A dos años de la muerte de Darío Núñez a manos de un uniformado canario

Procesarían a otro policía por fatídica noche en Luna Negra

Darío Núñez era un muchacho muy conocido en Empalme Nicolich, la populosa zona de Canelones que lo vio crecer. A sus 21 años trabajaba en una fábrica de bebidas y, cada vez que podía, ayudaba a sus padres en el almacén barrial. Ese mismo almacén que hoy luce en una de sus ventanas un afiche con su rostro, debajo de la palabra «justicia».

El sábado 12 de febrero de 2000 concurrió al baile Luna Negra, ubicado en el kilómetro 25.100 de la Ruta 102. Antes que la jornada culminara –ya en el domingo 13– decidió marcharse a dormir, ya que pensaba aprovechar ese día a pleno. Era su día libre y lo quería disfrutar.

De acuerdo a los relatos brindados posteriormente por varios testigos presenciales, al salir de la discoteca el joven observó que un amigo suyo era golpeado por uno de los efectivos policiales de la Seccional 26ª de Paso Carrasco, que cumplía el servicio de vigilancia contratada por el artículo 222.

Asombrado, preguntó a los agentes qué estaba sucediendo. «Te dije que te corrieras», le gritó el funcionario de iniciales NORA. Sin mediar más palabras, el policía extrajo su revólver y le efectuó un disparo en el cuello. Darío se apretó la herida y corrió algunos metros en dirección a su vivienda, adonde nunca llegaría. En el camino cayó muerto.

Varios testigos del asesinato aseguraron entonces que los efectivos se negaron a trasladar de inmediato a la víctima a un centro asistencial. «Otros botijas pidieron asistencia médica, pero los policías dijeron que no porque ‘estaba de vivo’ y que no le había pasado nada», narró pocos días después del crimen Juan Manuel Gopar, amigo del fallecido.

La indignación popular desatada en el barrio fue impresionante. Al otro día, el juez actuante de Ciudad de la Costa decretó el procesamiento con prisión del agente, imputado de un delito de homicidio. Seis días después los vecinos del joven realizaron una marcha por Camino Carrasco, en reclamo de justicia y pidiendo el fin de los abusos policiales. Desde la Seccional 26ª, a la que pertenecía el autor del asesinato, filmaron a los manifestantes.

Darío, culpable

A pesar del procesamiento dictado por la Justicia y de los numerosos testimonios presentados por quienes el 12 de febrero de 2000 habían asistido a Luna Negra, el Ministerio del Interior ha invertido los papeles: para sus representantes legales, Darío Núñez, con su disparo en el cuello, fue culpable, y el policía que haló del gatillo, inocente.

En la respuesta al pedido de indemnización de 30 mil dólares que formuló la familia del joven asesinado, la secretaría de Estado alega que en el exterior se produjeron «forcejeos» entre los agentes que brindaban el servicio de vigilancia contratada y dos jóvenes que «molestaban a otros concurrentes».

En ese marco, la abogada ministerial Martha Brandon asegura que Darío integraba el grupo de personas que acudió en defensa de los muchachos que «forcejeaban» con los efectivos.

«No habiendo prosperado la disuasión, el policía acude al arma de reglamento, apuntando hacia arriba, con el objetivo de que no se la quitaran y de intimidar a fin de evitar que no le sustrajeran el arma como así que sea sujeto de una agresión», indica. «Como consecuencia del incidente», recuerda, «se suscita un lamentable hecho, fallece el señor Darío Nicolás Núñez Sellanes frente al local bailable Luna Negra».

Frente a la negativa de indemnizar a los familiares de la víctima, el próximo miércoles 20 de marzo habrá una nueva audiencia judicial, a la que concurrirán los testigos propuestos por ambas partes. Según supo LA REPUBLICA, el Ministerio del Interior volverá a advertir que el joven baleado intentó agredir al funcionario policial, e intentará presentar nuevas pruebas que respalden su planteo.

Disparo al aire

Paralelamente, la trágica madrugada del 13 de febrero de 2000 en el baile de Empalme Nicolich sigue sin cerrarse en los juzgados. Semanas atrás, el fiscal de Ciudad de la Costa pidió el procesamiento del otro policía que cumplía el servicio 222 en Luna Negra y que, de acuerdo a lo investigado por la Justicia, también abusó de sus funciones.

Fuentes judiciales indicaron que poco antes del asesinato, el agente de la Seccional 26ª de Paso Carrasco expulsó a un joven del baile.

Cuando el muchacho se retiraba, el uniformado sacó su revólver reglamentario y efectuó un intimidatorio disparo al aire. Minutos después se escucharía la detonación que acabó con la vida de Darío. *

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