El pintor Freddy Sorribas censurado en Salto por sus opiniones sobre la "globalización"
–¿Sorribas, usted se presentó a la Bienal de Salto y lo censuraron?
–Sí, me presenté con todo un sentimiento positivo, ya que hace unos años en la 6ª Bienal se me premió con la medalla de oro. Tengo muy presente que todo certamen de pintura es absurdo y arbitrario, no lo digo por despecho. Pero un certamen arbitrario por naturaleza debería de hacer lo humanamente posible por ser lo más justo, por ejemplo en el caso de esa Bienal, no haberle dado el gran premio a Carlos Páez Vilaró luego de ser invitado, fue un error.
Lo que sucedió conmigo está relacionado con un hecho que considero grave y de consecuencias profundas. Allí en Salto una parte del jurado se dejó influenciar por la censura, prohibición y destrucción de mis pinturas a manos de funcionarios comunales, que sufrí un año atrás en Piriápolis.
–¿Qué pasó en Piriápolis?
–Lo que sucedió en Piriápolis y ahora en Salto, es una clara censura de ideas, represión de conciencia. Es notorio que yo no estoy de acuerdo como está funcionando la sociedad humana, no acepto la llamada globalización y muchos de los fenómenos que derivan de ella sin una observación crítica.
Yo soy pintor, mi producción y forma de comunicación es la pintura, por lo que con ella trasmito lo que pienso (esto todo es muy básico, casi a esta altura no habría que explicarlo). Por eso pinté para mi exposición en la Casa de la Cultura de Piriápolis cuadros que decían esto de la «globalización», «que no es lo mismo tener dinero, que no tenerlo, y que ésta es la situación que se expresa en la sociedad uruguaya». Y aparecieron «cuatro» censores bien mandados y prohibieron y destruyeron mis pinturas.
Ahora los volví a pintar con más colores y tamaño, y los mandé a Salto. En Salto pasó lo que en Piriápolis. Todo esto me conmueve mucho, me preocupa como esta conducta censora se extiende en Uruguay, cómo puede haber personas que intenten que todos pensemos igual, que quieran uniformizarnos, imponernos la globalización en la forma de pensar.
Me llama mucho la atención que las autoridades de la Bienal de Salto propiciaran un jurado que aceptó lo anti-democrático: censurar mis ideas sobre globalización, excluyendo mi obra de la posibilidad de ser vista por el público de Salto.
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