La droga era para "un político uruguayo"
Hoy, Omar Clavijo Cedrés, purga una condena por tráfico de marihuana en la Cárcel de Salto y desde allí habló con LA REPUBLICA en un reportaje exclusivo, realizado a mitad de la pasada semana. Se siente una víctima y acusa a la Justicia y a la prensa de ser las responsables de su ruina.
Más allá de que el lector podrá formarse su opinión por lo que surge de sus declaraciones, en el reportaje brindó dos primicias: una es que editará un libro en el que contará los pormenores del negocio del tráfico de drogas, y la segunda es la de la persona que le encargó la droga: ¿Quién será ese joven e influyente político? Es una pregunta que quedará flotando pues Clavijo, «solidario», como asegura son entre sí los narcotraficantes, tampoco quiere responder.
–¿Quién es Omar Clavijo?
–Omar Clavijo es un ciudadano común, nacido en la Primera Sección del departamento de Maldonado, de una familia de trabajo, con un padre municipal y una madre enfermera, dos hermanos mayores y un hermano menor, casado y con dos hijas.
–Pero… ¿quién es realmente Omar Clavijo?
–No sé, realmente, a qué se refiere su pregunta. Clavijo es un hombre de familia, casado, con dos hijas, un hombre de trabajo. Un hombre que con su trabajo les quiere dar de comer y educación.
–¿El narcotráfico es un trabajo?
–No sé si es un trabajo. Lo mismo preguntaría si la mala información de un periodista es un trabajo, si la política es un trabajo, si la Justicia es un trabajo. En realidad no sé lo que es el narcotráfico. Tengo mis propias conclusiones de lo que son los narcotraficantes.
–¿Usted es uno de ellos?
–No, no soy uno de ellos. No soy un narcotraficante. Traté de hacer un negocio con sustancias ilegales y, bueno, aquí estoy, en la cárcel.
–Pero ¿usted trasladó marihuana de un punto a otro?
–Compré mercadería para trasladarla de un punto a otro para venderla y poder hacer una diferencia y bueno, el diablo me tocó con la cola. No me salieron las cosas como yo esperaba. Por eso ahora estoy encerrado
–¿Aún cree no ser un narcotraficante después de haber hecho el traslado de drogas de un punto a otro?
–No soy muy letrado, no sé bien lo que es la palabra narcotraficante. Si lo que yo hice es narcotráfico, bueno, soy un narcotraficante. Yo simplemente quise, en un momento de desesperación, tratar de solucionar unos problemas que no los podía solucionar por otros medios.
–¿Así que según usted fue la desesperación la que lo llevó a cometer el ilícito?
–Lo hice porque estaba desesperado. Tal vez no le gusten mis palabras, pero le digo que no estoy arrepentido de lo que hice. Lo hice conscientemente y lo hice por la desesperación que tenía. Las cosas no me salieron como pensé y hoy por hoy, tengo, aparte de los problemas que tenía, otros problemas más en mi haber.
–Usted me dijo al principio de esta entrevista que fuera lo más exacto que pudiera a la hora de transcribir sus declaraciones, porque detrás de usted hay una familia, mujer, hijos, etcétera. ¿Usted nunca pensó que detrás de cada consumidor de sustancias hay familias, mujeres, madres, hijos, etcétera?
–Por supuesto que hay familias, hijos, mujeres, niños. Pero el tema es que ese cargamento que yo llevaba iba a ser vendido a una sola persona. Una persona mayor de edad, a quien no conozco, con quien no hablé más que por teléfono y a quien le iba a dejar el cargamento en un lugar en el cual esa persona lo iba a recoger. Esa es una persona mayor, es un político uruguayo, quien me conoce a mí, pero yo a él no lo conozco. Yo jamás le vendí droga a ninguna persona mayor ni menor de edad, porque no fue mi forma de vida. Esta es la primera vez que lo hago. Esta es la primera vez que me conecté con gente a los cuales usted llamaría narcotraficantes. Yo nunca vi, a pesar de haber vivido en Estados Unidos, propaganda de un traficante ofreciendo drogas y sí he visto propaganda de cosas que son flagelo de la humanidad. Sin ir más lejos acá en el Uruguay con el tabaco y el alcohol. El que compra drogas es porque la quiere comprar y si no la vende Omar Clavijo o no la vende Diego el periodista, alguien la va a vender, porque existe.
–¿Le dijo a la Justicia el nombre de ese político al que usted le debía entregar la droga?
–No, porque no sé quién es. En este tema los negocios se hacen y no se pregunta a quién. Y si supiera tampoco se lo decía, eso quiero aclararlo, porque no es mi forma de proceder.
–¿Es parte de la omertá?
–No, no es que sea parte de ello. Lo que sí soy es agradecido cuando alguien me ayuda.
–¿Su primer procesamiento fue por el tema de drogas?
–No, mi primer procesamiento fue por librar un cheque sin fondos para pagar un impuesto a la DGI. Estuve procesado por 24 horas porque conseguí el dinero. Después fui procesado por coautoría en falso testimonio y tentativa de estafa. El Tribunal de Apelaciones me absolvió porque estaba pésimamente mal procesado.
–¿Y por delitos referidos a la Ley de Drogas?
–Sí, estuve procesado en el 93 y 94 y luego en 1996. Eso fue por una declaración de una persona a la cual…
–¿Dapelo?
–No, no, antes de Dapelo. Yo entre los años 93 y 94 estuve 399 días procesado y en la cárcel por una maniobra de la Dirección de Investigaciones y de un juez actuante, cosa comprobada después y sobreseída por el Ministerio Público. Desde allí comenzó mi persecución con el tema de la droga, que no entiendo por qué motivo…
–¿Usted corrompió políticos o policías?
–Si hay una persona que le pueda decir que yo corrompí políticos o policías quisiera que lo hiciera públicamente.
–Hay fotos donde usted aparece abrazado en su boliche nocturno con figuras principales de la Brigada de Narcóticos.
–¡¡Como no!! Una de las primeras fuerzas públicas que me persiguieron a muerte fue la Brigada de Narcóticos, que me llegó hasta por la arena a los paradores. Jamás pudieron comprobar nada porque yo no estaba en nada. Yo trabajaba y se dieron cuenta con el correr de los años de que no era así.
–¿Por eso salían en fotos abrazados con usted?
–Bueno, si durante cinco años unas personas que te hostigan, que te persiguen, que te hacen operativos en el boliche, que te revisan a tus clientes a la salida del negocio o les revisan los autos, cuando se dieron cuenta que no era nada cierto lo que se comentaba, llegó un momento que tuvieron que reconocerlo. Si gente que ha estado en guerra durante muchísimos años se reconcilia y se da la mano, y también se sacan fotos juntos. El diálogo de dos seres humanos lleva a que se vayan teniendo conocimiento uno del otro y esta gente se dio cuenta de que en la droga no tenía nada que ver. Si bien es cierto que mi socio consumía estupefacientes, también es cierto que no era traficante. Y eso lo comprobaron y nos sacamos fotos con los policías, como tengo fotos con muchísima gente, como…
–Con el fallecido intendente Burgueño…
–Sí, con Burgueño, con el diputado Alejo Fernández Chaves, de quien soy amigo y consocio de un mismo club. Somos criados en un mismo departamento, somos amigos de toda una vida. Si el tener conocidos o amistades te lleva a ser un delincuente, pobre Uruguay.
–A los policías que quisieron investigarlo, como su primo el comisario Sergio Cedrés, y el comisario Nerbis Suá
rez o el inspector Rivero, a ninguno le fue bien en su carrera policial. ¿Es coincidencia?
–Al inspector Rivero no lo conozco y nunca le vi la cara. Cedrés es primo hermano mío y no sé qué tiene él que decir de mí, más allá de los informes policiales que hizo, cuando yo recién pisaba el Uruguay después de mi larga estadía en Estados Unidos, adonde me fui en el año 76 y volví en el 86, siendo supervisor general de la Exxon. Con Nerbis Suárez nunca tuve ningún problema; a él lo conozco como conozco a infinidad de gente en Maldonado.
–Según datos que obtuvimos no le habría ido muy bien en su carrera por investigarlo a usted, que poseía influencias en las altas esferas.
–Pueden decir que no les fue bien en sus carreras por investigarme a mí, pero yo no sé si es cierto. A mí Suárez, si alguna vez me investigó, lo ignoré y si mi primo Cedrés alguna vez me investigó, lo ignoré.
–¿Consiguió situación de privilegio cuando le trasladaron a la cárcel de Rocha, porque con su dinero hacía arreglos y reparaciones en la misma? Incluso se ha informado que sin tener la libertad decretada se le vio paseando por las calles de Maldonado y de Rocha.
–No, eso no es cierto. Hay un régimen de salidas transitorias que lo marca la Justicia. Yo conseguí, después de 18 meses de prisión, por intermedio del por entonces presidente de la Suprema Corte de Justicia, doctor Jorge Marabotto, tres horas de salida transitoria por día, con custodia. Luego me ascendieron a seis, a ocho, siempre con custodia. Y posteriormente como no podía pagar la custodia consegui ocho horas diarias, sin custodia, para trabajar en el campo que yo tengo en Rocha, donde crío cerdos.
Como necesitaba moverme para ir a ferias ganaderas y negociar animales, comprar insumos y hacer trámites, la Justicia me autorizó a moverme dentro del departamento de Rocha. Para ir a Maldonado, mi ciudad natal, tenía que pedir autorización expresa al juez para poder ver a mi hija. El doctor Tapié me autorizó 20 horas más y tres noches a la semana para poder quedarme en mi casa de Rocha. Esa era mi libertad por salida transitoria.
–Cuando decomisaron su agenda encontraron nombres y teléfonos de políticos, policías de alto rango, oficiales de la Prefectura, todas figuras de nivel considerable. ¿Por qué tenía Clavijo, un hombre de trabajo como usted se define, esos teléfonos?
–Será porque en el medio en que me movía necesitaba tener esos teléfonos. Con los paradores municipales necesitaba estar vinculado con Iname, la Prefectura, la Policía, y con jerarcas de otros organismos públicos. Después tenía los teléfonos de políticos que son amigos o conocidos. Pero también hay números de jugadores de fútbol, carpinteros, gente de trabajo, carniceros, verduleros, médicos. Si una agenda dice que Clavijo es traficante, no quiero ni pensar lo que debe ser la agenda de un político o un periodista.
–Pero ¿qué vínculos tiene usted con la clase política más allá de lo que significa vivir en una localidad?
–Ningún tipo de vinculación. No me gusta la política, mejor dicho me gusta la política, pero no la que se practica en este país. Gente que estuvo años privada de la libertad, llamados reos, son los que hoy dictan las leyes del Uruguay. ¿Cómo le explico eso a mis hijas? Cuando me preguntan: ‘pero papá, aquel ¿fulano de tal no era un reo en tal época? ¿Ese es el que hoy me dice qué tengo que hacer?’.
–Hay información de que usted llamaba a políticos desde la Cárcel de Las Rosas para que intercedieran por su libertad o por privilegios. Según información que obra en poder de las autoridades usted llamaba desde un celular introducido clandestinamente.
–Eso no es cierto. En los primeros días de enero va a estar editado el libro de Omar Clavijo. Allí está escrito, soy el autor.
–¿Cómo lo va a titular?
–Como ustedes (refiriéndose a la prensa) me han llamado. «Memorias del zar de la droga»; Que la gente saque de allí sus propias conclusiones. Todo lo que voy a decir allí en ese libro es cierto. Me arriesgo a que si en alguna mentira peco me puedan rebatir y tratarme de mentiroso.
–No me ha respondido lo de las llamadas a políticos…..
–Lo de las llamadas a políticos… puedo haber llamado a Alejo Fernández Chaves, a Domingo Burgueño, a quien los amigos llamábamos «el Bala» a… Miguel Angel Galán. Todos pertenecemos a un mismo club de fútbol y si los llamé fue para molestarlos por alguna gauchada para la institución. O si los llamé fue por motivos de trabajo. Acuérdese que yo explotaba un parador municipal y cuando necesitaba algo llamaba al jerarca pertinente para solucionar una situación.
–Para que intercedieran por su libertad ¿llamó alguna vez?
–No, no llamé a nadie para eso. Tengo el teléfono de la casa de Jorge Batlle y nunca lo llamé para que intercediera por mí.
–Cuando salió de la cárcel usted organizó un espectáculo en el Campus de Maldonado. Sabemos que tuvo muchas facilidades para conseguir todo sin trabas. ¿Cómo fue posible? ¿Qué influencias tuvo?
–(Se sonríe y responde irónicamente) Tal vez porque soy un tipo muy malo y poco querido. Tal vez por eso la gente me apoyó. Tal vez por eso durante cinco años de reclusión y habiendo perdido lo poco que había logrado, por eso tuve tantas facilidades, quizá porque la gente que me conoce sabe que no soy ese monstruo que quieren hacer ver.
–¿No será porque usted sabe cosas de políticos, o de autoridades, o de policías o de determinadas personas influyentes a las cuales pueda comprometer?
–¿A usted le parece que si yo supiera todas esas cosas estaría pasando hambre y en la cárcel?
–¿Está pasando hambre?
–Averigüe las deudas que Omar Clavijo tiene y que está por perder su campo, el único patrimonio que tiene. Averigüe de la forma en que vive mi familia.
Que mi suegro está por perder su casa por haberme salido de garantía por un restaurante que me arruinaron en Maldonado al haberme trasladado a la cárcel de Tacuarembó y no lo pude trabajar. Averigüe que a una empleada de mi casa, quien puso su casa en garantía mía, está por perderla.
En este momento yo tengo más de 50 mil dólares en deudas. Eso se debe a que la Justicia y la prensa me arruinaron. Antes de caer preso no debía ni un peso porque, con perdón, nunca fui un cagador. Pero tanto la Justicia como la prensa han llevado a hacer de Omar Clavijo un monstruo y hoy hasta los propios amigos tienen miedo de acercarse a traerme un paquete de cigarrillos o de yerba por no verse comprometidos.
–Usted dice que fue la prensa y la Justicia quienes lo arruinaron. Pero ¿no fue Clavijo el artífice de su propio destino? Llevar 266 quilos de droga no favorece a nadie.
–Pero eso fue el 26 de octubre de 2001. De esa fecha para atrás…
–De esa fecha para atrás hay procesamientos por cheques sin fondo, falso testimonio, estafas, drogas…
–Pero nada de eso fue cierto, nada fue probado.
–Sin embargo hay condenas que fueron confirmadas.
–¡¡¡No!!! ¡¡¡Ninguna!!! No fui condenado jamás. Fui sobreseído por el Ministerio Público.
–¿En todas las causas? Yo tengo otra información.
–Sí señor, en todas las causas. A partir del mes de abril de 1996 fue cuando realmente quedé condenado. Y quedé condenado sin pruebas. Una persona
, Dapelo, quien tiene cinco antecedentes, declaró en contra mía bajo coacción. Llegaron incluso a decir que yo llamaba a Estados Unidos a teléfonos presuntamente investigados por el narcotráfico y en realidad era el teléfono de mi hermano, de Fernando Clavijo. Era el teléfono de donde él trabajaba.
–¿Cómo se vinculó en esta instancia a los grandes narcotraficantes para traer los casi 300 quilos de marihuana?
–Yo me vinculé por intermedio de mi socio, Mauricio (Alexandri), conocí gente que estaba en la droga. No le voy a decir que no conozco a nadie que estuviera en la droga porque estaría siendo un cínico. Conozco varios narcotraficantes. La noche y mi forma de vida me han hecho conocer ese tipo de gente. Como estaba tan desesperado me encontré con esta persona en Punta del Este y le pedí por favor que me conectara para hacer un negocio grande. Allí vine hasta la zona y me la tiraron por aire.
–¿Sabe quién se la mandó?
–Sé quién me la mandó.
–¿Es gente de Caballero?
–No. No le voy a decir quién me la mandó. En el libro usted lo va a ver, voy a poner nombres y lugares supuestos. Habrá que usar la imaginación.
–¿Por qué no dice nada? Es porque piensa que al salir de aquí no le va a quedar otro remedio que volver a lo mismo.
–¡¡¡No!!! Yo hago lo que yo quiero. En esto soy culpable porque decidí que fuera así. No tengo por qué ensuciar a gente que me quiso dar una mano cuando yo estaba mal.
–¿Ayudarlo? ¿De una manera ilegal? ¿Estar en la cárcel fue la ayuda que le dieron?
–Ellos no me enviaron a la cárcel, a la cárcel vine porque tuve mala suerte. Yo les fui a pedir que me vendieran y encima fiado.
–O sea que usted está debiendo la marihuana que le incautaron.
–Sí, la estoy debiendo toda.
–¿Su vida vale poco por eso?
–No, vale lo mismo que valía antes.
–Pero debiéndole a los narcotraficantes grandes lo que usted les debe, no creo que valga mucho su vida.
–Yo no sé por qué se piensa eso. Se dicen tantas cosas. Quisiera que me dijeran cuántas personas muertas hay por los narcotraficantes.
–Eso nunca llega a saberse.
–Le puedo asegurar que de la gente que conozco, de los traficantes que conozco, no es como se piensa.
–¿Son solidarios los narcotraficantes?
–¿Si son solidarios?, sumamente solidarios. Cuando yo andaba buscando algo que me salvara de una situación económica terrible, les pedí una mano y me la dieron. Ellos tienen conocimiento del Uruguay. Saben cómo me muevo, que soy una persona leal, que no soy cagador, que soy una persona de trabajo, que no soy «batidor» ni lo voy a ser nunca en mi vida.
–Eso es lo que le asegura el pasaporte para seguir viviendo y operando con ellos en un futuro.
–Si yo le pregunto a usted cómo hace para conseguir una información no me lo va a decir. Es secreto de profesión, pero la mía es una profesión ilegal. Difícil comparar la mía y la suya.
–Usted silencia lo que sabe por un código de omertá que hay entre quienes operan en negocios ilegales.
–No soy batidor, no por miedo a lo que me vaya a pasar. No soy batidor porque no me crié así. Es mi forma de ser: no batir. Si el día de mañana salgo a ganarme mi dinero me va a gustar ganármelo sin hacer daño a nadie.
–El dinero que usted puede haber ganado o ganó con la droga le hace daño a mucha gente
–Pero es que yo (se exaspera) no le obligo a nadie a consumir drogas. A la persona a quien yo le vendía tampoco estaba obligada a comprármela. Yo no conozco a nadie que obligue a otro a comprar drogas
–¿Usted sabe cómo entra mucha gente joven en la droga?
–Sí.
–Usted tiene dos hijas jóvenes. ¿Le gustaría que alguna de ellas fuera adicta?
–No me gustaría que fuera adicta, pero de eso nos encargamos la madre y yo. De darle educación. Mi hija no es drogadicta y tiene 25 años. Es estudiante de Medicina, va a ser madre y tiene una conducta intachable.
–Usted sabe, por más que argumente, que es parte de un negocio ilegal que lleva el dolor y la muerte a muchos hogares.
–Soy parte de una sociedad también. Veo la sociedad cómo está. Veo a mi gente que pasa hambre. Veo gente en accidentes de tránsito alcoholizada. Veo a esos padres que le dan el auto y plata a su hijo para que manejen borrachos, siendo asesinos en un volante.
–¿Le parece que llevando drogas a la sociedad está mejorándola?
–Yo no llevo drogas a la sociedad.
–No las lleva directamente, pero sí es parte del tránsito hasta el consumidor.
–Soy parte del negocio. Pero ¿qué negocio es bueno o malo?
–El que está dentro de la ley es el legal e ilegal el que no.
–Pero eso, ¿quién lo decide?
–¿No lo deciden los políticos a los cuales usted llama y de quienes tiene sus números telefónicos? ¿Los que aparecen en su agenda son los que hacen las leyes?
–Sí, es cierto, pero muchos de los que no aparecen en mi agenda y que estuvieron como yo, presos, también las hacen. Pero ¿es justicia que la gente pase hambre, que no haya trabajo, que un maestro gane lo que gana?
–¿Es justicia que en un hogar se introduzca la droga?
–En un hogar se introduce la droga porque esa persona del hogar la quiso introducir. No porque el traficante golpee la puerta y le diga: «aquí está la droga»; El traficante no publicita la droga. Nunca vi que encarcelaran a los dueños de Jhonny Walker porque la gente se alcoholiza con el whisky o porque fuma cigarrillos, que también son drogas
–¿Usted le proporcionó una pastilla de éxtasis a un alto oficial de la Marina para que hiciera un procedimiento en el parador «La Morocha»?
–No, no es cierto. Los vínculos que yo tenía con oficiales de Prefectura son los que tiene todo aquel que tiene un negocio en su jurisdicción.
–¿Almorzaba y se reunía con jefes de Policía?
–No, para nada. Tuve amistad con Daoiz Jaurena y con Miguel Angel Galán. Jaurena fue al cumpleaños de 15 de mi hija, pero con ambos nos conocemos de toda la vida.
–¿Hay algún aspecto más que quiera adelantar de su futuro libro?
–Espere a enero que salga el libro. Me dirijo a ustedes, los periodistas, que antes de malinformar a la gente se instruyan y publiquen la verdad. Y lo que le pido es que publique sólo las cosas que yo le digo en esta entrevista. El narcotráfico es un medio de vida y ustedes tendrían que conocer cosas que yo conozco para poder hablar con propiedad.
–¿Por qué no me cuenta esas cosas que dice que no sabemos los periodistas?
–Porque si no se perdería la esencia del libro (concluye esbozando una sonrisa). *
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