El levantamiento de huellas en la escena del crimen
El 30 de mayo de 1908 fue encontrado en el bosque municipal de Rockenhausen, distrito de Falkenstein (Palatinado), el cadáver de una mujer decapitada que evidentemente había sido arrastrado hasta ese lugar. Conservaba aún en la mano izquierda un guante de piel donde estaban aglutinados por la sangre algunos cabellos de la mujer. Se recogieron unas hojas procedentes de otro lugar, 45 metros más arriba, donde se descubrieron rastros de sangre en la tierra y muchos pelos de la víctima, siendo ese lugar identificado como la escena del crimen. Se notaba también una rodada de coche que había aplastado a un topo. La Policía sospechó de un habitante de la aldea cercana que era propietario del campo contiguo al bosque, y unos testigos pretendían haberlo visto, desde la otra vertiente del valle, trabajando en su campo durante el día y a la hora supuesta del crimen. El acusado negó haber ido allí aquel día.
A falta de pruebas se buscaron indicios
En su casa, sobre un armario se encontraron las botas que había llevado puestas aquel día y que por la noche, había limpiado superficialmente su mujer. Entre el talón y la suela existía una espesa capa de barro, que fue examinada, lográndose diferenciar varias capas superpuestas, procedentes de distintos puntos.
Partiendo de la capa inferior, sobre el cuero, una capa de lodo que contenía pórfido cuarzoso aplastado, proveniente del sendero que iba de la vivienda de Schlicher al extremo del prado. Adheridas a esa capa había hierba y musgo del mismo lugar. Luego, tierra rojiza formada por cuarzo rosa, como el suelo del bosque, lo que no existía en las colinas de enfrente; estaba mezclada con briznas de paja y avena aplastadas, provenientes de la vereda que lleva desde las alturas de Rockenhausen hasta el bosque.
Encima, había residuos de hojas y escamas de color castaño rojizo, que eran brotes de haya, como las que había en el lugar de los hechos.
También se encontraron algunas briznas de hierba verde superpuestas, que procedían del prado y algunos restos de argamasa de ladrillos y carbón vegetal iguales a los que había en unas ruinas más altas que la vivienda del sospechoso. Una última séptima capa semejante a la inferior con excremento de ocas.
De acuerdo con esa sucesión de capas de barro, revelada en el examen geológico y mineralógico practicado con ayuda de un geólogo, el acusado había seguido el camino de la aldea, el sendero que descendía hacia el fondo del prado, había atravesado éste y su campo y luego había subido por la vereda del bosque. Había regresado por el prado y después de haberse detenido en su casa, había ido a las ruinas.
En la tercera capa, correspondiente a la tierra del bosque, se descubrieron algunas hebras de lana color castaño rojizo, parecidas al traje de la víctima y que procedían, verosímilmente, de ella porque Schlicher no tenía ropa de aquella misma lana.
Las investigaciones realizadas en las ruinas permitieron descubrir, en un escondrijo, una escopeta y cartuchos. Por las rodajas de cierre, recortadas de una tarjeta postal, pudo establecerse que pertenecían al acusado. Allí se encontró un pantalón de su pertenencia, que había sido lavado, pero que dejaba ver manchas de sangre humana y cabellos de la víctima.
Por último se descubrieron manchas de sangre en su chaqueta, aunque había sido limpiada.
El procesado pretextó que había sangrado por la nariz, más la disposición de las manchas debilitaban tal versión.
Procesado en virtud de tales cargos, constituidos enteramente por indicios, Schlicher fue condenado a muerte. Luego de haber obtenido una conmutación de su pena por la de trabajos forzados, finalmente admitió el crimen. *
(Francois Grophe. «Apreciación judicial de pruebas». Temis Editorial 1985, páginas 222 a 224).
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