Canilla libre para los bomberos voluntarios
Cuando en 1997 el entonces ministro de Interior, actual canciller, Didier Opertti, avalaba la creación de los «bomberos auxiliares», de algún modo se pautaba ya la imposibilidad de financiar adecuadamente necesidades básicas de una sociedad.
Es que los técnicos del Cuartel Centenario habían advertido al ministerio la gravedad de la situación: centenares de miles de uruguayos carecen de cobertura adecuada ante una alarma de incendio. Barrios montevideanos enteros, pueblos y villas por decenas estaban ya desamparados y en grave riesgo según los especialistas.
Cinco años después, el gobierno reglamenta las Brigadas para Bomberos Auxiliares, con la tolerancia de los responsables del tema, a falta de soluciones adecuadas, pero con el subyacente temor de que las condiciones de este voluntariado excedan la buena voluntad de los interesados.
Ejemplos extranjeros
Es común oír que «en muchos países, como Argentina y Estados Unidos hay bomberos voluntarios». Es verdad. Y en muchos más países. Una visión de estos ejemplos permite compararlos con las perspectivas para Uruguay.
Argentina tiene una Confederación de Bomberos Voluntarios. Los más conocidos están en los distintos municipios bonaerenses y han consolidado sus estructuras, gracias al aporte de la sociedad. Con ello subsisten. Actualmente los bomberos voluntarios bonaerenses no se pueden mantener: la caótica situación los condenó y su efectividad es altamente cuestionable, en tanto ni el Estado ni el gobierno provincial aportan a su particular default.
También los paraguayos cuentan con servicio de bomberos voluntarios, aunque los guaraníes optaron por un sistema combinado de profesionalismo y amateurs, algo parecido al que implantaremos.
En Perú, la mayoría de los bomberos son voluntarios. Y la mayor congregación de este estilo es la chilena, donde la Junta Nacional de Bomberos Voluntarios, considera casi como profesión esta tarea.
En Estados Unidos ser bombero voluntario es una suerte de galardón, al que acceden bastantes menos de los que aspiran. En Europa, países como Alemania y Austria tienen bomberos voluntarios de férreas disciplinas, aun cuando en sí mismo la tarea es una suerte de hobby.
Cabe citar el ejemplo español: los estudiantes de arquitectura, cuando llegan al nivel de «sobrestante», deben cumplir tareas de bomberos voluntarios, más allá de que existen quienes cumplen la tarea por encima de cualquier gusto arquitectónico.
Así los ve Batlle
La reglamentación de las Brigadas de Bomberos Auxiliares, homologada por el Presidente de la República, establece que las mismas se organizarán «como asociaciones civiles sin finalidad de lucro (…) en localidades o zonas en que sea conveniente a efectos de permitir una más pronta atención de los peligros en la etapa de peligro inicial».
El Estado los proveerá de instrucción pero no de equipamiento alguno, aunque fuentes del Cuartel Centenario entienden sería oportuno destinarles alguna de las autobombas que por su vetustez han quedado fuera de servicio.
Aunque no percibirán emolumentos, ser bombero voluntario exigirá dinero y conducta. El artículo 3º expresa que «deberán contratar un seguro de vida colectivo que contemple enfermedades, accidentes, asistencia médica, invalidez temporal y permanente, por situaciones ocurridas por su actividad en la Brigada».
Aunque pueda parecer lógico que «las Brigadas de Bomberos Auxiliares no admitirán como asociados en ningún carácter a quienes tengan antecedentes penales», ingresar a ellas es más difícil que a cualquier cargo político: deberán cumplir «los mismos requisitos exigibles para el ingreso al Escalafón Policial (Decreto 639/971)».
En cuanto a su conducta, serán ejemplares sin duda para nuestra sociedad: el bombero auxiliar «debe observar una vida pública y privada digna y decorosa», afirma la reglamentación.
El artículo 21º es clave: «Las Brigadas de Bomberos auxiliares o sus integrantes de cualquier clase no percibirán retribución de especie alguna del Estado, las intervenciones de auxilio en caso de siniestro serán absolutamente gratuitas, no pudiendo en consecuencia requerir ni solicitar ninguna compensación por las mismas. Tampoco podrán las Brigadas efectuar ninguna clase de servicios retribuidos, ni autorizar el empleo de sus equipos o instalaciones a tal fin». Podrán recibir donaciones pero deberán reportar las mismas a la Dirección Nacional de Bomberos «informando su origen y destino», algo bastante más estricto que en cualquier partido político.
Nuevo equipamiento
En este marco en el que se impulsa la creación de los bomberos vocacionales, la Dirección Nacional de Bomberos viene mejorando su capacidad e infraestructura. En la pasada jornada en la sede del cuerpo sobre la calle Colonia 1665 se presentó la nueva maquinaria.
Se trata de dos autobombas tanques con capacidad de 1.500 litros, una con tanque para 980 litros, otra para mil y una quinta con capacidad para 1.300. Todos estos vehículos fueron donados por el gobierno de Japón. Es la cuarta vez que los nipones colaboran con los bomberos uruguayos. En 1995 donó tres autobombas, en 1997 dos ambulancias y un hidroelevador y en 2000 un vehículo con equipo generador propio.
Ayer también se mostraron los materiales y herramientas adquiridas recientemente por Bomberos: diez motobombas, quince electrobombas, cuatro motosierras y cuatro cojines de salvamento. *
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