Terror en Washington por el francotirador asesino

Ofrecen medio millón de dólares de recompensa

 

El disparo fatal del viernes a la mañana en la gasolinera de los suburbios de Virginia, estuvo «definitivamente vinculado» a los otros nueve ataques del francotirador en el área de Washington, dijo hoy la policía, elevando el lúgubre saldo del elusivo asesino en serie a ocho muertos y dos heridos.

«Evidencias balísticas definitivamente vincularon el disparo en Spotsylvania con los otros disparos en la ciudad de Washington y el condado de Montgomery», dijo el mayor Howard Smith, de la Policía del condado de Spotsylvania.

El francotirador, que empleó una carabina de alta velocidad para acertar al azar a sus víctimas desde larga distancia, permanece prófugo pese a la masiva operación policial, que incluye agentes del FBI.

Kenneth Bridges, de 53 años, un empresario y padre de seis hijos que se hallaba en la ruta desde Filadelfia, fue asesinado el viernes en una gasolinera Exxon, cerca de la congestionada ruta interestatal en Virginia.

Los residentes de la capital, y sus barrios suburbanos tradicionalmente tranquilos, vuelven ahora a estar en vilo, como durante los atentados del 11 de setiembre del 2001, contra el Pentágono, Nueva York y las cartas con ántrax enviadas inmediatamente después.

El viernes, se decidió la cancelación de todos los partidos de fútbol del campeonato de las escuelas secundarias en toda la región, una de las últimas ocasiones de realizar actividades al aire con el avance del otoño boreal.

La gente de los alrededores de Washington canceló salidas y caminatas, y lentamente, el panorama se torna absolutamente desolado, en especial, cerca de las intersecciones de las grandes autopistas, rutas y vías de acceso rápidas, el camino preferido por el asesino en serie dotado de un rifle de asalto de largo alcance.

Un sondeo de opinión que el semanario Newsweek publicará el lunes, afirma que los estadounidenses están más temerosos que un familiar caiga víctima del francotirador que del terrorismo.

El 47% de los norteamericanos consultados, dicen que están muy o bastante preocupados porque algunos de sus familiares o amigos resulten víctimas de la violencia del francotirador, mientras el 43% abriga una preocupación similar de que un familiar sea víctima del terrorismo, revela el sondeo.

Las pericias balísticas establecieron que las víctimas fueron alcanzadas por un disparo de calibre .223 (Remington, 5, 56 por 45 mms, Otan), con un alcance de entre 1.300 y 1.400 metros y una distancia efectiva de 500 metros.

Se puede acceder a medio centenar de marcas de rifles de asalto, y el .223 es un calibre adoptado por las fuerzas armadas de varios países, entre ellos el M16 estadounidense, o la carabina rápida adoptada por Francia en 1977.

Los primeros cinco disparos del francotirador ocurrieron en las sangrientas 15 horas que comenzaron el 2 de octubre en el condado Montgomery (Maryland), lo cual creo un clima de aprensión en este próspero y activo suburbio norteño de la capital de Estados Unidos.

Los ataques del francotirador también mataron a un hombre de Washington y a otro de Virginia; el asesino hirió a una mujer en Virginia y a un adolescente de 13 años en las afueras de su escuela, en condado de Prince George, en Maryland.

En todos los casos, siempre sólo efectuó un disparo.

Son escasas las evidencias físicas del homicida, con una pista dejada deliberadamente por el tirador cerca de donde fue herido el niño de 13 años: una carta de Tarot, «la muerte», con las palabras, al dorso: «Querido Sr. Policía, Soy Dios».

Ningún testigo dio cuenta haberlo visto, aun cuando los ataques se registraron en lugares públicos, y todos a excepción de dos, a plena luz del día.

Expertos criminólogos estiman posible que el francotirador esté en la veintena o en la treintena de años, que se haya criado con las armas o aprendido a tirar como militar.

Sus acciones lo describen como pulcro y metódico, preciso y despreocupado; se ha demostrado extremadamente difícil de capturar, y el caso no llena el perfil habitual de un asesino en serie, afirman los expertos.

Además, a diferencia de homicidas en serie enojados con colegas de labores, jefes o familiares, este parece apuntar a gente que no tiene conexión con él, ni entre sí, y sólo recuerda al «Hijo de Sam», David Berkowithz, que entre 1976 y 1977 mató a seis personas e hirió a otras siete, elegidas al azar. *

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