Murió el anciano al que le habían seccionado las orejas en Minas
Como se recordará, el pasado lunes 30 de setiembre LA REPUBLICA informaba en forma exclusiva de todo lo relacionado con un sangriento y salvaje copamiento llevado a cabo en las primeras horas de la madrugada del 24 de agosto en el domicilio de Xenón Pablo Ferreira Del Puerto de 77 años quien vivía solo.
Los tres delincuentes llegaron hasta amputarle parte de sus orejas, además de otros vejámenes a los que fue expuesto el «corajudo y valiente» anciano, que contó oportunamente con lujo de detalles a este matutino su «fatal» experiencia.
La intención de los malhechores fue muy clara: robarle el dinero que tenía y todo lo que se pudieron llevar de la vivienda ubicada en la zona rural conocida como Puntas de Laureles.
A casi dos meses de aquel hecho que sacudió a la sociedad local, el apreciado anciano que «luchó y sobrevivió» a ese difícil momento falleció el pasado jueves 17 de octubre en un centro asistencial de Montevideo, adonde había sido trasladado en estado «delicado» desde el Hospital de Minas horas antes.
En la misma tarde del jueves, sobre las 18.00 horas, sus restos fueron sepultados en el Cementerio del Este en la ciudad de Minas. Familiares, amigos y la ciudadanía en general acompañó al septuagenario en su último viaje.
Fuentes cercanas al caso dijeron a este corresponsal, que «su muerte fue producto de las grandes secuelas físicas y síquicas que le dejó la terrible experiencia sufrida». El hombre «se sumergió en una profunda depresión de la que no pudo salir, a pesar de su lucha y esfuerzo», aseguraron.
Era «un hombre de 77 años pero sumamente fuerte, un hombre de campo. Todo lo que tuvo que soportar lo llevó muy despacito hacia la muerte. Es muy difícil superar grandes traumas con esa edad y pienso que si no hubiera sucedido todo el tema del copamiento, el «Nene» Ferreira como le decíamos hubiera vivido muchos años más», expresaron las fuentes.
Su vivencia
En un acto de valentía, el «Nene», cuando relató su inédita experiencia a LA REPUBLICA, el pasado 30 de setiembre, decía: «Yo tenía un revólver 32 y me lo robaron, tenía una escopeta y me la robaron, me llevaron el cinto, todos los cuchillos, la damajuana de vino de 10 litros que estaba sin abrir, 100 dólares, 700 y pico de pesos que estaban en la billetera guardada abajo del colchón. Me destrozaron todo, me tiraron todo, me llevaron todo… Me dejaron atado de pies y manos, sangrando y golpeado, me cortaron hasta las orejas».
Inmediatamente añadió que «estuve toda la noche tratando de zafarme y luché y luché hasta que al otro día pude soltarme una mano. Grité y grité toda la noche y nada, los vecinos no me sintieron. Cuando pude pararme y me miré en el espejo vi que me habían destrozado todo. Tenía los pómulos sangrando e hinchados. Y tenía sangre amontonada por todos lados».
El infortunado vecino detalló a LA REPUBLICA en la oportunidad que «yo quiero que los agarren. Que quede claro que yo les dije dónde estaba el dinero, a ver si me liberaban, porque si me soltaban de repente podía hacer algo. Podía haber agarrado el revólver o la escopeta. Menos mal que durante la noche no me dio nada. Me cortaron las orejas mientras yo estaba atado, se da cuenta usted joven… Yo le quiero decir a los lectores de LA REPUBLICA que si sienten ruido o cualquier cosa, que ahora yo también lo voy hacer, que salgan con armas y linterna y se defiendan pase lo que pase». *
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