Un peruano que hablaba demasiado
Si bien es cierto que, como lo demuestra la nota del tiroteo en Casavalle, el Departamento II de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) maneja muy buenos datos en su lucha contra el contrabando, que le han permitido procesar a unas 50 personas en lo que va del año, también lo es que a veces solo basta con tener un poco de suerte.
Y este es el caso ocurrido el pasado viernes en Montevideo, narrado por fuentes policiales a LA REPUBLICA. Dos policías de dicha unidad recorrían vestidos de civil la Avenida 18 de julio, en busca de relevar la situación y recabar información. En eso estaban cuando a la altura de la Plaza de los Bomberos fueron abordados por un hombre que les ofreció relojes. Sin revelarse como tales escucharon la oferta y deslizaron interés.
El individuo estaba tan apurado por hacer negocios que incluso les aseguró que tenía grandes cantidades de relojes a buen precio, puesto que eran de origen paraguayo y habían ingresado ilegalmente sin pagar impuestos: ahí esta la ganancia, aseguraba el hombre.
Conocedores del tema, y ante la oportunidad de dar un golpe inesperado, los policías aceptaron acompañar al individuo a su domicilio, para ver toda la mercadería que tenía para comercializar. Fue así que los agentes y el tal Juan Carlos, de nacionalidad peruana, se dirigieron a una finca de la calle Galicia.
Una vez dentro, debieron aguardar en una sala, mientras que el dueño de casa se dirigió a otra habitación para regresar minutos después con dos bolsos repletos de maquinitas que dan la hora. Los policías le dijeron que sí, que comprarían, pero que en ese momento no tenían efectivo: «Lo llamamos mañana». Cerrado el trato, se dieron la mano y se despidieron.
Una vez en la calle, los agentes que había salido a «caminar» llamaron a sus superiores y contaron lo que había pasado. Estos hicieron lo propio con la Justicia, que de manera inmediata expidió una orden de allanamiento. Minutos después el peruano era visitado por muchos policías interesados en los relojes, pero a cambio de plata le mostraron la orden del juez y le requisaron más de 300 unidades de origen guaraní, como así también alhajeros y exhibidores. Las fuentes dijeron que Juan Carlos no podía creer lo que había pasado y que, antes de oír al juez procesarlo sin prisión por contrabando, se le escuchó decir que nunca más hablaría con extraños. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad