Mayoría por la afirmativa, según flamante encuesta:

Educación sexual, anticoncepción universal y aborto legal

La única Encuesta Nacional de Fecundidad que se realizó en Uruguay data de 1986. En las casi dos décadas transcurridas desde entonces, el perfil demográfico del país experimentó cambios significativos. Entre ellos, los matrimonios se redujeron a la mitad y las uniones de hecho, al igual que los divorcios y los nacimientos fuera de uniones legales, se duplicaron. Se incrementó fuertemente la fecundidad adolescente, y se agudizó el envejecimiento de la población, a punto tal que la de Uruguay es la más envejecida de América.

El VIH-Sida viene expandiéndose, especialmente a costa de mujeres y jóvenes. Los programas de salud sexual y reproductiva no han sido suficientes ni universalmente accesibles.

Además, las dinámicas demográficas difieren según niveles de instrucción y socioeconómicos, lo que favorece el proceso creciente de segmentación social.

A esta enumeración de certezas hay que agregar la ignorancia sobre cómo evolucionó desde 1986 el conocimiento y uso efectivo de métodos anticonceptivos, así como  y pese a que se trata de la primera causa independiente de muerte materna  acerca número de abortos que se practican en el país y sus efectos sobre la morbilidad materna.

Esta realidad motivó la conformación de un grupo de trabajo que diseñó un estudio demográfico denominado Proyecto Género y Generaciones, similar a los realizados en países europeos y el primero de sus características en América Latina. Además de un equipo técnico de treinta personas, el proyecto cuenta con un comité que integran representantes del Ministerio de Salud Pública (MSP), Instituto Nacional de Estadística (INE), Intendencia Municipal de Montevideo (IMM), Universidad de la República (Udelar) a través de las facultades de Ciencias Sociales y de Psicología, la organización no gubernamental Mujer y Salud en Uruguay (MYSU), el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Fondo de Población de Naciones Unidas (Unpfa), siendo este último quien financia las actividades.

El Proyecto Género y Generaciones, interinstitucional y multidisciplinario, tiene por objetivos producir conocimiento científico en temas vinculados a la salud sexual y reproductiva, los arreglos familiares y las generaciones, incorporar a las dinámicas de reproducción biológica las dimensiones de estratificación social, género, generaciones y derechos, y promover el uso de la evidencia para el diseño, implementación, evaluación y monitoreo de políticas públicas.

En su nivel cuantitativo, la investigación parte de una encuesta nacional que abarcó 6.500 casos y es representativa del Uruguay urbano de localidades de 5.000 y más habitantes. La muestra incluye hombres y mujeres, de entre 15 y 79 años de edad, de Montevideo y del interior. Su segundo componente son los estudios cualitativos, que admiten profundización a demanda de interesados en temas específicos.

La encuesta indaga sobre salud sexual y reproductiva y acceso a servicios; historia reproductiva; maternidad y paternidad; historia conyugal; vínculos con hijos menores de 21 años; conocimiento sobre anticoncepción y derechos; vida sexual; transferencias intergeneracionales y condiciones de vida de los adultos mayores.

Los primeros resultados presentados en el marco de la conmemoración del Día Mundial de la Población refieren a la franja etaria de 15 a 59 años; los que corresponden personas de 60 a 79 serán dados a conocer próximamente.

 

VIDA SEXUAL: VARONES MAS PRECOCES Y SATISFECHOS

En respuesta al mandato de género, los varones inician su vida sexual antes que las mujeres: entre los 15 y los 16 años, sin desniveles importantes por nivel socioeconómico, educativo o de generaciones. Esos factores sí marcan diferencias entre las mujeres: se inician antes las más pobres (l7 años en el nivel bajo contra 19 en el alto).

Más de seis de cada diez personas encuestadas declaran haber prevenido el embarazo en su primera relación, pero persiste un tercio de varones y mujeres que no lo hicieron.

Los mayores índices de satisfacción sexual se observan en los estratos económicos más altos, pero en general el 75% de los varones considera que su vida sexual es satisfactoria y hasta muy satisfactoria; para las mujeres el porcentaje desciende a 72%, y hay un 8% que la evalúa nada satisfactoria.

Pese a que lo varones inician antes su vida sexual, se mantienen más tiempo sin vínculos de pareja; las mujeres, en cambio, tienden a enmarcar rápidamente el sexo en esa relación.

 

LA MITAD SIENTE QUE NO SE RESPETAN SUS OPCIONES SEXUALES

Más de la mitad (52%) de la población cree que en Uruguay no se respeta el derecho a una vida sexual libre de violencia ni a la protección legal y jurídica frente a la violencia sexual. El porcentaje sube todavía un poco (53%) respecto al derecho a relacionarse sexualmente con el mismo sexo. No obstante, casi ocho de cada diez personas perciben que se respeta el derecho a tener una vida sexual placentera.

 

DOS ES EL NUMERO DESEADO DE HIJOS, PERO LAS POBRES TIENEN MAS

El 44% de las y los encuestados considera que dos es el número de hijos ideal, sin que se adviertan diferencias entre varones y mujeres ni por nivel de instrucción. Las hay, en cambio, por generaciones: 58% de quienes tienen entre 15 y 19 años contra 29% en la franja 50 a 59 años.

Cuando se compara con el número de hijos nacidos, esta homogeneidad relativa se dispara por incidencia tanto del estrato socioeconómico como los estudios realizados, ascendiendo además por edad: las personas de 50 a 59 años con menos de cinco años de estudios promedian los 4.4 hijos, cifra que cae a 2.3 entre las que tienen más educación y mejor pasar. Toda una confirmación de que Uruguay se reproduce en los sectores más deficitarios de la sociedad.

Respecto del último embarazo, cuatro de cada diez mujeres lo buscaban, el 16% no estaba segura y al 42% la tomó de sorpresa. Entre los varones, los porcentajes no difieren mucho. La principal razón de ellos para no desear esos embarazos fue la situación laboral; las mujeres ya estaban satisfechas con el número de hijos que tenían.

El deseo del embarazo está más presente entre la población femenina más instruida, lo que habla de mejores condiciones para la apropiación del propio cuerpo y de las decisiones reproductivas.

 

TRIUNFO DEL PRESERVATIVO

Casi ocho de cada diez personas en pareja declaran haber usado algún método anticonceptivo en su última relación sexual para evitar embarazos: 85% corresponde a estratos socioeconómicos altos y 72 a los bajos.

Más del 95% conoce el preservativo y las pastillas como métodos anticonceptivos, y efectivamente son los más utilizados: 40 y 31%, respectivamente. Un elevado ranking en el contexto regional, sobre todo en lo que refiere a parejas estables.

Comparando con los datos de la Encuesta Nacional de Fecundidad de 1986, se advierte que el uso de preservativos por parte de las mujeres se ha duplicado, en detrimento de las pastillas y otros métodos como el dispositivo intrauterino (DIU) que ha caído del 25 al 16%.

La encuesta actual confirma que, pese a la prédica de la Iglesia Católica y sus aliados, no sólo el condón gana en adhesiones, sino que tanto los métodos naturales como el coito interruptus tienen una mínina expresión: 2 y 0,9%, respectivamente. Mayor presencia, pese a las dificultades para obtenerla, exhibe la ligadura tubaria: 7%. No se considera la vasectomía, por no figurar en el horizonte de opciones de la población.

Un dato auspicioso es el nivel de conocimiento de la anticoncepción de emergencia: 67% en general,
llegando al 80% entre las y los adolescentes. La primera fuente de información sobre este recurso es el sector salud (casi 50%), aunque todavía un tercio la obtiene en el ámbito familiar y entre amigos.

Los métodos anticonceptivos se surten mayoritariamente en las farmacias (61%); en segundo lugar en las policlínicas del MSP y de la IMM (17%) y un porcentaje menor en mutualistas, pese a que no figuran en su canasta de prestaciones.

 

UNA DE CADA CUATRO URUGUAYAS NUNCA CONSULTO GINECOLOG@ SIN ESTAR EMBARAZADA

Una de cada cuatro uruguayas nunca acudió a una consulta ginecológica sin estar embarazada, una evidencia de que el modelo materno-infantil vigente hasta los cambios introducidos por la presente administración no estimulaba el autocuidado.

El 20% de las mujeres de entre 20 y 59 años no se hizo examinar las mamas por un ginecólogo y el 30% nunca se realizó un Papanicolaou (PAP), necesario para prevenir el cáncer cervicouterino. Incide el nivel socioeconómico: cuanto más bajo, menos prevención. Recién entre las mujeres que tienen estudios terciarios aumenta: sólo una de cada diez nunca se practicó un PAP, lo que habla de las ventajas de que las personas se mantengan en el sistema educativo. También previenen menos las mujeres del interior del país (35%) que las que viven en Montevideo (22%).

Peor aún es la prevención del cáncer de próstata entre los varones: casi siete de cada diez nunca se realizó un examen, de los cuales 83% son de bajos recursos. Entre los de nivel alto, el 38% se hizo alguna vez el antígeno prostático. Estos datos refieren a la prevalencia de prejuicios, falta de información y de motivación.

 

VIH-SIDA: EL DISCURSO FUE APRENDIDO PERO NO SE CREE

Dos décadas después de instalada la epidemia de VIH-Sida, el 38% de la población encuestada sigue creyendo que no tiene ningún riesgo, y el 51% estima que es pequeño o moderado; sólo un 8% lo toma en serio, opinando que es alta su probabilidad de adquirir el virus.

En cuanto a las conductas preventivas, casi la totalidad (96 y 95%, respectivamente) menciona el uso de preservativo y no compartir jeringas; la pareja única y fiel es invocada por el 91%. El discurso médico hegemónico está incorporado, pero un 68% sigue invocando «elegir cuidadosamente a la pareja» e identificando como preventivas conductas que no lo son, como lavarse luego de tener relaciones sexuales (33%), no compartir el mate (22%) y no tocar a personas infectadas (14%).

La amplísima mayoría (96%) está de acuerdo en que las personas que viven con VIH-Sida reciban asistencia y tratamiento gratuitos, y el 71% acepta que niñas y niños portadores compartan aulas con otros infantes. No obstante, una alta proporción (68%) considera que las personas portadoras no deberían tener descendencia y el 78% que deberían declarar su condición en sus trabajos.

Como rémora de la «peste rosa», se sigue asociando el VIH-Sida a las conductas homosexuales de los varones. Los datos del Programa Nacional de Sida del MSP lo desmienten: dentro de la mayoritaria transmisión sexual (69.5% del total de infecciones) las personas homosexuales representan sólo el 61%.

 

VIOLENCIA FAMILIAR: LOS GOLPES SE VEN MAS

Más de nueve de cada diez personas sin distinción de sexo identifican la violencia física como forma de violencia familiar existente, mientras que sólo el 28% de las mujeres y el 27% de los varones perciben la violencia sexual como una manifestación de lo mismo.

La Policía es la institución más mencionada como recurso en caso de violencia sexual, sobre todo entre los varones (65%); no tantas mujeres creen lo mismo (46%), lo que podría estar reflejando experiencias negativas propias, en tanto son las víctimas preferentes de esta violación a los derechos humanos.

Los centros de salud constituyen referencia sólo para el 7% de ambos sexos, y las organizaciones de mujeres para el 21% de las mujeres y apenas el 4% de los hombres.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje