No hubo venta de bebito: sólo la búsqueda de un futuro mejor

La mano que mece la cuna

JOSE RÜGNITZ

 

La mujer, que se llama Marcela, ingresó a la Escuela Departamental de la Jefatura de Policía de Montevideo como aspirante a agente de 2ª. Fue procesada sin prisión por el delito de «suposición de estado civil» y ahora enfrenta el proceso judicial, el retiro de sus dos hijos y un sumario en la Jefatura que podría depararle la pérdida de su empleo y su casa.

¿Qué hizo esta madre para merecer este castigo? Simplemente, según ella misma cuenta, buscar un mejor futuro para sus dos pequeños hijos. Una amiga de su infancia, que está casada con un uruguayo, hijo de alemanes, se radicó en Hamburgo.

Ante las dificultades que estaba pasando Marcela, abandonada por los padres de sus dos hijos, le ofrecieron anotarlo como hijo legítimo del descendiente germano con el fin de obtener los documentos que les permitiera viajar a Alemania.

Marcela narra a LA REPUBLICA que nunca hubo dinero de por medio: «Yo jamás pensé en vender a mi bebé. Todo fue una trama cruel para que Miriam Boggi (46) que cuidaba a mi pequeño Santiago Nazareno, se quedara con el niño porque se había encariñado con el bebito. Ella se salió con la suya, por ahora, porque momentáneamente lo tiene, pero yo soy la madre y exijo justicia».

La historia se repite

Según contó Marcela, ella tiene una mala experiencia con los hombres. El primero, que es director del Hospital de Río Branco, la abandonó cuando conoció a una brasileña y ella estaba con cinco meses de embarazo. Ahora, el médico trabaja también en un hospital de Yaguarón. Y como la historia se repite, algo idéntico le pasó con su segunda relación: el hombre la abandonó cuando supo que Marcela estaba embarazada.

«En enero de 1998 nació Juan Fernando Martínez, a quien el padre vio de casualidad porque estaba en el hospital como médico. Después, a pesar de su posición solvente, nunca me dio un peso para el niño. Además de trabajar en los dos hospitales fronterizos, es dueño de una emergencia móvil.»

«Más adelante, culminados los análisis de paternidad, pude obtener judicialmente el apellido de Martínez para mi hijo. La Justicia le ordenó la retención de tres salarios mínimos más una sobrecuota, pero él apeló presentando gastos personales. Hasta ahora, la cuenta judicial abierta en el BROU figura con la inscripción ‘sin movimiento'», explica la entrevistada.

Sola y con un hijo señaló: «Tras el abandono me vine a Montevideo a vivir con mi madre, mientras trabajaba en una farmacia. Como los dueños no la podían atender, hicimos un acuerdo para que yo la pudiera comprar el negocio en cuotas, pero me asaltaron varias veces e incluso me balearon en una pierna. Fue entonces que abandoné mi trabajo de farmacéutica».

La misma piedra

«Yo no quería ver a otro hombre ni pintado», refiere Marcela sobre la experiencia vivida con el padre de Juan. «Pero entonces conocí a otro hombre, mecánico industrial, de 37 años, que venía de una relación frustrada, con una mujer con la que había tenido dos hijos. Los dos veníamos de frustraciones y tratamos de unir nuestro dolor. Pasó el tiempo y quedé nuevamente embarazada. La noticia le cayó muy mal. Se negaba a tener otro hijo, pues el tenía dos y yo uno. Me pidió que lo abortara, a lo que yo me negué: no mataré a mi hijo, le dije».

«Entonces se separó y yo tuve que abandonar la casa que él alquilaba. Me dijo que no contara con él para nada. Me prestaron una casa en Shangrilá, pero yo seguía sin trabajo y en verano hacía tortas fritas para vender en la playa».

«De esa forma, en una casa sin luz ni agua, no permití que a mi hijo no le faltara nada, mientras cuidaba al que llevaba en mi vientre. Los que me habían prestado la casa querían cobrarme alquiler. Era lógico, pero yo no tenía trabajo y me quisieron dar el desalojo obteniendo una prórroga por intermedio de una abogada de oficio».

Terribles momentos

Marcela cuenta que vivió los momentos más terribles teniendo que ir caminando desde Shangrilá hasta el Pereira Rossell para controlar su embarazo.

Pero como siempre, hay una esperanza: dirigentes del Casmu le concedieron una atención especial por la situación y por el hecho de que había sido socia aunque tuvo que dejar de pagar la cuota. Pese a todo, tuvo suerte y allí atendieron a su hijo que nació por cesárea al cumplir 34 semanas de gestación.

Poco antes, a Marcela le había llegado una nueva oportunidad mediante la intermediación del jefe de Policía de Montevideo, Nelsi Bobadilla, quien la recomendó para que ingresara como aspirante a agente de 2ª en la Escuela Departamental de Policía, pese a que estaba en su quinto mes de embarazo.

Pero a los pocos meses le tuvieron que dar licencia para tener familia y llegó Santiago Nazareno. Su padre fue avisado del nacimiento y el hombre respondió que no le interesaba. Sola, con sus dos hijos pequeños, se fue a vivir al Complejo América de Colón. La Jefatura puso el camión para hacer la mudanza y ella sentía que ya no estaba tan sola.

«El 25 de setiembre terminé mi licencia y me reintegré a la Escuela Departamental, donde conseguí colocar a Juan en la guardería de la Jefatura. Como yo estaba en la escuela tuve que pagar una camioneta para mandar a mi hijo a la guardería. También conseguí una persona que cuidara al bebito cuando yo no estaba. Esa señora, que se llama Miriam Boggi, llegó a mi casa como la ex novia de mi hermano y yo la tomé como niñera», relata. «Pero luego, las cosas cambiaron. Como yo entraba muy temprano y ella vivía lejos, le permití que se llevara al niño a su casa tres veces por semana y así se ahorraba el boleto. Yo iba todos los días a la hora 13.00 a verlo, le traía pañales y lo llevaba al control en el Casmu para retirar las recetas».

Destino: Alemania

«La prensa relató una historia que no tiene nada que ver con la realidad. Lo que ocurrió es que una amiga de la infancia, hija de alemanes, se fue a vivir a ese país tras casarse con un uruguayo hijo de alemanes. Hace un mes volvió de visita y me contó que le iba de maravillas. ‘Allá es otro mundo’, me explicó. ‘¿Por qué no te venís conmigo?’ me dijo. Le contesté que no podía por mis dos hijos», expresó Marcela a la hora de iniciar el relato sobre los episodios que terminaron en su reciente procesamiento.

«Hablamos sobre el abandono en que me tenían los dos padres de mis hijos y ella me sugirió que a Santiago, de cuatro meses, lo podía anotar su marido como hijo suyo y de esa manera adquiría la nacionalidad alemana. Yo lo pensé: el padre lo había abandonado y yo tenía el derecho de velar por su futuro. Iríamos a Alemania».

«Fuimos los dos al Registro Civil para anotar a mi hijo, pero para ese entonces la trama siniestra ya había sido organizada por Miriam Boggi, la cuidadora. Yo cometí el error de confiarle mis planes con el sueño de irnos todos para Alemania. No se trataba de venta alguna de mi hijo, sino de la búsqueda de un destino mejor. Santiago se va primero con ellos y después que yo reúna algún dinero viajo a Alemania con Juan para reunirnos todos. ¿Acaso los seres humanos no tenemos derecho a buscar un mundo mejor?».

Todos detenidos

«Al principio yo no me daba cuenta. Pero ella se había encariñado con Santiago y armó todo para quitármelo. Ella me pidió que le dejara el bebé, pero yo le respondí que yo no se lo doy a nadie. Entonces le ofrecí dejarla en mi apartamento. Lo que hizo fue reunirse con el sargento Rodríguez del Departamento de Hurtos y Rapiñas, con quien mantenía un vínculo sentimental, y le contó su visión del tema, diciéndole que yo
estaba por vender a mi hijo menor por 5.000 euros a unos alemanes», señaló.

«Cuando llegábamos al Registro Civil con los alemanes paró un auto del que bajó este sargento acompañado por otros dos policías. Nos acercamos porque nos conocíamos y él me tomó de la muñeca y me esposó por la espalda. Debo agregar que por estar uniformada, yo no puedo ir por la calle cargando un bebé y por eso lo llevaba la mujer del alemán, situación que les sirvió para informar que ya el bebito estaba vendido», aseguró.

En ese sentido señaló que también fue esposado el esposo de la pareja y «nos llevaron a todos a la Jefatura, donde nos interrogaron por separado. A mí me dijeron que ellos habían confesado que me dieron 5.000 euros y a ellos le dijeron que yo había aceptado el dinero y querían saber dónde estaba. Yo negué todo, pero igual me pasaron al juez, quien no pudo procesar a nadie por la venta del bebito, ya que no había existido ni iba a existir. En cambio, al alemán que iba a anotar a mi hijo a su nombre para hacerme un favor lo procesaron igual que a mí, sin prisión, por suposición de estado civil».

La mujer que de un día para el otro perdió a sus dos hijos sostiene: «Lo peor de todo esto es que le mintieron a la prensa para reforzar toda la falsedad y lograr el objetivo de quitarme a mis hijos. Juan está ahora en el Iname, porque como yo estaba presa, en la casa no había nadie que pudiera hacerse cargo del niño. Por otra parte, el Iname llamó al padre de Juan para que se hiciera cargo, pero el hombre no quiso saber nada de su hijo. Santiago, el más pequeño, que apenas tiene cuatro meses, está ahora con la cuidadora que me lo robó y por orden del juez no me dejan verlo. La pareja actual de esta mujer es el sargento Rodríguez, precisamente quien hizo el procedimiento».

«Eso no es todo; hoy la gente del barrio me insulta y me escupe acusándome de que quería vender a mi hijo», afirmó la mujer. *

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