El procedimiento fue realizado por personal de la Seccional 1ª de la Ciudad Vieja, en cuya jurisdicción ocurrieron los hechos que, paradójicamente, nunca pasaron. Estos comenzaron el martes de mañana cuando un repartidor de bebidas colas y su compañero detuvieron el camión frente al Mercado Modelo. Uno de ellos bajó a entregar un pedido, mientras que el otro se quedó a cargo del vehÃculo, la mercaderÃa y el dinero.
Fueron pocos minutos los que estuvieron separados. Cuando el que habÃa ido a realizar un pedido regresó, fue informado por su colega de la dramática situación que habÃa vivido. Dijo que un hombre lo sorprendió por la espalda y le apoyó un revólver en la nuca. De esta manera le entregó los 17 mil pesos que tenÃa. Asà termina la primera escena.
Casi doce horas después de haber sido asaltado (a las 21 y 30) el damnificado se hizo presente en la Seccional 1ª y radicó denuncia por la rapiña. Dijo lo mismo que le habÃa dicho a su compañero. Cuando se le preguntó si habÃa visto a su atracador, el hombre explicó que no, que por miedo ni siquiera se arriesgó a ver en qué dirección huÃa. Cuando se le consultó acerca de por qué no tenÃa el dinero guardado en el cofre de seguridad, contestó que era más cómodo andar con la plata “encima” para dar el cambio a los clientes. Luego se retiró pensando que habÃa “blanqueado la situación”.
Seguramente, el caso habrÃa quedado por eso. Una rapiña imposible de esclarecer. Pero cuando el comando de la seccional analizó los hechos que habÃa tenido en la jornada, este último llamó la atención. Principalmente el tiempo transcurrido entre la comisión del delito y la presentación de la denuncia.
Fue por esto que se citó a declarar al compañero. Al ser preguntado indicó que no podÃa aportar detalles ya que no estuvo presente. Pero en realidad los investigadores querÃan saber qué actitud habÃa demostrado la vÃctima tras el atraco.
En este sentido dijo que estaba molesto por la situación, pese a lo cual siguió trabajando.
Después fue llamado el patrón a quien se le preguntó si no le habÃa llamado la atención que recién de noche le informara lo sucedido. Dijo que más o menos, ya que era un empleado especial. Agregó que en varias oportunidades se habÃa quedado con plata de la recaudación, pero que siempre la reponÃa. El segundo acto, en donde el trabajo policial fue el protagonista, habÃa terminado.
Ya casi con la plena certeza de que en realidad la rapiña nunca habÃa ocurrido, fue citado a declarar la supuesta vÃctima. En esta etapa los actuantes intensificaron las preguntas buscando el punto flojo de esta historia, hasta que en menos de 15 minutos HLAE, oriental, de 37 años, confesó.
Señaló que estaba acuciado por las deudas y que no le quedó otra alternativa que apoderarse del dinero de su patrón para solucionar sus problemas económicos. El miércoles quedó detenido, ayer declaró ante la Justicia y de noche terminó procesado sin prisión por “un delito de apropiación indebida”.
Terminaba asà la tercera parte de esta historia delictiva, que parecÃa ser una cosa, pero terminó siendo todo lo contrario.
Fuentes policiales consultadas por LA REPUBLICA explicaron que aproximadamente un 30 por ciento de las denuncias que se presentan son falsas. Autos presuntamente robados para pagar el seguro, empleados que les roban a sus patrones, etcétera.
Pero dijeron que es muy delicado el hecho de sospechar de quien puede ser una vÃctima, por lo cual hay que trabajar con mucha “profesionalidad”. Al comentar este caso surgieron otros ocurridos tiempo atrás, en los que las personas que denunciaron un ilÃcito, en realidad estaban ocultando diversas situaciones.
Uno de estos hechos, ocurrido un 2 de noviembre de hace un par de años atrás, comenzó a gestarse en las afueras del Cementerio del Norte, a donde la “vÃctima” habÃa ido a visitar a un ser querido que ya no estaba. Al menos eso afirmó. Resulta que el hombre denunció que un rapiñero lo amenazó con un revólver por la espalda y le robó 2.800 dólares.
Tal delincuente nunca existió y la PolicÃa pudo comprobar que el hombre en realidad “se habÃa robado” para interrumpir el embarazo de su amante. Ãl estaba casado.
Un segundo caso mencionado, de estas caracterÃsticas, involucró a dos hermanos. Uno de ellos tenÃa en su poder 4.500 dólares que debÃa repartir con el otro. Pero el que poseÃa el efectivo dijo que en Instrucciones y Propios, cuando paró la camioneta, un asaltante armado lo obligó a darle la plata.
Pero lo que llamó la atención a la PolicÃa fue que en ese lugar habÃa un kiosco policial de la Seccional 8ª, y habiendo un uniformado presente no habÃa visto nada.
En resumidas cuentas, se indagó a fondo al denunciante hasta que confesó que se habÃa quedado con la plata para no repartirla, ya que tenÃa muchos problemas económicos. Cuando el acta de confesión ya estaba firmada, entró a la comisarÃa el hermano del ladrón, cuestionando el hecho de que el denunciante estuviera detenido. Se le mostró el acta y casi se desmaya.
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