La tragedia de Romina

Romina Tejerina tenía 18 años el lro. de agosto de 2002 cuando, según el relato que formuló y sostuvo ante la Justicia, el Pocho, un vecino suyo 20 años mayor, a la salida de un baile la persiguió con un auto y la violó dejándola embarazada.

La joven, nacida en una familia muy humilde de San Pedro, localidad sita a 30 kilómetros de San Salvador de Jujuy, cursaba entonces quinto año de liceo. Desde la infancia conoció los golpes de un padre muy rígido, que en la adolescencia no cesaba de llamarla puta por pretender salir en grupo con sus hermanas, y le advertía que si resultaba embarazada a él iba a darle un infarto.

 

DE VICTIMA A CULPABLE

Por miedo y vergüenza, Romina no denunció la violación y ocultó su embarazo. En febrero de 2003 parió sola, en un baño, a una niña a la que apuñaló con el mismo cuchillo que usó para cortar el cordón umbilical. Cuando su hermana la encontró, le dijo: «La nena tenía la cara del violador».

La recién nacida murió poco después en el hospital, y Romina fue detenida. Apoyada por organizaciones de derechos humanos, hizo la denuncia por violación al tiempo que se le iniciaba juicio por homicidio.

¿Usaba minifaldas y/o ropa transparente? ¿Salía bailar y se hacía notar en las discotecas? ¿Fue vista con chicos? Estas y otras preguntas similares le fueron formuladas a Romina al indagarla en una y otra causa. A quien denuncia el robo de un automóvil, jamás se le pregunta si lo exhibía provocativamente, advirtió recientemente en Montevideo el juez de Cámara del Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Argentina, Carlos Rozanski.

El hombre acusado de violación admitió la relación sexual pero porfió que había sido consentida, y lo dejaron en libertad por falta de pruebas. El ya le había dicho a Romina que se callara la boca, que nadie le iba a creer porque ella era una «chinita» y él un hombre mayor, con buenos contactos en la comisaría. Y se le reía en la cara cuando casi a diario se cruzaban en el barrio.

En el juicio por homicidio, el abogado de Romina pidió como prueba que se le realizara una autopsia a la beba muerta, para determinar la paternidad a través del ADN, pero no se hizo. Liliana Fernández de Montiel, la fiscal que pidió para la joven cadena perpetua, dijo al diario jujeño «La Capital»: «No es que yo tenga que saber de quién es el hijo (…) esto de ver si hubo violencia, si es del Pocho o no es del Pocho, no es relevante». «Espero que se le ablande el corazón, es una piedra», aventuró Elvira Baños, madre de Romina. Pero, sin perjuicio de admitir que en el norte argentino «hay una cultura bastante cerrada y machista» y que «Los menores que sufren abusos, maltrato, abandono, violencia doméstica, llegan a esta etapa del delito», la representante del ministerio público reclamó la pena mayor para un homicidio agravado por el vínculo.

En l994 se derogó en Argentina el delito de infanticidio, que con una pena máxima de 3 años contemplaba el homicidio del recién nacido cometido por su madre «para ocultar la deshonra».

 

UNA FAMILIA «CHAPADA A LA ANTIGUA»

«Ni siquiera yo me di cuenta de que estaba embarazada», reconoce su madre, y Romina, en una entrevista que le realizara la periodista Marta Dillon para «Pàgina 12″, lo explica: «Yo no tenía confianza ni con la mami ni con el papi. Si algo quisiera cambiar es eso, tener confianza para poder hablar con ellos en vez de andar siempre con miedo».

«¿Culpa? Claro que sí, porque yo sé que me desquité con una criatura que no tenía nada que ver, pero si hubiera crecido, no sé, la hubiera rechazado también. Yo estaba en shock. Me acuerdo de que me llevaron al hospital y ahí me agarró un oficial Reyes, que yo conocía del barrio,y me empezó a zamarrear, a decirme `pendeja de mierda, qué haz hecho`… Y yo muda, lo miraba. Después vino la neonatóloga y de vuelta sacudirme, así con odio, que qué había hecho, que no me haga la mosquita muerta porque era un monstruo. Esas son las palabras que tengo grabadas», extrae textualmente Dillon de su charla con Romina en vísperas de que se emitiera la sentencia.

 

EN EL BANCO DE LOS ACUSADOS

Días antes, la periodista Norma Morandini había escrito para el diario «Clarín`»: «En el banco de los acusados está sentada la joven que mató a su bebé. (…) Pero también estamos sentados todos. Un Estado que la desprotegió en la educación, una cultura masculina que seduce sin responsabilidad, la masividad televisiva que vulgariza el erotismo y adolescentes que no dejaron las muñecas y ya cargan con bebés en sus brazos. Ese entramado de creencias y valores que configuran una sociedad y sobre el que se bordan las tragedias individuales. Por eso, lo que le sucedió a la muchacha de Jujuy no se puede reducir a una disputa entre aborto sí, aborto no. Seguramente si estuviera permitida la interrupción del embarazo, no estaríamos hablando de Romina. Pero no hubieran desaparecido la vulnerabilidad de las chicas pobres de provincias, ni la prepotencia masculina, ni las violaciones de cada día, ni que los violadores estén sueltos, amparados por las masculinas instituciones de la Policía y la Justicia, ni los embarazos adolescentes, ni que se sospeche más de las víctimas que de los delincuentes».

Romina hoy tiene 21 años, y su sueño más caro es terminar el liceo. Su abogado defensor espera la fundamentación del veredicto judicial, que se dará a conocer el 22 de junio, para apelarlo.

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