El crimen de Melilla estuvo siniestramente planificado
Taborda desapareció de su hogar el 11 de junio. Ese mismo día fue alevosamente asesinado de al menos 28 puñaladas. Su cadáver estuvo atado por el cuello a un árbol durante nueve días. El caso se presentaba como muy complicado de resolver. La división Homicidios lo aclaró el sábado pasado.
El último jueves, en un predio de difícil acceso en la zona de Melilla, fue hallado el cuerpo por un peón rural que avisó de inmediato a la Policía. Llegaron funcionarios de la Seccional 22ª y también de Homicidios. El cuerpo demoró en ser reconocido, pero finalmente se supo que pertenecía a Taborda, un joven músico de 21 años.
En un primer momento, tanto Policía Técnica como el médico forense situaron la hora del crimen en no más de 24 horas. Se pensó entonces que podrían surgir indicios rápidos sobre la presencia del o los asesinos. Y si bien esto último ocurrió, los propios homicidas confesaron que lo habían matado el mismo 11 de junio, fecha en que fue visto por última vez.
De acuerdo con la información, la víctima actuaba en locales gay ejecutando piezas musicales con una guitarra o un órgano, trasladándose a tales efectos en una moto Hero Puch de dos cambios. La versión recabada por LA REPUBLICA indica que los móviles del crimen fueron motivos «personales», basados en la orientación sexual de Taborda y su carácter, lo cual irritaba a los complotados.
Premeditado
La certera investigación de Homicidios permitió comprobar que la muerte de Taborda había «empezado» varias semanas antes. Cuatro amigos suyos (dos mayores y dos menores) habían decidido que ya no tenía que vivir. En varias reuniones fueron ajustando detalles, quedando pendiente el día de la ejecución.
Habría habido antes del 11 de junio ocasiones para consumar el siniestro plan, pero por diversos factores se fue posponiendo. Aquel martes los asesinos, por ese entonces todavía sin las manos manchadas de sangre, resolvieron que era el momento. Como tantas otras veces se encontraron los cuatro e invitaron a Taborda a una gran fumata de marihuana.
La misma se extendió durante largos minutos, luego de los cuales pusieron en marcha el complot. Las fuentes indicaron que bajo los efectos de la droga Taborda no percibió cuáles eran las intenciones de sus amigos. Recién cuando uno de ellos había logrado inmovilizarlo y comenzaba a ejercer fuerte presión sobre su cuello advirtió que no era un juego.
Comenzó a resistirse y a moverse desesperadamente para zafar de las manos que amenazaban su vida y casi lo logra. Pero los homicidas tenían pensado qué hacer si algo fallaba. Cuando notaron que el crimen podía frustrarse, entonces un segundo individuo entró en acción y empezó a clavarle puñaladas por todas partes, según Taborda se moviera.
Las pesquisas
El infortunado joven fue encontrado atado por su cuello a un árbol pequeño, recostado contra el piso. Había permanecido en esa posición nueve días. Los datos primarios aportados sobre la hora de la muerte determinaron que los efectivos de Homicidios debieran, primeramente, establecer dónde había estado la víctima desde el 11 de junio hasta el crimen.
Pero con el transcurso de las horas la situación se clarificó, y entonces los actuantes supieron que su desaparición y el crimen estaban separados por pocas horas. Esto estrechó el campo de investigación, permitiendo orientar el trabajo. Prontamente las miradas apuntaron a su círculo de amistades pensando que de allí podrían surgir datos clave, sin descartar que entre ellas estuvieran los responsables.
Estas indagaciones permitieron que ya el viernes el equipo a cargo del caso pudiera elaborar una lista de sospechosos, los cuales comenzaron a ser más detenidamente investigados. Los elementos posteriores derivaron en conclusiones más precisas, que incluso motivaron que se solicitaran a la Justicia cuatro órdenes de allanamientos para sus viviendas.
Y concretadas las inspecciones surgieron pruebas que decían que de una manera u otra el cuarteto tenía que tener algún grado de participación en el crimen: a cada uno de ellos se les encontraron pertenencias de Taborda. Explicar qué hacían con ellas fue la primera prueba que debieron enfrentar, sin éxito, los asesinos premeditados. Entonces quedaron detenidos y a disposición de la Justicia.
Resoluciones
Los dos menores terminaron por revelar el siniestro plan que habían elaborado, haciéndose cargo ambos de haber ejecutado el crimen. Uno de ellos dijo que fue quien intentó ahorcarlo y el restante describió la forma en la que lo había acuchillado. Ayer fueron internados con medidas de seguridad en una dependencia del Instituto Nacional del Menor.
A partir de hoy a las 13.00 dos jóvenes de 19 y 20 años deberán declarar ante el magistrado penal de turno. El hecho de que los menores se culparan de la muerte, no mejora la situación de estos dos, ya que policialmente también se los considera autores desde el momento en que decidieron sobre la vida de Taborda y participaron de la confabulación, como así también de la fase final. Hay otros dos mayores (de 27 y 35 años) que también deberán dar cuentas ante el magistrado, aunque en principio no tendrían relación directa con el crimen, aunque sí en las circunstancias que lo precedieron. Uno de ellos fue el primero que redujo la moto que le robaron a Taborda, mientras que el segundo es un distribuidos de drogas que habría pagado 300 pesos y unos 20 «porros» por el birrodado, para luego transarlo nuevamente. *
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