de inflexión» en un cine donde «generalmente las mujeres nos dedicamos a tareas de producción y no de dirección, por ser un área muy cara y que requiere de una enorme dedicación».
A su entender, para las mujeres es «más costoso acceder a la dirección cinematográfica, básicamente por un tema cultural. Esta irrupción de lo femenino fue lograda en muchas áreas en forma muy desorganizada y requiere un enorme esfuerzo. Yo creo que lo preocupante de esta dificultad es que al faltar la dirección femenina, sin duda se está perdiendo una mirada».
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