Peruanos casi asesinan a un agente de la Primera
El agente Gerardo Gabriel Mareco Da Silva de 25 años, quien ingresó a la fuerza policial el pasado año, realizaba su misión prevento represiva. Había tomado el turno hacía pocos minutos y debía recorrer la calle Andes en toda su extensión. En eso estaba cuando llegó al cruce con San José. Eran poco más de la seis de la mañana del sábado pasado.
Dos muchachas jóvenes esperaban un ómnibus en la parada ubicada en dicha intersección, cuando dos hombres jóvenes y en estado de ebriedad se colocaron al lado de las damas y comenzaron a pedirles plata para comprar cerveza y cigarrillos. Ellas dijeron que no y ellos insistieron de manera agresiva. Con ese cuadro de situación se encontró el agente Mareco, quien intervino en defensa de las muchachas.
Sin embargo no lo hizo deteniendo a los individuos, sino que les ordenó que se retiraran, lo cual fue acatado. El policía se quedó un rato con las chicas llevándoles tranquilidad, para posteriormente continuar con su ronda por la calle Andes, sin pensar que unos metros más adelante lo esperaba una emboscada. Efectivamente, al pasar por un zaguán no advirtió que los hombres a los que había «echado» estaban agazapados a la espera de su paso.
Riesgo de muerte
Uno de los atacantes rompió una botella que tenía en su mano, de modo tal que se quedó con el pico astillado, el cual colocó en rápidos movimientos en el cuello del agente. Al mismo tiempo el otro desconocido sacó un cuchillo y lo puso en el abdomen del uniformado haciendo presión.
Todo ocurrió en pocos segundos. La escena fue advertida por el portero de un edificio, que años atrás fuera policía. El trabajador no dudó en reaccionar y tras correr unos pasos se abalanzó contra quien portaba el arma blanca, logrando desestabilizarlo. Esta acción permitió la confusión del que tenía la botella y dio margen de maniobra al agente, que demostrando buenos reflejos lo redujo sin recibir heridas.
Con los agresores ya dominados se solicitaron refuerzos para conducirlos a la comisaría, donde fueron identificados como ciudadanos peruanos. Uno de ellos de 23 años, Juan Carlos Prieto Cusiquispe, y el otro de 27, Edwin Iván Sánchez Marcelo. Puestos a disposición del juez Penal de 1er. Turno terminaron procesados con prisión por «un delito de atentado». El magistrado dispuso también que se solicite a la Dirección Nacional de Migraciones que determine la situación legal de los extranjeros, mientras que a Interpol se requirió la compulsa de sus archivos para establecer si están requeridos.
Trifulca en la pensión
Este hecho de violencia extrema se enmarca dentro de una serie de actuaciones que la Seccional 1ª debió realizar en las últimas horas, como ser el caso de una trifulca generalizada que se desarrolló en la pensión emplazada en Cerrito 542. Los problemas en el lugar habían comenzado el pasado 19 de noviembre, cuando la propietaria del lugar, GYRM de 47 años, intentó desalojar por la fuerza a tres de sus inquilinas.
Las mujeres de 23, 24 y 37 años, de ocupación meretrices, estaban atrasadas en el pago, lo cual motivó que la dueña del lugar comenzara a arrojar sus cosas a la calle. Esto derivó en una trifulca generalizada, que igualmente se desvaneció cuando las inquilinas reingresaron con sus pertenencias al inmueble. Pero al día siguiente se viviría un nuevo capítulo de violencia.
Fuentes policiales indicaron a LA REPUBLICA que hasta la pensión llegó un fletero que pidió dialogar con GYRM a quien le dijo que venía a llevarse las cosas de las tres habitantes del lugar. La pensionista aceptó a pesar de la deuda, dando a entender que se sacaba un problema de encima. Cuando estaban siendo cargados los enseres arribaron las tres amigas, generándose un nuevo escándalo con intercambio de golpes, ya que comprobaron que se trataba de una maniobra planificada.
El fletero le dijo a la mujer de la pensión que había sido contratado por ellas, pero las meretrices negaron el punto. La batahola fue tal que debió intervenir la comisaría de la calle 25 de Mayo, cuyo personal arrestó a las cuatro protagonistas. Las actuaciones en torno al hecho permitieron demostrar que GYRM había llamado por su cuenta al fletero, con quien mantenía una relación sentimental.
Puestos los hechos en conocimiento de la Justicia, el magistrado Penal de 1er. Turno dispuso el procesamiento sin prisión tras dos días de audiencias, de la dueña de la pensión imputada de haber cometido «justicia por la propia mano».
Triplete
Finalmente, y siempre dentro del barrio histórico de Montevideo, otra patrulla de la Seccional 1ª detuvo a un joven y activo delincuente, que hacía sólo una semana había salido de prisión tras cambiarle el juez de su causa la privación de libertad por la realización de tareas comunitarias.
Los agentes policiales lo detuvieron mientras caminaba por las inmediaciones de Rincón y Juncal en posesión de varios efectos que acaba de robar, mediante el forzamiento de una puerta, en una camioneta estacionada en el cruce de marras. Tras ser conducido a la dependecia se comprobó que también era el responsable del hurto de valores desde otro auto, al cual le rompió uno de sus vidrios, en este caso estacionado en 25 de Mayo y Bartolomé Mitre.
Al ser identificado como Pablo Armando Fonseca Fernández, oriental de 20 años, se supo que tenía dos antecedentes penales, ambos acumulados en los últimos seis meses de 2002. El primero de ellos databa del 5 de junio cuando fuera procesado por receptación a raíz de un procedimiento del Departamento de Hurtos y Rapiñas, mientras que el segundo de ellos fue el 7 de agosto, cuando fuera apresado por la Seccional 3ª tras lo cual terminó en la cárcel por tentativa de hurto.
Ayer el mismo juez que en los casos anteriores lo envió otra vez a prisión a una semana de haber salido, en esta oportunidad le caratuló hurto especialmente agravado. *
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