El inspector Navas y el próximo motín
Cuando asumió como nuevo director de Cárceles, el inspector principal Enrique Navas dijo que desde varios sectores se hizo fuerza para que no accediera al cargo. Tenía el respaldo del ministro del Interior, Guillermo Stirling, con quien había tenido varias diferencias.
Pero era necesario una mano dura para frenar el caos desatado por el anterior comando carcelario, que terminó tras las rejas por disposición del juez Penal de 8º Turno, Pablo Eguren. A poco se asumir, el flamante director nacional confirmó que venía a aplicar «la ley y el orden». Y hasta el momento parece haberlo logrado sin mayores costos.
Pero el inspector Navas, con quien LA REPUBLICA ha intentando comunicarse en reiteradas oportunidades sin éxito, sabe que la situación es delicada. El lunes pasado en declaraciones a El Observador explicó que reunió a los presos de Libertad que habían participado del último motín y les dijo que «si es necesario habrá derramamiento de sangre».
Agregó: «han sido advertidos de que no se permiten más actos de violencia. Se han dado órdenes de que si los reclusos recurren a la violencia se les responda con el uso de la fuerza».
A su entender, la fuga reciente de cuatro presos de La Tablada podría haberse evitado a los balazos, haciendo uso del poder otorgado por el Poder Ejecutivo que habilitó a los policías a tirar a matar en este tipo de casos. «Hubo vacilación de los policías», sostuvo el jerarca.
Un día después de esta información aportada por el matutino, el inspector Navas salió al cruce de las mismas y sostuvo que fueron sacadas de contexto. Sin embargo, dijo que no descartaba el uso de las armas de fuego en caso de motín y tampoco que hubiera derramamiento de sangre.
Puntualizó que lo que existe ahora y antes no son distintos planes de acción ante eventuales motines. Está programado cómo reaccionar ante la toma de rehenes y según quiénes sean los rehenes. Dijo que el derramamiento no es la premisa y que sería como última alternativa.
Lo que dejó claro Navas, a poco de asumir, fue que no negociará con los presos mientras éstos mantengan medidas de fuerza. Marcó así la diferencia con lo ocurrido el 1º de marzo, cuando concurrieron desde el ministro del Interior al presidente de la Suprema Corte de Justicia y varios diputados, que negociaron con los presos, incluso mientras estos consumían cocaína, al tiempo que amenazaban con matar a los funcionarios que habían tomado de rehenes. *
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