Exterminio familiar
Pasaje 26 y Gustavo Volpe. Allí pasó todo. La finca era habitada por una humilde y numerosa familia, compuesta en total por los concubinos y nueve hijos. Algunos, los más grandes, ya no vivían allí. El padre de ellos, albañil, era y es en su calidad de prófugo actual un individuo sumamente violento.
En 1999 quiso matar a un vecino, lo cual derivó en su procesamiento por tentativa de homicidio. Hace poco más de un mes, Graciela Beatriz Puchereli Valao, oriental de 36 años, decidió recurrir al sistema legal de Uruguay para que la amparase, pero no tuvo eco, especialmente en la Justicia. Concurrió a la Comisaría de la Minoridad y denunció a su concubino por los maltratos que le propinaba a uno de los niños.
La Policía lo detuvo y pasó a disposición del juez Penal de 19º Turno que, según la información trascendida en la víspera, no halló méritos y lo dejó en libertad. Comenzó entonces el principio del fin. La furia homicida del hombre se desató incontrolable entre las 23.30 del sábado y las dos de la mañana de ayer. El saldo: tres muertos y dos heridos de suma gravedad.
Todo bien
Las primeras informaciones indican que hasta las 23.00 del sábado «estaba todo normal» en la casa de Pasaje 26 y Gustavo Volpe. Así se lo dijo a los investigadores de la Seccional 17ª una de las hijas de la pareja. La muchacha, de 16 años, explicó que a esa hora se retiró de su domicilio rumbo a un baile. Quedaron en la casa sus padres y sus cuatro hermanos menores: Ana Gimena Olivero Puchereli de ocho años, Valeria Karen de seis, Facundo Nicolás de cuatro y Agustín Ezequiel de dos. Los vecinos dicen no haber escuchado nada, aunque el extremo parece poco probable a juzgar por el patético cuadro que se observó en el interior de la finca.
Sobre las tres de la mañana regresó a su hogar la joven adolescente y lo primero que vio fue a su madre muerta y a sus dos hermanitos en igual estado. Comenzó a gritar repitiendo el nombre de su padre. Pero él no respondería. Entonces siguió transitando por la casa hasta llegar al cuarto de sus hermanas y a simple vista también las creyó muerta.
Entonces pidió auxilio y minutos después llegarían al lugar varios móviles de la Seccional 17ª, de Radio Patrulla e Investigaciones. Paralelamente se le daba cuenta al juez Penal de Turno que también se dirigió al lugar, junto al representante fiscal y el médico forense.
Balas y martillazos
De acuerdo a las primeras pericias realizadas y con base en los elementos de prueba hallados en la escena del crimen múltiple, el asesino habría usado un arma de fuego y un martillo para llevar adelante su locura asesina.
La herramienta mencionada fue hallada por los funcionarios totalmente ensangrentada. También encontraron en la finca y en los cuerpos vestigios de uso de arma de fuego, pero recién las autopsias realizadas en los cadáveres y los exámenes que se practiquen en las niñas sobrevivientes permitirán establecer a ciencia cierta cómo atacó a cada uno de ellos.
Se supo sí que las niñas, que al cierre de la presente edición se encontraban internadas en estado reservado, experimentaron pérdida de masa encefálica. Se estima que fueron golpeadas reiteradamente en la cabeza con el martillo.
La sangre de las víctimas quedó esparcida por todo el lugar y se transformó en frases insultantes hacia Graciela Beatriz Puchereli, cuando el asesino untó sus dedos con ella y escribió en las paredes. Los vecinos dicen que tampoco lo vieron salir y alejarse del lugar. Fue identificado como Hugo Daniel Olivero, de 43 años y al cierre de esta edición aún permanecía prófugo. *
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