La familia Santín Valentia la búsqueda de "un lugar en el mundo"
Salto – Poco después la mujer y los niños ingresaron a un centro educativo cercano al complejo comercial. Allí explicó que tuvo que «venir al Hospital Regional de Salto» y pidió si la podíamos ayudar con «18 pesos que es lo que me falta para pagar el ómnibus que me llevará de vuelta a Quebracho. Es que mi marido está haciendo una changa allí y nosotros estamos con él. Tuve que traer a uno de los gurises al Hospital y la plata no me alcanza para volver», explicó la mujer. Las caritas de los niños y la limpieza que emergía de tanta pobreza, conmovieron a las funcionarias del liceo, quienes le proporcionarion el dinero que necesitaba. Luego relataron a La República del Litoral lo ocurrido.
Son postales de la ciudad sobre las cuales uno piensa que no va a volverá a tener noticia. Sin embargo, al leer la información sobre ellos del diario Cambio, el destino provoca un nuevo encuentro con esta familia. Esta vez nos enteramos de más detalles sobre su dramático vivir.
La familia Santín-Valenti –así se llaman– hace dos años que vive sin domicilio establecido desde que fueron desalojados de una modesta finca ubicada en el Barrio Baltasar Brum de Salto. Tienen cinco hijos y la señora está embarazada de seis meses y medio.
La gente del Barrio Artigas y del comedor El Pelícano, les arriman alimentos y se les permite que provisoriamente duerman en el salón parroquial.
El diario Cambio cuenta que el jefe de la familia, Hugo Marcelo Santín, tiene 33 años y está casado con María Teresita Valenti, embarazada de seis meses y medio. Tienen cinco chicos, cuatro nenas (Daiana 7 años, Eliana 3, Alejandra 4 y María Teresita 2) y un varón (Gustavo, de seis años).
«Fui desalojado –explica Santín– hace dos años de una vivienda ubicada en el Cerro, en Bella Vista 345, y desde entonces vamos de un lugar para otro». Relataron al colega salteño que, en todo este tiempo, vivieron en varios lugares, la mayoría de las veces a la intemperie; debajo de un puente, en un monte o en un descampado.
La señora tuvo uno de sus hijos debajo de un puente, en el departamento de Paysandú. El jefe de familia realiza changas, tanto en la ciudad como en la campaña, y a pesar de las dificultades por las que atraviesa, siempre consigue la alimentación para su familia. Dos de los pequeños en estos momentos están enfermos y la señora dentro de pocos meses alumbrará un nuevo hijo.
Santín fue hasta la oficina de Acción Social de la comuna salteña, «donde pedí un corte de rancho y un terreno para ubicarme. Me ofrecen chapas o un corte de rancho, pero no tengo terreno donde levantar la vivienda. Los chicos están bien cuidados, somos de buena familia pero aquí falta algo, un rancho. Si me dan chapas, falta el terreno. Ya me han dicho que no me lo pueden dar, porque no hay disponibles pero yo necesito un lugar fijo donde poder establecerme con mi familia».
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