La crisis como disparador de robos y arrebatos

La Policía jaqueada en todo el país por los delitos del hambre

Una alta fuente policial de Tacuarembó, consultada días atrás por LA REPUBLICA, coincidió con el panorama descrito por otros jerarcas de las distintas jefaturas. Están proliferando los llamados delitos menores, siendo sus protagonistas personas sin pasado delictual y con un presente desfavorable. Explicaba la fuente que en los últimos meses ha recrudecido el robo de ganado.

A diferencia de los casos que siempre se registran tanto en Tacuarembó como en el resto del país, últimamente los autores de estos ilícitos declaran que tras dar muerte al animal y faenarlo se lo comen a campo traviesa para palear el hambre. También por las tierras de Gardel se vienen recibiendo denuncias por el hurto de prendas de vestir, lo cual refleja las carencias de parte de la sociedad, reflexionaron las fuentes.

La situación se repite en el resto del territorio, principalmente en lo que tiene que ver con el robo de animales. Bajo el pedido de anonimato, oficiales de Policía de varios departamentos indicaron a LA REPUBLICA que la crisis económica y su repercusión social está cambiando los hábitos de vida de miles de uruguayos. En este sentido se indicó que a diferencia de los que pueden emigrar, están aquellos que la única alternativa que les queda es la de sobrevivir como se pueda, lo cual incluye el delito.

Precisaron que no necesariamente quien se aparta de la ley roba para comer en el momento, sino que se encuentra en ese sub mundo la posibilidad de un «trabajo» que les permita costearse sus necesidades o ayudar a su familia. Explicaron que se ven muchos jóvenes sin antecedentes que empiezan a integrar organizaciones delictivas con 18 o 19 años, ingresando así en una cadena que los va marginando.

Se señaló que si bien los cabecillas de estar organizaciones no pasan hambre, se nutren de personas necesitadas como mano de obra.

En Mercedes

En su edición del jueves tres de octubre el diario Acción de Mercedes aportó un claro ejemplo de este tipo de situaciones que se repiten día a día tierra adentro. El testimonio recabado por el rotativo provenía de una fuente policial que narró el caso: «Hace pocos días ingresaron a robar en un negocio que vende alimentos y uno de los protagonistas reconoció que no se llevó nada. Comió todo lo que pudo porque no daba más de hambre».

Esta realidad de robar comida tuvo su momento de explosión con los «saqueos» registrados en Montevideo entre fines de julio y principios de agosto pasado. En el primero de los casos, consumado en un supermercado de La Aguada, el propietario reconoció que los intrusos no habían usado violencia y que, como expresando un sentido de culpa, le explicaban que lo hacían porque «no damos más de hambre, nuestros hijos no tienen para comer».

A ese primer capítulo le siguió al día siguiente una nueva versión, que se tradujo en una treintena de hechos en los que la violencia fue el denominador común. Allí se mezclaron la necesidad con el oportunismo, tal como quedó demostrado cuando algunos de los participantes huían cargados con botellas de alcohol. Sin embargo otros sólo sustrajeron comida.

En las semanas siguientes acontecieron otros episodios que no tuvieron el destaque de los saqueos, ya que fueron aislados y protagonizados por los llamados descuidistas. Fuentes de la Jefatura capitalina dijeron a LA REPUBLICA que en setiembre hubo al menos una decena de actuaciones policiales que estuvieron motivadas por el robo de alimentos. Estos fueron consumados por personas que concurrían como clientes y se retiraban de los locales con mercancía oculta entre sus ropas, o mediante incursiones nocturnas en locales para obtener mayores cantidades.

Uno de estos ejemplos fue en una carnicería de las inmediaciones de Piedras Blancas, que fue visitada en horas de la madrugada y desde la que se robaron varios kilos de carne. *

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