Literatura de mujeres: memoria de un encuentro
El libro es el cuerpo que las mujeres tenemos que liberar para que no nos domine el silencio que nos ha subordinado ancestralmente. Pasar de los miedos a los medios es dar cuerpo a la voces que en el libro toman la palabra», dicen Melba Guariglia, Alicia Migdal, Tatiana Oroño y Sabela de Tezanos en el prefacio de «La palabra entre nosotras», un libro que es la memoria del Primer Encuentro de Literatura Uruguaya de Mujeres.
Las seis mesas que a fines de 2003 se desarrollaron en cuatro días, están reflejadas en otros tantos capítulos del texto.
MAS DE CUARENTA PONENCIAS
Concebidos como etapas, comienzan por un panorama histórico con énfasis en determinados períodos como los años 60 o las autoras pre y posdictadura; enfoques sobre la obra de figuras relevantes como Idea Vilariño, Armonía Sommers, Demira Agustini, entre otras; análisis sobre autoras contemporáneas como Marosa Di Giorgio, Cristina Peri Rossi, Teresa Porzecanski; perspectivas desde la generación del 45 a la dramaturgia contemporánea de mujeres; miradas desde la filosofía, la sexología, el psicoanálisis y la transgresión de género como propuesta literaria; testimonios de experencias colectivas recientes como Memoria para Armar, homenajes, críticas a la crítica.
Entre los propósitos de las organizadoras del encuentro, ahora editoras del libro, nunca estuvo agotar el tema: muy por el contrario aspiran a que surjan nuevas preguntas y respuestas.
Sin duda a ello contribuirá el material recopilado, muy rico en su diversidad y, en general, de fácil comprensión para públicos amplios.
A modo de muestreo, limitado por el espacio disponible, seleccionamos algunos abordajes que apuntan a los condicionamientos de las mujeres a la hora de escribir, la crítica literaria, la invisibilidad de las escritoras en los programas educativos, las dificultades y necesidades a la hora de editar.
ESCRIBIR, EDITAR Y MOSTRAR
«La hoja y como nos movemos en ella es un reflejo de nuestro ser en el mundo. De niñas aprendemos que el espacio asignado es el de lo íntimo, y es en ese lugar que empiezan muchas de nuestras escrituras (diarios secretos), repletos de vivencias (…)» afirma la psicóloga Sandra Misol, al tiempo que estimula la producción cuando recuerda que «Hay pensamientos que no se alumbran si no es escribiendo, en la búsqueda de la palabra, en la tachadura, en la corrección, en el titubeo se encuentra el acto de conocimiento».
Marisa Silva Shultze enfoca la crítica literaria: «Las mujeres escritoras podemos ser muy malas, malas, mediocres, buenas. En eso, como en tantas y tantas cosas más, los hombres y las mujeres nos parecemos. Pero lo que cabe problematizar es desde dónde se nos va a analizar, desde qué perspectiva ideológica se va a ubicar el crítico o la crítica. No es necesario, creo, encontrar de modo suspicaz supuestas reivindicaciones feministas cada vez que una mujer crea un personaje femenino que al crítico o a la crítica les parece mal resuelto».
María Inés de Torres, profesora de literatura, advierte: «Ha sido más fácil que los programas de literatura se abrieran a las manifestaciones de la cultura popular a que se abrieran a la literatura de mujeres. Los referentes ‘universales’ de la literatura uruguaya siguen siendo escritores varones, en su mayoría. La literatura de mujeres ocupa distintos niveles en los peldaños inferiores».
Carina Gobbi y Graciela Pujol, responsables de Doble Clic Editoras, opinan que «El editor o la editora debe cumplir, más allá de los procedimientos técnicos, un papel de acompañamiento en las últimas etapas de confección del libro (…) La experiencia muestra que en el caso de las mujeres la etapa de edición es muy importante. Ellas aprecian de manera especial el acompañamiento y la práctica de cuidado».
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