Peligro de muerte acecha a los ancianos
En las últimas semanas estos episodios se han dado con reiteración. Desde el doble asesinato de las dos hermanas lituanas en el Prado, los crímenes de dos ancianos en San José, hasta el hombre de 80 años asesinado a hachazos en Las Piedras, por nombrar algunos de los más recientes, son materia de análisis para los expertos criminalistas.
En este marco se produjo en las últimas horas en una zona céntrica de la ciudad de Canelones el homicidio de otro hombre de avanzada edad. En la finca ubicada en la calle Baltasar Brum 323 la Policía encontró el cuerpo sin vida de su único morador. Se trata de Santiago Peregrino Véliz Núñez, oriental de 88 años, notándose un gran desorden.
De acuerdo con lo observado en la casa tras una inspección ocular, sin alterar la escena del crimen, el cadáver fue hallado caído en el piso de una de las habitaciones. La víctima tenía la cabeza tapada con un acolchado y unos libros encima.
Concurrieron de inmediato integrantes del Comando de la Jefatura canaria, ubicada apenas a tres cuadras del lugar del crimen, encabezados por el director de Investigaciones, inspector Sózimo Nogueira, los comisarios de los departamentos Homicidios y de Hurtos y Rapiña, la señora jueza letrada de Canelones, el médico forense y expertos de Policía Técnica.
Tras la revisación del cuerpo, los expertos dictaminaron que el cadáver no presentaba heridas de arma blanca ni de armas de fuego, por lo que fue llevado a la morgue para la realización de la autopsia. Allí fue que se estableció la causa de la muerte: fue por rotura de tráquea mediante un golpe seco al estilo karateca.
Las primeras indagaciones efectuadas permitieron saber que el anciano era un jubilado, de clase media, que vivía solo. Aparentemente tenía costumbre de recibir amistades en su casa, por lo que se piensa que el asesino ya había estado antes en el lugar y retornó en busca de algo valioso para robar. Según los expertos de técnica, el desorden en todas las dependencias de la casa no eran producto de una pelea, sino que la escena evidenciaba un desorden seguramente en la búsqueda de algo específico.
Personal de Homicidios indaga ahora la vida y costumbre del infortunado hombre a los efectos de localizar entre sus amistades al sospechoso del crimen.
Cayó el asesino del hacha
En la pasada edición se informó sobre el crimen de Ernesto Silva, de 76 años, ocurrido en la noche del sábado en una finca de Las Piedras. Este caso fue rápidamente aclarado por efectivos del Departamento de Homicidios de la Jefatura de Policía canaria.
Como se dijo, la víctima fue hallada en su casa de la calle Fraternidad y Caraguatá. Tenía el cráneo destrozado y en la casa reinaba un gran desorden. Los pesquisas siguieron las manchas de sangre y en el exterior encontraron el arma homicida, un hacha que estaba manchada con sangre y tenía en el acero cabellos adheridos de la víctima.
Trabajando sobre la base de que el anciano recibía en su casa a diversas personas, la Policía detuvo sospechosos hasta que se identificó a un joven de 17 años sindicado como el asesino de Silva. Al ser buscado en su domicilio y los lugares que solía frecuentar y constatar su desaparición las sospechas se acentuaron.
Se dispuso la vigilancia en la casa de su madre en horas de la mañana del domingo y el joven sospechoso fue detenido en las inmediaciones. Al comprobarse que en sus ropas aún tenía manchas de sangre fue conducido a la comisaría para ser interrogado, admitiendo la autoría del crimen.
El menor dijo que concurrió a la casa de Silva y en determinado momento éste intentó hacerlo sentar en su falda para manosearlo. Ello lo hizo salir de sus cabales debido a que había ingerido alcohol con Diazepán y tras empujar a Silva tomó un hacha y le dio dos golpes en la cabeza matándolo en el acto. Luego fue a un monte, sin saber qué hacer, siendo detenido cuando se dirigía a la casa de su madre para cambiarse de ropas.
Estos dos casos, ocurridos recientemente en Canelones, sólo uno resuelto, según los investigadores fueron facilitados por las propias víctimas que tenían costumbre reconocida de recibir visitas nocturnas. Uno de los aspectos que se investigan siempre, con el fin de detectar padrones o comportamientos similares, es la forma en que se relacionan las víctimas con sus victimarios, lo que permite aclarar los homicidios en un gran porcentaje.
Según un reconocido experto en criminalística, existe un gran porcentaje en los que el hurto o el interés económico es el móvil del crimen.
Existen otros que desconciertan a los investigadores por no hallar el móvil y la relación entre víctima y victimarios. El caso de las hermanas lituanas del Prado es típico, ya que muy poco fue lo que robaron los asesinos, si es que robaron algo, desconociéndose también cómo ingresaron a la casa de las ancianas, que era un verdadero «búnker». *
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