La "publicidad" oficial
Al paso de la semana han venido gestándose nuevos comentarios sobre el quehacer político. Uno de ellos refiere a la partida erogada, durante 1999, por concepto de publicidad por parte de la Intendencia Municipal de Salto.
Nunca se vio un despropósito mayor que lo gastado por la comuna en propagandear su gestión. Prueba de ello fue que en el período previo a las elecciones se daba autobombo, una y otra vez, en distintos medios y bajo distintas modalidades a las obras efectuadas por el Municipio.
Está bien que la Intendencia publicite las fechas de vencimiento de los tributos, o que cumpla con los requisitos administrativos cuando llama a licitación o que invierta en una fuerte campaña de educación vial o sanitaria. Asimismo es correcto que apueste a una inversión publicitaria de sus bellezas naturales y de sus atractivos turísticos. En esos casos está bien que invierta los dineros del pueblo y contrate a los medios de comunicación para dedicar espacios referidos a aspectos de interés general. Pero lo que resulta intolerable es que lo que la gente tributa se gaste en propagandear que se hizo tal obra o tal o cual camino. Que se tiraron fuegos artificiales o que se ayudó a tal o cual institución u obra de interés público. Esas cosas no deben ser objeto del «autobombo» por parte de la comuna. Si las obras se hicieron la gente las verá y evaluará lo cumplido o no por sus gobernantes.
Otro aspecto es el que tiene que ver con la forma en la cual se distribuye la publicidad de la Intendencia. No hay un criterio profesional ni de mercadeo en las inversiones publicitarias. La publicidad oficial es, en muchas ocasiones, la forma de favorecer a determinados medios y a ciertos arrendatarios de espacios periodísticos.
El criterio no siempre es selectivo de audiencia, calidad periodística o circulación, sino que es conteste a las afinidades, amistades o cercanías políticas con el poder. La discriminación de algunos medios o espacios periodísticos ha sido moneda corriente en la administración municipal y para ello basta con analizar a quién no se le dio o se le dio menos publicidad en el año 1999, tal como se desprende del informe remitido por el intendente a pedido de los ediles de la Lista 71 del Partido Nacional.
Existe en la comuna una repartición de Relaciones Públicas y Prensa dirigida por Luis Pérez, un veterano periodista, corresponsal de un medio escrito de circulación nacional, quien siempre aduce no ser él quien define los destinos de la inversión publicitaria. Las «compras» de publicidad escapan a su decisión, se le ha comentado a El Tábano. Habría que preguntarle al escribano Eduardo Malaquina, responsable último de la gestión comunal, por qué tiene a un profesional de la comunicación como jefe de Relaciones Públicas y Prensa, y no lo deja definir de qué forma se puede invertir mejor en publicidad los dineros del pueblo. No sólo es invertir en forma equívoca o discriminatoria los dineros de los salteños, sino que es desaprovechar la experiencia de un veterano periodista, quien podría aconsejar debidamente cuáles espacios –de prensa, radio o televisión– adquirir con mayor aprovechamiento de sus fines.
Que la publicidad oficial sea la difusión de las cosas de interés público y nunca una prebenda a determinados medios y mucho menos una paga acalladora de verdades que puedan molestar al poder político. Es de esperar que el intendente Malaquina rectifique su rumbo en la materia.
«El Tábano» (el que pica y deja roncha)
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