Operativo gigantesco en busca del Fiat Uno

Delincuentes robaron auto y se llevaron a una niña dormida

De acuerdo a lo que informó la Policía, el caso comenzó a desarrollarse sobre las 18 horas del viernes, cuando la joven mujer, Andrea Carina Tomas, de 23 años, realizaba cobranzas en la zona del Prado, conduciendo el automóvil Fiat Uno matrícula SAA-5642.

Como no tenía con quién dejar a su pequeña hija María Guillermina, de dos años, la arropó bien, la colocó en una cunita portátil y la puso en el asiento trasero. La niña, con el andar del auto, se durmió rápidamente.

A la hora indicada, detuvo el automóvil en Adolfo Berro y Valentín Gómez y como iba a realizar una diligencia muy breve, optó por dejar a la pequeña dentro del auto. La niña estaba cubierta de tal modo por una manta que desde el exterior no se la podía ver. Cuando la mujer estaba dentro del local efectuando una cobranza, sintió el motor de su auto y salió rápidamente, notando que dos individuos se llevaban el coche con su hija en el interior.

La joven señora temiendo que algo le podía suceder a la criatura, corrió desesperada los 150 metros que la separaba del local de la Seccional 7ª, adonde ingresó llorando y a los gritos, lo que provocó la alarma de los policías.

Operativo gigante

El comisario Tabaré Echeverría acudió ante los gritos y tras lograr calmar a la mujer, ella pudo explicar lo que sucedía. Inmediatamente, desde la Seccional 7ª se dio aviso radial a la Mesa Central de Operaciones mencionando la matrícula del auto y el hecho de que una niña de dos años, hija de la dueña del vehículo, iba en el asiento posterior.

Por ese motivo, los policías que avistaran el auto no debían efectuar disparos, aunque fueran atacados por los ladrones. El objetivo primordial de la Policía era recuperar el auto con la bebita sana y salva y así se le informó a la mujer.

A los pocos minutos llegó a la comisaría el esposo de la joven y padre de la niña, siguiendo desde el despacho del comisario las novedades que iban surgiendo por radio sobre la búsqueda del auto.

Pasaron unos interminables 60 minutos, en el transcurso de los cuales todas las unidades móviles radiaban su posición y luego agregaban la palabra «negativo». La búsqueda continuaba mientras los angustiados padres rogaban que no le pasara nada a la niña.

A los pocos minutos de montado el operativo, tomaron cartas en el caso las máximas autoridades de la Jefatura de Policía, dando prioridad absoluta al tema y la dedicación de todo el personal que patrullaba las calles.

Asimismo, se informó a la Policía Caminera por si el auto era sacado de Montevideo con la intención de negociarlo en el exterior.

Prácticamente todas las seccionales de la capital y los vehículos de patrullaje se dedicaron a la búsqueda de María Guillermina, quien, aparentemente, ajena al revuelo causado, seguía durmiendo en el interior del auto de su madre.

El hecho adquirió tales proporciones que incluso policías que estaban de franco se sumaron a la búsqueda en sus vehículos particulares.

Entre ellos estaba un joven agente que acababa de terminar su servicio 222 en una institución bancaria, quien se integró al patrullaje con su moto particular.

El rescate

Instantes después, este policía vio culminado su esfuerzo con el éxito. Cuando circulaba por Juan Carlos Blanco y Adolfo Berro, muy cerca del lugar del secuestro, el policía vio al auto Fiat Uno detenido y sin verle la matrícula se dio cuenta que era el que buscaba, ya que por la ventanilla posterior podía ver a la niña llorando en un mar de lágrimas y sus manitos contra el vidrio. La niña, al verse sola, se había parado sobre su cunita y lloraba por su madre.

El policía comunicó por la radio la palabra que todos estaban esperando y dijo: «Positivo», con una expresión de alegría en su rostro. Como el vidrio de la ventanilla delantera izquierda estaba bajo, el agente sacó a la niña y la cubrió con su propia campera. De inmediato concurrió al domicilio de un vecino que junto con su esposa presenciaron el rescate y les pidió ayuda para que la tuvieran dentro de la casa, abrigada hasta el arribo de sus padres.

El matrimonio que vivió momentos de angustia por la desaparición de su hija llegó al lugar traído por el propio comisario de la Seccional 7ª, escoltado por otros móviles policiales, porque muchos querían presenciar el final de la odisea. Ante cualquier eventualidad, la niña fue revisada por personal de una unidad de emergencia médica, cuyo facultativo solamente determinó que «estaba mojada».

Por su parte, otro vecino que había presenciado la parte previa a la culminación de la odisea declaró que vio bajar a dos hombres del auto, quienes estaban sacando cosas del interior. Luego los hombres sintieron el llanto de la niña y ambos se dieron a la fuga, instante en que llegaba el policía motorizado.

Cuando Montevideo registra tantas historias que terminan en forma trágica, es placentero relatar una que termina bien. *

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