Miedo en Washington
Día y noche, más de mil integrantes de la Policía Metropolitana de Washington DC y el FBI con el apoyo logístico de efectivos del Ejército patrullan toda el área donde viven más de cinco millones de personas en busca del individuo que desde el 2 de octubre pasado viene sembrando el terror.
Parece mentira, pero un solo hombre (según parece) con un arma de largo alcance (una Remington, modelo Galil, AR-18 o AR-15, según la revista Newsweek) o una M-16 de acuerdo a otras versiones y un vehículo, del cual se sospecha que es una camioneta Van blanca, ha puesto en jaque a la capital del país que se jacta de ser el más poderoso del mundo y de poder hacerle la guerra a quien sea y donde sea.
Precisamente ayer, el presidente George Bush acaba de firmar el nuevo presupuesto de Defensa por la suma de 355.400 millones de dólares, superando en más de 34.000 millones el presupuesto militar de 2002 (es el mayor incremento desde los años 80, bajo la administración Reagan). Claro que la tecnología ha ayudado a este psicópata que dice ser Dios; se burla de los cuerpos de seguridad llamándolos «ineptos» y tiene muy buena puntería, ya que puede disparar desde 600 metros de distancia. Ayer surgió una posible pista de un desertor del Ejército francés como sospechoso, aunque oficialmente el extremo no fue considerado a fondo.
La amenaza del francotirador está latente en los washingtonianos. Algunas gasolineras de los suburbios de DC (el norte de Virginia y el sur y oeste de Maryland) han puesto unos telones de protección para poder reconquistar a su clientela, que ahora, asustados por la posibilidad de morir de un balazo, van a cargar nafta a DC, a pesar de que en la capital es bastante más cara. «Nunca ha estado la gasolina tan barata en DC», bromeaba hace unos días un titular del Washington Post.
En zig-zag
A medida que pasan los días la incertidumbre sigue aquejando a la población local que no hace otra cosa que hablar del misterioso asesino. Es común ver a las personas corriendo hacia su auto cuando salen de las tiendas. «Ahora cuando salgamos tenés que moverte en zig-zag», dijo a este periodista una colega, días pasados cuando salía de una cobertura en Silver Spring, Maryland.
Otra de las discusiones que se viene dando en la prensa estadounidense es la exagerada paranoia de la población, según algunos analistas que ya no saben qué decir ante las cámaras de TV. Por ejemplo, en los barrios negros del Sur de Washington (y la zona lindera de de Prince George, en Maryland) hay un promedio de un muerto de bala por día; en DC los afroamericanos son el 65 por ciento de la población. Hasta no hace mucho tiempo a Washington le decían la «capital del crimen» por su alto grado de violencia.
Despistados
El New York Times publicó hace tres días un dato para nada esperanzador: en los últimos 40 años en Estados Unidos han habido unos 500 asesinatos a manos de francotiradores, de los cuales sólo ha sido aclarados el 60 por ciento.
Hasta el día de ayer, la policía no había logrado dar con un identikit del sospechoso. O al menos no quiere dar. Incluso, según el Washington Post de este sábado, hubieron testigos falsos que fueron procesados por mentir y hacer perder el tiempo a los investigadores, como es el caso del ex presidiario Matthew M. Dowdy (37), quien quizás tentado por la jugosa recompensa de medio millón de dólares aseguró que el sospechoso era «un hombre de piel oliva», para temor de los árabes y latinos que residen en el área metropolitana.
Este lunes, dos hispanos, un mexicano y un guatemalteco, fueron detenidos en un operativo que nunca olvidarán por el resto de sus vidas.
El primero tuvo que ver cómo 30 patrulleros lo rodeaban y lo apuntaban cuando se encontraba hablando por teléfono en una cabina pública y tenía su camioneta (una Van blanca) encendida. Después que se comprobó que no tenían nada que ver, ambos fueron deportados, ya que son indocumentados.
Para colmo, en una conferencia de prensa realizada ayer al mediodía, el jefe policial de Montgomery (Maryland), Charles A. Moose, pidió «ayuda» a los inmigrantes, «cualquiera sea su estatus», aun si son trabajadores indocumentados, asegurándoles que no se tomarán medidas contra ellos en ese caso.
Moose dijo que la policía tiene razones para creer que hubo testigos del asesinato del martes de un conductor de autobús de 35 años, que no han ofrecido su testimonio a las autoridades porque al parecer son inmigrantes ilegales que temen ser deportados.
Al ser interrogado si no había una contradicción entre su petición y la actitud adoptada con los inmigrantes detenidos este lunes, Moose contestó con una evasiva, evidenciando las diferencias internas que existen entre diferentes departamentos de seguridad.
Lo más increíble de todo esto es la comunicación que desde este fin de semana ha comenzado a tener el francotirador y la policía a través de la prensa.
Este domingo el propio Moose se ha comunicado con el francotirador, en al menos tres oportunidades. «Esta persona que tu llamaste no ha podido escuchar lo que dijiste. El audio no era muy claro. Llámanos de nuevo y así te podremos entender», le pidió Moose al asesino en el medio de una conferencia de prensa.
En las últimas horas, una vez más, el jefe Moose le hizo saber a «serial killer» durante otra rueda de prensa, que le habían informado que era imposible realizar la transferencia.
Faltan pocos días para que se celebre en Estados Unidos la tradicional fiesta de Noche de Brujas (Hallowen), cuando miles de niños salen disfrazados de sus hogares a recolectar regalos entre los vecinos. *
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