Escritora de novelas policiales invirtió millones para desentrañar el misterio

El sangriento destripador de Londres ya tiene nombre y rostro

La famosa escritora de novelas policiales, Patricia Cornwell, acaba de publicar un libro en el que revela, según los resultados de una investigación que realizó, la identidad del "carnicero" londinense que a fuerza de sangre y muerte se ganó una posición principal en la historia criminal de la humanidad.

Sábado 16 de noviembre de 2002 | 7:43
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 El
pintor se

Durante 113 años se lo conoció como Jack el Destripador, ya que las hipótesis anteriores sobre su identidad nunca llegaron a convencer a quienes hicieron del accionar del individuo un motivo de vida. Investigadores policiales, particulares y aficionados a las crónicas rojas han realizado numerosas pesquisas en torno al enigmático asesino, que como únicas pistas dejó sus cinco víctimas y algunas cartas de dudosa autenticidad.

En la víspera, el diario El País de Madrid informa sobre el nuevo libro de Cornwell, titulado “Jack el Destripador. Retrato de un asesino. Caso cerrado”, de reciente aparición en EE.UU y Reino Unido. En sus páginas la especialista en novelas policiales asegura que Walter Sickert y Jack el Destripador fueron la misma persona.

“Estoy absolutamente convencida de que Walter Richard Sickert cometió esa serie de crímenes”, sostiene la escritora. Sickert tenía 28 años y era uno de los más prestigiosos pintores británicos en 1888, cuando cinco prostitutas fueron asesinadas y mutiladas en el barrio londinense de Whitechapel.

Narra el rotativo madrileño que la escritora se topó con el misterio de Whitechapel durante un viaje a Londres, cuando entró en contacto con un alto responsable de Scotland Yard experto en el Destripador. Si bien en un primer momento pensó en usar el relato del funcionario como hilo de su próxima novela, consumida por la fiebre del misterio se lanzó de lleno tras los pasos de Sickert.

Cuatro millones

En su afán por llegar a una verdad hasta ahora oculta, la mujer que amasó fortunas con su profesión luego de varios best sellers, adquirió 30 pinturas de Sickert, algunas por más de 70 mil dólares, y una mesa del artista para desmenuzarlas en busca de pruebas. La pasión de la novelista la llevó a utilizar forenses para analizar posibles rastros de ADN en la correspondencia que la policía victoriana recibió de personas que decían ser el Destripador, y contactó con los familiares vivos del pintor, que se caracterizaba por su afición a lo macabro. El joven artista se interesó mucho por los crímenes de las prostitutas de Whitechapel y años después realizó una serie de cuadros basados en la imagen de un hombre vestido junto a una mujer desnuda, a veces viva, a veces muerta, que evocaba al Destripador. Sostiene El País en su crónica que el carácter de rasgos psicopáticos del pintor encajaba también con el perfil psicológico del asesino. Para disponer de pruebas definitivas, Patricia Cornwell rastreó las cartas atribuidas al Destripador en busca de restos de ADN. Tras varios fracasos, la escritora obtuvo el ADN existente en el adhesivo de uno de los sobres con el que conservaba una carta remitida por una de las tres esposas de Sickert. El forense que realizó los análisis consideró que se trataba de una casualidad, ya que sólo había podido aislar unos pocos eslabones de la cadena cromosomática. No disponía, además, de ninguna muestra del ADN de Sickert, incinerado tras su muerte, en 1942. Todas estas pesquisas llevadas a cabo por la escritora le insumieron un total de cuatro millones de dólares. Cornwell afirma poner fin con este libro a uno de los misterios más difíciles de desentrañar, y deja de lado a una larga lista de sospechosos que en su momento fueron identificados como Jack. La nómina la integran desde un miembro de la familia real británica, al médico de la reina Victoria, a un joven abogado, a un empresario de Liverpool, y a un judío psicótico. *

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