Legalización vs narcotráfico
El diputado estadual brasileño (provincial) Carlos Minc (Partido de los Trabajadores, PT) defendió ayer la legalización del consumo personal de drogas como «única forma de acabar con los narcotraficantes, con la violencia y con la corrupción».
El legislador, que preside una comisión parlamentaria contra la violencia, comparó el consumo de drogas con el tabaco y el alcohol, que a su entender son igual o peor de dañinos para la salud. Minc propuso que el consumidor de drogas deje de ser tratado como «un delincuente» y reclamó cambios en la «hipócrita legislación» que actualmente penaliza el consumo de estupefacientes.
«En el Gran Rio de Janeiro hay 800 mil personas viviendo en áreas parcialmente controladas por los narcotraficantes, obligadas a la ley del silencio, al toque de queda y a esconder armas y soldados del tráfico, mientras adolescentes son violadas y los padres ejecutados», afirmó Minc, en un crudo diagnóstico de la situación social en las favelas que rodean la ciudad.
«Mueren testigos, competidores, policías, deudores, en la guerra de las drogas, que mata 10 veces más que la sobredosis, en medio de una legislación absurda, que entrega el monopolio de su venta a los traficantes», remarcó el diputado del PT.
En declaraciones al periodismo local y ante los últimos crímenes cometidos por los narcotraficantes, el diputado y presidente de la Comisión contra la Violencia y la Impunidad de la Asamblea Legislativa del Estado de Rio de Janeiro (Alerj) se pronunció por legalizar el consumo de estupefacientes, bajo control sanitario.
«Con la legalización, los miles de millones de dólares que los países economizarían en la guerra de las drogas, en armas, en presidios y hospitales, serían invertidos en información, prevención y desintoxicación», argumentó a favor de su posición.
«¿A quién le interesa mantener tal situación?», se preguntó el diputado, respondiéndose que «a los traficantes, a los policías corruptos, a los banqueros de la droga y de las armas y a sus aliados políticos, porque los traficantes adquieren gran poder económico y militar y crean redes de complicidad con las policías, los parlamentos y los tribunales».
Minc manifestó que el actual combate contra la venta y el consumo de drogas «es una guerra sin fin, pues por cada traficante muerto hay diez que disputan su lugar, cuadro que se agrava en nuestro país por ser campeón en desigualdad en la distribución de renta y tierras».
El legislador recordó que en brasil se estima que hay 25 millones de alcohólicos dependientes, «enfermedad que provoca cirrosis, crímenes, divorcios, desempleo y enfermedades mentales, pero si prohibiésemos la venta de bebidas serían compradas a través de los contrabandistas».
«Lo que disminuye el consumo no es la prohibición –continuó– sino las campañas sistemáticas de información y prevención, como están siendo hechas contra el cigarrillo, droga legal que mata de cáncer».
«Pero si el consumo de tabaco está disminuyendo a través de las campañas, el consumo de cocaína, que también puede matar, está aumentando, lo que derriba la tesis de que la legalización es que aumentaría el uso», comparó el diputado del PT.
«Otro absurdo –para Minc–es tratar al usuario como un criminal, cuando es un problema de salud pública, de información y de prevención en la familia, en la escuela, en las religiones, y no un problema para policía y presidio». (ANSA) *
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