Presos que no participaron del último motín solicitan un ámbito de negociación

Nuevo frente en Libertad

Están en igual condición que la que hasta hace veinte días enfrentaban los hoy huelguistas, entre los cuales se encontraría el o los asesinos de los presos que fueron ahorcados tras el motín. En su momento, desde varios sectores, entre los que se destaca el parlamentario, se consideraba inaceptable el ámbito en el cual se encontraban. Ahora están enjaulados en espacios de 1,5 metros cuadrados durante 23 horas del día.

Antes de empezar la huelga de hambre recurrieron al Parlamento, a las autoridades del Ministerio del Interior y a la Suprema Corte de Justicia. Sostienen que la empezaron ante la falta de respuesta y que será hasta las últimas consecuencias. Ayer no retiraron la comida y como es habitual las autoridades la donaron para la alimentación de los pobres que en este invierno vienen recibiendo comida del Estado.

Los 160 presos, tal como lo explicaron en un comunicado remitido al Parlamento y a los medios de prensa, solicitan ser sacados de ese lugar. Si bien hasta el momento la situación esta calma, el paso de los días podría generar algunos problemas, más aun teniendo en cuenta las bajas temperaturas que deben enfrentar en lugares en los que no se pueden ni mover durante 23 horas al día.

Al frente del Penal de Libertad se encuentra el inspector Sande, vinculado a los aparatos represivos de la dictadura, y en pocos días asumirá al frente de la acéfala Dirección Nacional de Cárceles, el inspector principal Enrique Navas, un funcionario de larga trayectoria caracterizado por su lucha contra la corrupción interna, pero también con fama de duro y que adelantó que no negociará con los presos.

La otra vía

La existencia de bandas en el sistema carcelario y más concretamente en Libertad, las cuales cobraron fuerza bajo la administración De Avila, no es noticia. Pero hoy esta realidad quedó más clara que nunca. Y si bien entre cada uno de los dos grupos hoy separados en contenedores y en el celdario destruido existen subgrupos, uno y otro se encuentran enfrentado.

El 1º de marzo los 70 que hoy fueron realojados en el celdario escaparon de la muerte tal como ellos lo sostienen, ya que los rebeldes los consideran «alcahuetes».

Hasta que los 160 que quedaron en las instalaciones destrozadas sin ningún tipo de condición para ser habitadas fueron pasados a los contenedores, ellos permanecieron en una sala de visitas acondicionada a tales efectos.

Pero poco después que se produjo la mudanza fueron derivados al celdario. Así describen su situación actual en carta dirigida a LA REPUBLICA: «Entre las ruinas nos encontramos unos 70 reclusos que no participamos del motín del 1-3-02. Como se comprenderá estamos en las peores condiciones en las que se puede tener a un ser humano; no tenemos luz a excepción de los focos, nos tenemos que bañar con botellas de agua, nos entregan una comida espantosa y muy escasa, la ‘atención médica’ es casi negligente dada la falta de medicamentos».

A este relato relacionado sólo con las condiciones de vida se suman las reiteradas denuncias de «tortura sicológica» que sufren de parte de algunos funcionarios. Son los mismos que en mayo a través de LA REPUBLICA denunciaron que fueron reprimidos salvajemente mientras estaban en la sala de visitas, y que el hecho se disfrazó de motín para justificar las quebraduras padecidas y que incluso uno de ellos perdió un ojo.

Los reclusos firmantes de la misiva aseguran que sus vidas se encuentran en peligro y que ya no saben si podrán, como lo hicieron el 1º de marzo, escapar de lo que consideran una muerte segura. Ramón Rafael Hernández, vocero de los presos, le pide un gesto de grandeza a Stirling y lo insta a que los realoje en las cárceles del Interior del país.

Desafío al diálogo

«Somos sólo 70 personas y por más superpobladas que estén las cárceles del Interior pueden absorber 5 o 6 reclusos más cada una, y se terminaría con el riesgo de una masacre de gente que no se mete en nada, y que queremos terminar nuestra condena en paz y retornar junto a nuestras familias sanos y salvos», proponen.

Los presos que ahora se encuentran alojados en el celdario que no destruyeron evidencian en la carta una apuesta al diálogo con la esperanza de que sea considerado el hecho de que no participaron del motín. Agregan a esto que no han incurrido en desórdenes y demuestran buena conducta a pesar de la situación que describen.

Pero además se ofrecen a colaborar con el Ministerio del Interior para combatir la corrupción dentro del sistema carcelario, ahora que fue procesado el inspector De Avila. «Habemos más de 40 reclusos que estamos dispuestos a declarar la verdad, eso siempre y cuando el señor fiscal del Ministerio del Interior, el inspector Carrocio, se digne a volver a aparecer y demostrar verdadero interés en lograr la verdad de lo sucedido y sus responsables», en relación al motín y las denuncias de que fue armado por los jerarcas hoy procesados.

Una de las posibles explicaciones al alzamiento del 1º de marzo sería la siguiente: «Se cubrió un desfalco de miles de dólares facilitando el último motín, haciendo pasar por destruidas obras que nunca se hicieron». Igual desafío le proponen a los mismos diputados que fueron a destrabar el motín y negociaron con los rebeldes, con la salvedad de que ellos no se encuentran con ninguna medida de fuerza en marcha y están dispuestos a dialogar con los legisladores sobre los temas que ellos crean pertinentes.

Les dicen: «Nosotros, desde nuestra humilde posición de reclusos, invitamos a los representantes de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Nacional para que hagan una visita sin previo aviso a este penal y vean la condiciones en que estamos alojados, el lugar en el que luego se nos pretende alojar, y que se animen a hablar con algunos de los que no rompimos este lugar. Se les garantiza que serán muy bien recibidos por todos nosotros y en el marco de mutuo respeto, que corresponde a un diálogo entre personas civilizadas que bregan por terminar con una situación anormal que enferma a los que estamos detenidos y que poco a poco va a ir enfermando a nuestra sociedad. (…) Queda abierta nuestra propuesta». *

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