¿Por qué trabajamos ahí? ¿Quiénes somos?
Bella Unión – La luz la cortan y la olla no se puede parar. En medio de eso, los más perjudicados son los chiquitos. Hoy la desnutrición aumentó y casi la mitad de los niños del barrio «Las Láminas» no es controlada por los médicos.
Muchos de afuera y de forma superficial dirán: «qué madres dejadas». «Los de ‘Las Láminas’ se abandonan».
Pero hay que estar en sus zapatos, venir a un control, trayendo a 4 o 5 niños o más, que no tienen control, que no pueden quedar solos en el ranchito. Pasar la mañana; uno llora, otro se hace encima, otro pide comida.
Para que en la consulta le digamos: «Tu bebé tiene anemia, pero no tenemos el medicamento que necesita, si podés compralo en la Barra (seguro que no va a poder comprarlo).
Próximo control, día de lluvia, un barrial, no va, se le empapan los únicos championcitos, y volverían enfermos del pecho.
Conclusión: abandonan el control, consultan cuando están ya muy enfermos.
Fue así que nació la idea de controlarlos ahí en su lugar.
Así nos juntamos trabajadores de salud de la policlínica «Gotardo Bianchi», con mamás solidarias de «Las Láminas» y «Las Piedras». Se nos sumó también una compañera enfermera y con dos años de estudio de nurse, que se entregó tanto al trabajo que incluso se fue a vivir a «Las Láminas».
¿Con qué contamos para empezar?
No teníamos nada, ni local, ni un peso… pero sí la ganas enormes de luchar contra la desnutrición. Conocimos una experiencia brasileña, de alimentación alternativa donde procesan alimentos que todos descartamos, como la cáscara de huevo que con un tratamiento se transforma en calcio. Se utilizan también las semillas tostadas del zapallo y otros productos transformándolos en vitaminas y aporte alimentario para el niño.
Esta experiencia está avalada por pediatras y nutricionistas y ha logrado bajar la desnutrición en muchos estados de Brasil.
Así arrancamos: se realizó un curso, las mamás aprendieron sobre nutrición y desnutrición, aprendieron a pesar y medir los niños, vimos y aprendimos con un video brasileño y comenzamos a trabajar.
No había policlínica
Sencillo; una familia solidaria abrió las puertas de su casa y la transformó en policlínica, una piecita es sala de espera, en un dormitorio se desvisten los niños, otros en el comedor se pesan, miden y luego se los examina.
Después de la consulta, mientras unos molían las cáscaras de huevo, otros tostaban las semillas de zapallo… Y así procesando y embolsando alimentos alternativos, planificábamos las próximas tareas. Pero sobre todo crecía ese pequeño grupo, en unidad, en solidaridad y nos fuimos convirtiendo en una familia.
Hubo enfermedades, pérdidas familiares, se interrumpieron parcialmente las tareas, pero aun en el dolor estuvimos juntos. Hoy retornamos todos con más fuerza.
Nueva propuesta: jugar y aprender juntos
El control y los alimentos con vitaminas no alcanzan. Salud, no es sólo dar un remedio.
Así nació entre los más jóvenes, la idea de juntarnos los sábados para jugar con los mismos chicos que atendemos. Y ahí nomás en el campito.
Unos tablones de mesa, papel y lápices de colores y comenzamos a dibujar entre todos; luego juegos, después una pequeña merienda. Las mamás en una rueda de mate, fue un precioso sábado.
Esto es sólo el comienzo, seguirán otros sábados con más juego y estimulación. Con más cariño y ganas de hacer. Y seguiremos luchando por otras cosas que hacen a la salud de esos chiquitos; como por ejemplo que tengan un techo más digno, más seguro.
Y juntos, no desde arriba, sino codo a codo seguiremos con el equipo de salud, las mamás y los papás que se acerquen, el vecino solidario que se quiera sumar, luchando no sólo contra el hambre, sino por una vida más plena. Por un mañana donde esos chiquitos, nuestros chiquitos, sean más útiles para sí mismos y para la comunidad.
Firma: Comisión de Salud de «Las Laminas» y «Las Piedras».
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