"Taxi boys" desocupados eran los cibercopadores
Se trata de tres hermanos y otro joven, todos sin antecedentes penales, que decidieron incursionar en el delito de copamiento, debido a que su anterior ocupación de «taxi boy» había caído en desgracia a causa de la crisis.
Esta historia tiene sus inicios cuatro meses atrás cuando comenzó la grave crisis financiera motivada por el cierre de cinco bancos y la caída meteórica del peso uruguayo. Los cuatro amigos, tres de ellos hermanos de 18, 22 y 30 años, y el restante, de 20 años, vieron sus horas de trabajo como «taxi boys» reducidas casi a cero porque la crisis afectó a todas las capas sociales.
Ante esa circunstancia comenzaron a idear la forma de obtener dinero y como por su actividad frecuentaban bares nocturnos, fue allí que comenzaron a conocer a sus primeras víctimas. Luego de observar su comportamiento, si demostraban que tenían algún dinero en sus billeteras, los seguían hasta establecer sus domicilios. Así funcionó en dos casos, luego de verificar la hora de llegada de la víctima. Entonces la esperaban en las cercanías y cuando iba a ingresar la dominaban entrando ambos a la finca.
Desde un cibercafé
El comisario Ricardo Ponti, jefe de Hurtos y Rapiñas, observó de las numerosas denuncias por copamiento ocurridas en los últimos meses, que dos de ellas habían sido mediante el factor sorpresa junto a la puerta de la casa de la víctima, lo que indicaba un conocimiento previo o un seguimiento continuado para conocer la rutina.
Luego llegaron tres denuncias más que establecían un cambio en la operativa. Las víctimas manifestaron haber conocido a los atracadores mediante contacto por Internet desde una computadora emplazada en un cibercafé de 18 de Julio por intermedio de uno de los canales de chateo uruguayo, lo que indicaba una nueva forma para seleccionar a las víctimas, nunca conocida antes por la Policía.
Tras una rigurosa investigación que demoró cerca de un mes en progresar, se logró detener a un joven de 22 años, iniciales VAOP, carente de antecedentes penales.
Luego de allanarle su domicilio se incautó un porta CD, una medalla «Ciudad de México», alhajas varias e insumos de computación, estableciéndose que todos esos efectos eran resultado de diferentes copamientos.
Sorpresa
Hasta ese momento se desconocía que el detenido integraba el grupo de los delincuentes «chateadores».
Sin embargo, este joven que dijo que era un «taxi boy» desocupado declaró que el 23 de junio próximo a la hora 15 abordó a un hombre frente a su domicilio de la calle Brenda, a quien le sustrajo su tarjeta del cajero retirando dinero del mismo.
Los efectivos de Hurtos y Rapiñas tuvieron la confirmación de que este joven no trabajaba solo y posteriores indagaciones permitieron detener a dos hermanos de 18 y 30 años, siendo también capturado el cuarto integrante del grupo, que tiene 20 años, también «taxi boy» desocupado.
Al ser interrogados por separado se estableció que este grupo era el responsable de los copamientos concretados mediante contacto con sus víctimas vía Internet, habiendo totalizado a la fecha cinco asaltos, dos previos de forma directa y los otros tres mediante un primer contacto virtual. Dijeron que ellos iban a dos cibercafé de la zona céntrica donde comenzaban a «chatear» hasta conectarse con otro «cibernauta». Luego de entrar en confianza se invitaban a conocerse y la víctima le daba la dirección y una hora de visita. Primero iba uno solo para hacer contacto y examinar si había más personas. Luego, si todo marchaba bien, decía que iba a buscar unas cervezas y cuando regresaba lo hacía con dos «amigos» quienes se encargaban de dominar a la víctima. Tras amenazarla con un arma le robaban dinero y efectos, hurtando tarjetas de cajeros automáticos, logrando obtener el número del pin mediante amenazas.
Luego iban al cajero y retiraban el dinero que había. De esa forma atracaron también fincas instaladas en la calle Núñez de Arce, Bulevar España, Gabriel Pereira y finalmente en Hipólito Yrigoyen.
Anoche, los cuatro cibercopadores declaraban ante el juez Penal de 11er. Turno, luego de haber informado a la Policía que cuando los atraparon tenían planeados otros cuatro golpes más. *
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