¿Quién mató a la taxista Bagnasco?
Luis A. Carro – Colonia del Sacramento
Bagnasco, de 35 años, madre de dos hijos, tenía su parada establecida en pleno centro de la ciudad, frente a la Intendencia. De allí salió a primera hora de la tarde del 3 de febrero, para trasladar a un misterioso cliente del que no quedó ningún dato registrado. Horas después, vecinos del paraje rural de San Pedro aseguran haber visto el automóvil placa 1057 guiado por Bagnasco, quien llevaba a un hombre joven en la parte trasera del rodado.
Al atardecer, el cuerpo sin vida de la trabajadora del volante fue hallado entre pastizales próximos a una escuela. A tres kilómetros de allí estaba su taxi con las luces delanteras encendidas y el limpiaparabrisas funcionando.
En base a datos aportados por pobladores de la zona, la Policía confeccionó algunos identikits que coincidían en presentar a un joven de entre 18 y 25 años.
A pesar de que esa imagen circuló con insistencia por todos los medios disponibles, la búsqueda de los uniformados resultó infructuosa.
Varias personas que fueron detenidas en averiguaciones recuperaron su libertad. Desde entonces el caso pasó a engrosar la nómina de «misterios» colonienses, junto al asesinato de Andrés Trigo en agosto de 1998 y la misteriosa muerte de Lucía Dubois en Carmelo.
Impunidad
Ante la falta de resultados concretos, el malestar en la población local va en aumento, al constatar que tampoco el cambio de jerarquía en la Jefatura de Policía provocó avances. «Dicen que el crimen perfecto no existe –comentan los colonienses a toda hora y en todo lugar–, pero si nos fijamos lo que pasa acá, da a pensar que sí, o por lo menos que hay gente tan hábil que no deja huellas y se evapora».
Se pregunta la sociedad qué pasó con las huellas digitales que, así trascendió, encontraron por todos los costados del taxi. Los comentarios recuerdan que «si pudieron identificar a todos los que usaron ese automóvil casi hasta el último momento, por qué parece imposible localizar al asesino». Otra extraña circunstancia aún no despejada es el tipo de arma empleada para el crimen: un revólver calibre 45. Un proyectil vivo fue encontrado en el asiento delantero del taxi; al mismo tiempo que se volvió vox pópuli que a un militar de esta ciudad le habrían robado un revólver de esas características.
«A Susana no le conocían enemigos, se llevaba bien con todo el mundo», sostienen tanto sus compañeros de trabajo como aquellos vecinos que mantenían con ella un trato cotidiano, otra razón para «no entender» el móvil de este crimen, ya que el robo no lo fue.
Compartí tu opinión con toda la comunidad