Tras el procesamiento de los autores de un crimen aumenta el misterio

Aclararon homicidio en Juan Lacaze pero la Policía no conoce el móvil

Tras el procesamiento de los culpables no se conoció el móvil del brutal episodio que enlutó a la población sabalera. Se sabe que un hombre de 23 años y su hermana de 29 fueron procesados por el juez de Rosario, Homero Rivero, quien gentilmente se negó a efectuar declaraciones sobre el tema. Lo único que admitió el magistrado es haber decretado el procesamiento del hombre por el delito de «homicidio en reiteración real», en cambio, su hermana de 29 años, quien ejerció la prostitución en Italia, fue procesada por «un delito de tentativa de homicidio».

El caso era un reclamo popular desde hace dos meses cuando el tema empezó a recorrer Juan Lacaze de un extremo a otro. Todos pedían a la Policía que encontrara a los atacantes de Julio César y su hermana y hubo muchos que llegaron a colocar en la puerta de sus casas y en los árboles carteles pidiendo justicia.

Es que Julio César Durán Pérez, de 57 años, se había ganado un lugar de respeto entre los «sabaleros». Prestaba dinero, en moneda extranjera, eso es cierto. Pero esa tarea de prestamista, que para muchos constituye una actividad delictiva o abusiva por la usura, en el caso de Durán era la contracara de los prestamistas del departamento. Buen vecino, solidario con los más necesitados, nadie se cansa de recordar que «colaboraba con la policlínica, con los comedores populares y con el merendero». Por su actividad, su casa era frecuentada por personas de todas las edades. Muchos de ellos recordaron a este corresponsal que «nos ayudó cuando más desesperados estábamos y nunca nos apuró para que saldáramos las deudas». Durán Pérez, muchos años atrás, había estado trabajando embarcado y se perdió de vista del pueblo, hasta que un día regresó en buena posición y se afincó con intención de no salir más de su ciudad natal. Su nueva labor, después de haber bajado a puerto, se cumplía a la vista de todos y con un inusual marco de aprobación general. Así transcurrían sus días, hasta que el 6 de abril pasado; los vecinos notaron que algo raro ocurría en la casa de Julio César al ver que una espesa humareda salía del interior.

Bomberos y policías acudieron al lugar y encontraron a Durán Pérez y a su hermana María Hilda, de 58 años, caídos en el suelo, gravemente lesionados. Algunos elementos materiales de la habitación estaban quemados. Se pensó en un primer momento en la explosión de una garrafa de gas, pero unos días después la pericia practicada por los bomberos no arrojaba dudas: el fuego había sido intencional.

Los partes médicos, por su lado, completaban el cuadro: tanto Durán como su hermana presentaban heridas de tal magnitud que únicamente podían ser la consecuencia de una agresión.

Se quiebra el silencio

Personal de la Seccional 8ª, conjuntamente con efectivos de la Dirección de Investigaciones, inició de ahí en más sus procedimientos para tratar de encontrar la «punta» de aquel complejo ovillo.

Fueron varios los detenidos, pero todos recuperaron su libertad y el caso parecía volver a fojas cero. Para complicar la situación, el miércoles 19 de junio falleció Julio César Durán tras una prolongada agonía, cuyo testimonio en algún momento esperaban recoger los investigadores para aclarar el misterio.

La otra víctima, María Hilda, si bien se iba recuperando en forma paulatina, tampoco estaba en condiciones de aportar su testimonio. Fue entonces que la Policía optó por retomar las pesquisas desde la «hora cero», como si recién se hubiera instalado en la escena del crimen.

Así volvieron a ser interrogados dos sospechosos, una mujer de 29 años y su hermano de 23, quienes solían tener fluido vínculo con el prestamista. La mujer, de nombre Perla, vivió varios años en Italia donde ejerció el meretricio.

Su hermano, tras el regreso de ella, se le sumó en calidad de socio para abrir entre ambos un «boliche» bailable en pleno centro de la ciudad, en las cercanías de una empresa de transporte departamental. Conducidos ante el juez de Rosario, Homero Rivero, los dos hermanos terminaron por admitir su participación en la agresión contra Durán, pero –según fuentes judiciales– se habrían negado a explicar el móvil de aquella cruenta acción.

Sigue el misterio

No se sabe nada sobre el caso, con la diferencia de que ahora, los autores están procesados. El jefe de Policía de Colonia, inspector Ricardo Bernal, dio a los medios informativos algunos detalles del trabajo realizado hasta lograr el esclarecimiento del homicidio.

Seguramente encontraron alguna prueba incriminatoria importante, pero no se informa sobre la misma.

Al preguntarle al jefe de Policía por el móvil de los atacantes comentó escuetamente que «estaría vinculado con la actividad de la víctima», refiriéndose a su trabajo de prestamista.

Como uno más uno son dos, resultó claro el hecho de que los hermanos tal vez le pidieron ayuda económica a Durán Pérez para instalar el local bailable y seguramente esa deuda podría haber desembocado en la tragedia.

Sorprendió a los periodistas el uso del condicional, ya que en otros casos anteriores una de las primeras informaciones policiales fue señalar el motivo que impulsó a los delincuentes.

Olvidó mencionar el jefe que un juez no puede utilizar el verbo en condicional, puesto que solamente puede sentenciar con pruebas y testimonios concluyentes para mandar a una persona muchos años a la cárcel. *

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