
El impactante caso noticiado en la pasada edición casi termina con un giro que lo hubiera tornado aún más escabroso, lo cual fue evitado por el accionar de un equipo de funcionarios de la Seccional 17ª. De acuerdo a la información trascendida, Hugo Daniel Olivero, de 43 años, después de consumar la masacre familiar deambuló por la ciudad hasta que tomó contacto con su hermana.
Le contó lo que habÃa hecho y le insinuó también sus intenciones de terminar con su vida. Pero como dejando rastros para que esto sea evitado, le dijo que se dirigirÃa a la ciudad de Las Piedras en el departamento de Canelones. La mujer no dudó en comunicarse con la PolicÃa.
La información fue canalizada por intermedio de la Seccional 17ª, cuyos funcionarios estaban pendientes de su captura desde el domingo a las tres de la mañana, cuando tomó estado público el exterminio ocurrido en la finca de Pasaje 26 y Gustavo Volpe. Las autoridades de la comisarÃa conformaron un equipo para localizar al prófugo, partiendo hacia el vecino departamento.
Ya en Las Piedras y después de recorrer algunos tramos de la localidad, los uniformados sospecharon que el hombre podrÃa encontrarse en un ómnibus del transporte interdepartamental que pasó cerca de donde ellos estaban. Tuvieron en cuenta, además de la experiencia que da el oficio, los indicios aportados por la hermana del criminal acerca de los tiempos en los que se habÃa comunicado con ella e informado de sus intenciones.
Las fuentes consultadas indicaron que los uniformados pararon la marcha del ómnibus y ascendieron al mismo, identificando de inmediato al buscado, quien pretendÃa camuflarse entre los demás pasajeros. Algunas versiones indican que arriba del colectivo habÃa unas 20 personas.
Al saberse descubierto, el hombre casi desató un baño de sangre, ya que extrajo de entre sus ropas un arma de fuego y llevó el caño en dirección a su cabeza. Usando la persuasión y teniendo en cuenta el estado de conmoción del individuo, que horas antes habÃa asesinado a parte de su familia, comenzaron a dialogar con Olivero.
Lo distrajeron lo suficiente para llegar a tiempo y desviar la dirección del arma, la cual igualmente logró accionar. La bala que tenÃa como destino terminar con su vida sólo le causó una lesión menor a raÃz del roce con su cabeza. Con la situación bajo control, los uniformados solicitaron refuerzos y comunicaron que el múltiple homicida ya habÃa sido capturado.
A raÃz de la herida el frustrado suicida debió ser internado en el Hospital de ClÃnicas, en el cual permanece a la espera de su evolución, aunque su vida no corre peligro. De acuerdo a las fuentes, Olivero tenÃa entre sus ropas una serie de cartas dirigidas a su familia y a la Justicia, donde explicaba las “razones” de su patética determinación. En las misivas hablaba mal de su pareja y criticaba la actitud de sus hijos mayores, que tenÃan conductas que él no aprobaba.
Esto se condice con los mensajes escritos en las paredes de la escena del crimen, que Olivero realizó con la sangre de sus vÃctimas antes de darse a la fuga.
Ahora Olivero, cuando se recupere, deberá enfrentar por segunda vez en poco más de un mes a la Justicia. Ya en 1999 habÃa tenido que rendir cuentas por sus conductas, cuando quiso matar a un vecino, lo cual le valió un procesamiento por “homicidio en el grado de tentativa”.
Recientemente, en mayo, como se adelantara en la vÃspera, su pareja Graciela Beatriz Puchereli Valao de 36 años lo habÃa denunciado en la ComisarÃa de la Mujer y la Familia por los maltratos hacia sus hijos. El hombre fue detenido por la PolicÃa que lo puso a disposición judicial, aunque el juez penal de 19º Turno no halló méritos para procesarlo y entonces optó por no privarlo de su libertad. SerÃa el comienzo del fin.
Semanas después de aquel episodio, que tensó aún más la relación entre los concubinos, ocurrirÃa la tragedia. HacÃa 20 años que estaban juntos y habÃan tenido nueve hijos, el mayor de 20 y el menor de dos, este último uno de los muertos. El sábado pasado la hija de 16 años de la pareja se retiró del domicilio sobre las 23 horas rumbo a un baile. Luego le dirÃa a la PolicÃa que dejó “todo normal”. SerÃa ella misma la que al regresar del baile encontrara a su madre y dos hermanos muertos, y a otras dos hermanas con los cráneos destrozados.
Se sabe que Olivero empleó un martillo, al que descargó varias veces en los cuerpos de los suyos. La herramienta serÃa hallada luego por los investigadores totalmente impregnada de sangre, como asà también lo estaba gran parte de la casa.
Sin embargo no se descarta que también haya usado en algún caso el mismo revólver con el que luego quiso matarse, extremo que procura confirmarse o destacarse a través de las autopsias y los peritajes técnicos.
Los niños muertos fueron identificados como Facundo Nicolás Olivero Puchereli de cuatro años y AgustÃn Ezequiel de dos. La niñas que se encuentran en el Hospital Pereyra Rossell con lesiones delicadÃsimas en la zona craneal son Ana Gimena de ocho y Valeria Karen de seis.
Ayer, el barrio de la tragedia no salÃa del impacto que se instaló en él a partir de las tres de la madrugada del domingo pasado. Los vecinos aportaron su testimonio limitándose a describir “lo hermosas” que eran las criaturas caÃdas en desgracia por la locura homicida del padre. Jugaban con los demás niños del barrio y daban muestras de ser muy respetuosos.
Una vecina, visiblemente perturbada, no encontraba explicaciones a lo sucedido, pero de algo estaba convencida y era de que no tenÃa perdón. En las próximas horas Olivero será conducido ante la Justicia, bajo cuya lupa estuvo semanas atrás aunque sin consecuencias: para él. *
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